Posts etiquetados ‘soledad’
abril 20, 2012
Ella era el horario de oficina, él era la eternidad. A pesar de sus purezas cristalinas, no tenían nada de que hablar.
Ella siempre tenía prisa, él nunca iba a ningún lado. No me preguntes cómo ni cuándo, pero sé que terminaron juntos.
Ella soñaba contando, él contaba sus sueños. Como siempre, la rutina terminó haciendo trizas el velo del misterio.
Ella ganaba mucho dinero, él gastaba más de la cuenta. Para ejercer presión sobre él, ella lo obligó a pagar la renta.
Ella trataba de cuidar su organismo, él empezó a perder el sentido.
Ella se fue con alguien con un futuro sólido, él se quedó durmiendo muy solo.
Ahora sabemos que el amor engaña, y nos hace alabar cosas extrañas. Poco es claro cuando estamos enamorados, y a veces es muy tarde cuando queremos rectificarlo.
Ella murió de úlcera y de cáncer, él murió de frío y de hambre. Nadie sabe en dónde están sepultados, pero todos los conocen como los amantes equivocados.

Amantes equivocados
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De amor escuché una triste historia
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noviembre 26, 2011
A la que conocí en un bar, todo a media luz, bebimos seis tequilas, palabras en alud, cuando desperté y la vi a mi lado, incluso pensé que me la habían cambiado.
A la que conocí en la disco, dijo que quería todo conmigo, aunque no me gusta bailar, en toda la noche no paramos de girar, a la mañana siguiente amanecí mareado, sentí que caminamos mucho sin llegar a ningún lado.
A la del restaurante, la creí buena persona, con su cara linda y su bolsa oscura, me dejó pagar la cuenta y me benefició con la duda, de ella no tengo queja pues resultó ser muy franca, por eso cuando me dejó regresé a las vacas flacas.
A la que conocí en el café le regalé 13 cigarros, cuando salimos de ahí, teníamos los ojos ahumados, con tanta tos no hicimos demasiado y entonces decidí dejar de buscar en los antros.
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agosto 1, 2009
De vuelta al silencio, al agujero blanco. Al vacío, a la banda de los niños perdidos, a la culpa injusta, al olvido y al vacío, a la desesperanza, a ser un quijote sin cruzada y un dolorido sin causa ni cruz; a leer sin parar y sin volverme lo suficientemente loco para no acordarme. De vuelta a imaginar lo que nunca será, pero ahora lo imaginaré sin ti. De vuelta a escribir palabras con fantasmas, a soñar recuerdos ficticios, a caminar sin sentido, a observar sin involucrarme, a ser el testigo indiferente que colgó de nuevo su protagonismo en una pared. De vuelta al descuido y a la respiración mecánica, a mendigar minutos entre los amigos. Como Sansón saliendo sin ojos de la peluquería, tratando de recordar qué tan brillante es el sol. De vuelta a frecuentar a las hermanas de la caridad, a acariciar el aire, a pagar impuestos existenciales y a dormir de más. De espaldas a todo, de vuelta a la nada.
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junio 3, 2009
“Ningún día es soleado aunque no haya ninguna nube en el cielo”, pensando en esta frase ambigua danzaba el Gordo Cupido Fracasado cuidando de que no se le cayeran sus gafas de grueso armazón. Iba desnudo por el parque y saltando sobre un solo pie gritaba: “¡Albricias!, ¡albricias!” Yo pensaba en quitarme ese maldito blanco de mi mente para poder decirte algo. Un individuo, tan negro como la mayoría de las consciencias, y tan estúpido como la mayoría, intentaba correr con sus pantalones bajados a la altura de sus tobillos. Un beso flotaba en el aire, pero no encontraba labios en dónde posarse y se pasó de largo. “Un recuerdo poderoso es lo único que se requiere para amedrentar tu presente”, ese es el dogma de la Eterna Novia Amarilla. En una banca estaba sentado el Anciano Prematuro aterrorizado por la idea de envejecer y hacia él se aproximaba el Muerto cuya obsesión es la muerte. Yo intentaba decirte cualquier cosa, por simple que ésta fuera, pero no se me ocurría nada. El Mendigo De Afecto seguía solicitando limosnas de amor, ahora estaba enamorado de un perro que había lamido su saco. Más de una persona se identificaba con el Mendigo. La Dulce Figura que conquistaba corazones sin esfuerzo intentó decirme algo al oído. ¿Sería algo importante? Jamás lo sabré, yo continuaba preso en la habitación mental en donde creía que estaban las palabras que te tenía que decir. El Gordo Cupido Fracasado comenzaba a darse cuenta que no es bueno del todo (y quizá en absoluto, como pensaría más tarde) mezclar los negocios con lo más profundo de tu persona. Tras este descubrimiento cambió de pie para sus saltos y comenzó a gritar: “¡Maldición!, ¡maldición!” Aquí puedes encontrar el perdón de Dios, de tus padres, hermanos, hermanas, amigos, enemigos, vecinos, jefes, empleados, seres despechados, amantes suegras, cuñadas, carceleros, reyes, envenenados, jueces, acusados y parientes, pero jamás encontrarás el perdón del tiempo. Cuando por fin se me ocurrió algo qué decirte noté que tú, con todo y tu Dulce Figura, te habías ya ido.
