De repente fue despertar.
Sonó la alarma del reloj como ha sonado siempre, sólo que ahora costaba más trabajo levantarse. Noches de insomnio debido a pensamientos recurrentes, preocupaciones laborales y existenciales, salud y conflictos en la oficina.
Jornadas de trabajo de casi doce horas, sin ser velador o vigilante, simplemente un obrero de cuello blanco, aunque ahora, con la informalidad de la falsa igualdad entre la gente, son obreros de camiseta de marca.
Años y años y todo bajo dominio. Horarios fijos, a veces horas extras pero sólo de vez en cuando. Ahora las jornadas extendidas, el trabajo que te persigue hasta cuando estás descansando o cagando, es lo común, es el diario. Los ‘gadgets’ que te encadenan, te los vendieron haciéndote pensar en la comodidad de estar siempre alerta. Pobre pendejo, esclavo gustoso. Al carajo olvido se fueron las leyes y los recuerdos de los mártires que dieron su vida por leyes que protegían a los empelados. No falta mucho para que la mano de obra sean de nuevo los niños explotados.
Es cosa de todos los días, de todos lados. Los tercermundistas micos del amo imperial, creen que lo que sale en las películas es primer mundo. Que dar la existencia en el trabajo es vivir. Olvidaron que el trabajo es el medio, no el fin. Que estar siempre preocupado, estresado es ser un éxito en la vida. Que todo se hace para tragarse un jodido café en el Starbucks. Eso es el éxito.
No es un manifiesto lo que busco, simplemente trato de plasmar en palabras el abrupto despertar a una realidad. Es como si un arcángel de flamígera espada te expulsara del Paraiso. Ahora eres como los demás, Luzbel caido, el hombre del bombín de Magritte, el Mr. Jones de Dylan. Tocas a las Puertas del Cielo pero no te abren, y no tardarás en olvidar la dirección de San Pedro.
Abriste los ojos, ¿qué pasó? ¿te carcomió la ambición? ¿O será que estés pagando todos los años de buenaventura y por fin eres como los demás? ¿Es este agotamiento, cáncer de preocupaciones y temores el Pan nuestro de Todos los días? Jodida la vida, cuando no hay tiempo para detenerse y oler las rosas.
¡Que cosas!
Despertar y volver a engranarse sin aceite en la gran maquinaria, o morir. El miedo que tenemos de perder la cobija nos obliga a continuar… ¿y si se nos quitara el temor? No, al parecer ya todos viven temiendo y miando.
Despertar y a trabajar, no hay tiempo para pensar. A seguir lo que dictan los imbéciles gurús del neoliberalismo. Trabajar, trabajar, ahora la tecnologíea es maravillosa, todos estamos interconectados en jornadas de 24/7 los 365. ¿Dónde está la maravilla de esa mierda explotadora? Que se los crea su reputa madre, tanto estrés, tanta preocupación, tan mala alimentación sólo conduce a enfermedades cardiovasculares y a males del estómago. No son pocos los que por todo esto sufren sufren infartos antes de los 40.
Despertar y a trabajar. Olvida lo que dije y de nuevo lánzate a la vorágine de la locura macroeconómica. Y Forbres no cambiará mucho su lista. Ya no hay listos, simple bola de borregos encandilados marchando insomnes al matadero, creyendo que estoo es el futuro, el bien que la tecnología ha dejado. Y unos cuantos son los que se benefician de la sangre de tantos, tantísimos.
Deja de pensar, abre tu correo electrónico institucional y ponte los grilletes de la jornada, que tu alma se la has vendido a Satanás sin darte cuenta.
Y todo se olvida con el tsunami de preocupaciones diarias.
El moderno empleado se parece mucho al de finales del siglo XIX, con la única diferencia de que el actual cuenta con Internet.
Cosas de la vida.











