Enfriado, de planeta en planeta, plantado sin planes, como el menos principal de los príncipes, conociendo a desconocidos y perdiéndome a mí en el desconocimiento. Píntame una pinta de cerveza y te presento a mi Mr. Hyde (Park). Así pasó hasta que me bien perdí malamente en ese laberinto con minotauros robados de la Plaza de las ventas (que por entonces ya estaba en renta y posiblemente iba a cambiar su nombre por el de Plaza McDonalds o Plaza Hewelett Packard). Y el fulano que veía en los espejos era un total extraño. Añoro cuando me reconocía. Ahora, con 100 kilos propios encima, esos al menos se pueden quitar, con algo de voluntad, ojalá se fueran como volutas de humo, trato de retomar abstemiamente el camino que me lleve a estar bien conmigo. Nunca en domingo dijo la griega, y yo me empiezo a tomar mis grajeas para poder dormir.
A veces el espejo nos desconoce.. o ¿será que nosotros desconocemos ese reflejo?….¿será que no somos la misma persona o solo es que necesitamos colirio en los ojos pintados de desazón y de pesares?….
como dices… hay cosas tristes, tristes… una, es perder a alguien que se ama… otra… perderse a uno mismo entre los ayeres, el presente y la rutina de lo cotidiano…
saludos cornflexionados y concienzudos…