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abril 16, 2009
La dolorosa ausencia tiene dos ropajes favoritos, que usa cuando visita a sus víctimas (quienes curiosamente suelen ser las mismas): el de cualquier noche y el de domingo por la tarde. Cuando la dolorosa ausencia se viste de domingo por la tarde, hace que el tiempo se sienta inútil y que la espera sea amarga, todo a pesar del sol. Pero tiene una promesa: la rutina próxima del lunes. Cuando la dolorosa ausencia se viste de noche, ataca a sus víctimas con mayor virulencia y además les niega la calidez del sol. El tiempo transcurre lento y su promesa es el amanecer. De las dos vestimentas de dolorosa ausencia no prefiero ninguna, además tengo mis fórmulas para eludirla, sin importar sus ropajes. Los domingos por la tarde suelo escaparme físicamente a los sitios donde el tiempo adquiere su dimensión correcta. Cuando se viste de noche, escapo mentalmente a reinos de otras épocas o de otras dimensiones, o mejor construyo mis propios reinos, donde el tiempo adquiere toda dimensión. A veces parece que soy un escapista de la realidad.
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abril 8, 2009
El reloj es el principal testigo de mi espera, a la vez de que es el único que me la hace patente, echándomela baratamente en cara. Por dentro estoy más desesperado que un ciclón salvaje, pero por fuera trato de lucir tranquilo, el mercurio del termómetro lejos del individuo febril. El mono de piedra sólo mueve su cabeza, sonríe a lo que mira y se burla de mi espera; como si no hubiese tenido suficiente con el maldito reloj. Decido ver a la gente caminar sin rumbo fijo, quisiera decir de ellos tantas cosas, pero mejor me callo y miro. Al abrir el diario me encuentro con lo bien surtido que está hoy el mercado de la carne. Me pregunto quiénes están en lo correcto y quiénes son los extraviados. Vuelvo a mirar el reloj y pienso en tu aparente indecisión. Te he esperado desde mi infancia y aún no puedo distinguir tu voz. Para pasar el tiempo he besado otras palabras. Con ello sólo compruebo que eres la indicada. La última vez que te ví íbamos viajando en un tren cercano al infierno. Ambos salimos de allí tranquilamente, yo sin saber nada en concreto, tú con el mapa incorrecto. Han sido muchos pasos hasta llegar ante esta mesa, en donde no sé si para ti soy como humo de cigarro o si soy una especie de estrella, lejano y sólo un débil eco de luz con insuficiente luminosidad. El reloj me dice que aunque no me mueva cada segundo estoy más cerca de ti. Imagino que todo llega a su tiempo, sin importar la ansiedad que te enciende. La caja de música tocó su última tonada y ya no hay nadie más que yo en este lugar. Miro la hora y son mucho más de las dos. Parece que seré testigo de otro amanecer, mientras tú me has regalado otra aparente indecisión sin envoltorio. Regreso a casa, tan solo como salí de ella, pensando en ti, recordando que tu llegada puede ser como la de un ladrón apocalíptico. Entonces estaré preparado tratando de no cometer actos que me tengan que hacer suplicarte. Termino sospechando que el reloj no sirve más que para adornar la pared de la que bien se podría obtener mi lápida.
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marzo 7, 2009
Ella sabe cómo andar entre la multitud, fingiendo demencia, desconociendo a los conocidos, y tú también decides negarla aunque no haya un gallo que cante tres veces. No hay nada por hacer ya que no se puede retroceder el tiempo, no queda más que tragar y aprender, aceptando que todos somos más viejos. Él se queja de haber entregado todo sin recibir nada a cambio. Pero para ser sinceros ella jamás lo obligó para que hiciera eso. No es válido ofrecerse y luego empezar por ello los reclamos y el arrepentimiento; mejor es sacar pecho y aceptar que uno se va haciendo viejo. El tipo del ego gigante, quien respira aplausos decide ignorar que algún día caerá en el olvido; y esto no es ningún error, es simplemente la ley universal del destino. A veces es sutil como una caricia, otras es fuerte como latigazo, pero siempre llega el descubrimiento de que a pesar de nuestros esfuerzos en contra, nos vamos todos haciendo más viejos. Silencioso en una habitación fría, conoces en carne viva el significado del abandono. La felicidad duradera por estos rumbos es demasiado escasa cuando también es escaso el dinero. Si fueses un genio desde tu lámpara podrías pasarte la vida riendo, pero a pesar de eso no evitarías el irte haciendo más viejo. Intentas robar doncellas en tu afiebrada imaginación, intentas montar caballos que ya tienen dueño. Mi corazón está demasiado aturdido, apenas y siento, sólo sé que a cada momento me voy haciendo más viejo.
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febrero 14, 2009
Se dice que tarde o temprano cada persona que conoces se alejará de tu vida, excepto la indicada para ser tu pareja. Todos estamos propensos a ser un recuerdo en potencia y un olvido seguro, eso es lo que me dice la experiencia. Si crees que ella es la persona con quien debes de compartir el resto de tu vida, no esperes más y haz lo posible por estar a su lado. Estos no son pensamientos que me inspira un día lluvioso, ni son hijos de la última ilusión rota, simplemente son cosas que me vienen a la mente, son como ideas que por el aire flotan. El abrazar los vestidos de quien para siempre se ha ido no ocasionará su regreso; tampoco la resignación diaria podrá sepultar los recuerdos. Quisiera presentarte la solución o tan siquiera una fórmula que te permitiera entender la vida; pero ésta es una cruzada tan personal, como solitario resulta el verdadero camino a la conquista de lo que debe ser la vida. No todo son lágrimas en este valle, no sólo hay casas de amargura en tu calle. No todo es gris o negro en el panorama, pero nada te garantiza que habrá un mañana. Dos personas solitarias son como el peor desierto, el abandono compartido bajo el mismo techo, en la misma casa. Quien en una relación entrega realmente todo, tarde o temprano termina teniendo la nada. Estas palabras no las aprendí en la escuela de ciencias, son sólo cosas que me dice la experiencia.
Escrito en Uncategorized | Etiquetado añorar, búsqueda, camino, compañía, desencuentros, encuantros y desencuentros, encuentros, existencia, existir, ilusión, Lo dice la experiencia, mala relación, mobtomas, olvido, pareja, pensamiento, perder la cabeza, querer mucho a alguien, recuerdo, separación, soledad, vida | 4 Comentarios »
septiembre 27, 2008
El llanero solitario tenía a su indio y posiblemente un gran parásito en las tripas. El indio se llamaba Toro, o Tonto, o igual era las dos cosas. Dicen que el quijote tenía a su Sancho Panza, con prominente barriga según lo pintan. No importa que ambos lacayos supieran que sus jefes estaban locos, lo importante era hacerse compañía para conversar. Yo he ido a algunas partes pero me tengo que guardar las conversaciones o escribirlas, como lo hago ahora, porque no tengo escudero, excusa, disculpa, ni perro que me ladre. París fue un buen lugar, y aunque estuve algunos momentos con un buen alemán que me sirvió de guía y con una mujer más buena que el alemán, estuve realmente solo, como lo he estado siempre que viajo. Lo que pudiera preocupar es que quizás ya me acostumbré a la compañía mía que sólo yo me proporciono, y por eso ya ni siquiera puedo tener amistades esporádicas. Esto es preocupante por un pequeño detalle: estoy comenzando a aburrirme de mí. Todo iba bien mientras me sentía una persona interesante. Las lecturas me distraían gratamente y las películas eran valiosas fugas momentáneas. Ahora ya no hay autores que me sorprendan como antes (y no creo haber leído tanto como pudiera pensarse) y las películas me parecen variaciones del mismo guión. Por otro lado, parece que al fin me conocí y con eso perdí mi capacidad de sorpresa. ¡Está bien! Si tuviera un Tonto o un Sancho Panza, una Julieta o una Otela, las cosas podrían ser peor, estaríamos dos a disgusto en vez de sólo uno. ¿Para qué buscar ya un socio o una compañera?, ¿para conseguir un chivo expiatorio que lave mis frustraciones?, ¿para tener a quien poder recriminar por teléfono?, ¿para competir con alguien y descubrir quién tiene el grito más elevado del vecindario?, ¿alguien para medir fuerzas y voluntades y saber qué tanto podemos aguantar antes de de caer en la violencia verbal y luego en la física? Hay que tener cuidado porque el egoísmo prolongado puede ocasionar la pérdida de la capacidad de amar. Otro problema es que cada vez me produce más pereza conocer a alguien (para lo que sea). Ya no se me ocurre qué decir después del primer “hola”. Y la verdad eso me tiene sin cuidado. ¿Me convertí en lo que temía? Pavor me daba ser un materialista aislado del mundo, centrado en sus posesiones más que en sus posiciones. No, realmente no soy el Jeckyl de ese Hyde (igual soy el Hyde del Jeckyl). No soy tan materialista, sólo un comodino indolente que se queja en su pasividad, pero que no quiere ya dar ningún paso. Me la paso pasando en el juego de la vida. Aún podría despertar de nuevo, reinventarme otra vez, aunque no estoy convencido de ello, pero ya también me cansé de estar dormido. No hay sangre ni vino que puedan redimirme de este tedio, no hay cielo ni infierno que me motiven o asusten. Es el vacío con todo, o la nada llena, da igual. ¿Dónde estamos ahora? ¿Qué sigue? Ya ni la curiosidad me alienta. Mi voz suena cansada. Hay cada vez menos qué decir. Me creí hasta mis mentiras y ahora ya no puedo creer. No puedo dejar de pensar en Dios, pero ¿hasta cuándo se mantendrán apilados los guijarros de mi fe? Esto me recuerda a la estación de trenes de Torreón, pero con la diferencia que entonces conocía la hora aproximada en la que llegaría el último tren. Bien, tengo el boleto en la mano, por lo menos eso creo, veamos qué tan lejos llega mi paciencia. El cielo comienza a nublarse, iré a protegerme antes de que empiece la tormenta. ¿Cuánto tardará en llegar el tren? Si ves en los clasificados un anuncio que solicite Toros, Tontos o Sanchos, no lo respondas, lo más seguro es que se trate de un potencial ladrón de tu tiempo.
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junio 11, 2008
Ayer la esperanza de muchos colores, hoy la resignación en un solo tono de gris, mucho pudo ser, el destino prometía, pero a la larga nada se cumplió. Tu voz solía encantar a mil serpientes que en ensueños creían correr, pero el encanto se acaba y tarde o temprano se descubre la verdad. Ayer tu cariño era un sol, hoy sólo queda un témpano de invierno, tan aturdido estoy que no distingo la derecha de la torcida. Igual estoy pagando un error de otra vida, igual es lo exigido para entrar a algún paraíso sin policías. Tirando la primera piedra escondo la mano y escribo lo que por pudor callamos. Ayer tu conversación, hoy el silencio de cuatro paredes desnudas. Si no pude alcanzar tu amor no quiero conformarme con tu desprecio. Mis manos que solían ser expertas en tocarte hoy se encuentran aturdidas y ateridas. Nada debe lograse a la fuerza, y de entre todo, no debe obligarse a la compañía. Un adiós antes de perderme, mi última oportunidad para que me pidas quedarme. Ayer el esplendor de las estrellas, hoy el simple canto de un gallo, negándome lo que yo mismo me negué. No me gusta vivir de recuerdos, perdido en los laberintos del pasado, y sin embargo no siento tener presente sin ti. Un intento más o si no el último clavo, para empezar la carrera hacia la resignación.
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