Posts etiquetados ‘vejez’

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La Lucha que Algunas Personas Sostienen con el maligno. III y última

marzo 16, 2012

Parte I

Parte II

Parte III

De la casa de la piadosa mujer

Dos días después del exorcismo, el padre Francisco fue a visitar a Dolores al hospital. En ese sitio, trató de consolar a la pobre mujer intentando no mirar directamente hacia el morado y deformado rostro de ella (espectáculo por demás patético, sin mencionar los ojos inyectados de sangre y su brazo izquierdo enyesado) y procurando olvidar la macabra relación que tenía el nombre de esta mujer con sus vivencias actuales.

Dolores aún temblaba de miedo ante la más ligera mención a su esposo; esto sin importar que la habían convencido de que, por el momento, su marido se hallaba tras las rejas y ya nada podía hacerle él desde allí.

“Los primeros golpes fueron por el Bacardí”, rompía a llorar Dolores tratando de detallar su experiencia, “después me golpeó más feo por lo del patio… pero al entrar a la recámara…Ahhhh”, reinició Dolores los sollozos.

Tras hacer hasta lo imposible por reconfortar a la pobre mujer golpeada, el padre Francisco decidió ir a visitar a la ignorante responsable intelectual de la tragedia.

“Arca de la alianza, Bzz, Bzz, Bzz”, se encontraba diciendo Doña Lope cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta de su pequeña vivienda. Al abrirla se encontró cara a cara con el padre Francisco, quién sin esperar a que la anciana dijera ni media palabra entró a la casita y comenzó a responsabilizar a la anciana de todos los sucesos desencadenados tras la quema del viejo y bendito cuadro.

“¡Estás en un error Francisco! Lo que hice fue lo correcto, el diablo estaba en ese cuadro”, le gritó ofendida la vieja.

“¡Gaudencia estás loca!”, respondió el sacerdote mientras sus miradas furibundas pasaban del rostro de la anciana a las mesas, repisas y paredes, en donde entre tanta figura sacra y lámpara votiva no existían espacios libres mayores a un centímetro cuadrado. La atención del sacerdote siempre terminaba siendo atraída misteriosamente por las dos representaciones idénticas, hechas en madera tallada y que medían unos 50 cms. de altura cada una, de la Virgen de las Soluciones Milagrosas que se encontraban sobre la mesa del pequeño comedor.

“Tú la traes en mi contra Francisco”, decía la mujer temblando de ira al sacerdote, “primero me quitaste el catecismo de los niños…”

“Te los quité porque les golpeabas Gaudencia”, la interrumpió Francisco.

“Pues porque la Biblia santísima dice que la letra con sangre entra Francisco”.

“Eso no es lo importante ahora mujer, lo que quiero es que dejes de andarte con tus estupideces de vieja beata de una vez por todas”.

“¡Qué caramba contigo Francisco! Mira que hablarme así a mí, que tanto he hecho por la Santa Iglesia… lo que pasa es que el Diablo te poseyó, eres Mefistófeles y vienes a vengarte porque te saqué de la casa de Dolores”, y mientas gritaba, la anciana agarró la veladora más grande que encontró a su alcance (que por cierto tenía grabada la imagen de San Felipe Mártir) y la arrojó a la cabeza del sacerdote.

“¡Condenada vieja!”, gritó Francisco sumamente molesto y, tras esquivar el proyectil bendito, se lanzó en pos de la anciana que, como rata gorda en momento de naufragio, corrió hacia el comedor de su casa.

“¡AUXILIO! El diablo ha entrado en mi casa, ¡Santa Catalina de Parma [que por cierto es la santa patrona de los que son acusados injustamente] te ordeno que lo saques!, ¡AUXILIO!”, gritaba la mujer mostrando una agilidad que nadie le hubiese atribuido, pero que potencialmente estaba en ese pequeño cuerpo esperando una buena carga de adrenalina para ser liberada.

Gaudencia corría alrededor de la mesa del comedor y arrojaba al suelo todo lo que se encontraba a su paso con el fin de entorpecer el paso de su perseguidor. Así volaron carteles, estampitas, milagritos y rosarios. Imágenes y veladoras que tenían la figura de más santos que aquellos oficialmente registrados en el martirologio. Entre esas imágenes podemos mencionar: la Muerte Santa, el Niño Pinolo, el Padre Con, la Madre Sin, el Arcángel Tino y del Indio Pedro Lorenzo. La anciana corría y gritaba con desesperación:

“¡AUXILIO!, ¡San Tancredo de Pádua [santo patrono de los que son perseguidos en su propia casa, cuyo equivalente hindú es Pravanavna, dios de los que estando en su casa son perseguidos] sálvame de este salvaje!, ¡San Gonzalo Zurcidor [santo patrono de lo que son perseguidos en su propia casa y que corren en o con rumbo al comedor. Su equivalente hindú es Mahavirishni, dios de los que de manera afligida corren en o con rumbo a la parte de la casa-habitación donde se acostumbran consumir los alimentos] líbrame de este loco!”

La persecución fue por un instante seguida por la mirada de un retrato tridimensional y movible (de esos que abren y cierran los ojos dependiendo del sitio en el que el espectador se encuentre) del rostro de un hombre moreno, flaco y barbudo que simulaba ser Cristo crucificado.

“Ay Virgencita del Continente, haz que Armando Ramiro me quiera”, decía la TV encendida en el cuarto de Doña Lope, donde estaba sintonizado un canal que transmitía Telenovelas las 24 horas del día y que en ese momento presentaba una emotiva escena de la afamada historia titulada “María Sarita de los Sueños, favorita de la virgen”.

El clérigo y la anciana corrían y corrían, tan concentrados estaban en su persecución que ninguno se percató del momento en que, debido quizá a tanto movimiento, las cortinas de la sala comenzaron a arder, dando lugar al nacimiento de grandes llamas que velozmente consumieron toda la casa, y que de manera progresiva fueron acorralando a la perseguida y a su perseguidor en la recámara.

Afuera, en la calle, una multitud de curiosos fue haciéndose paulatinamente mayor. De esa multitud, y por extraño que pueda parecer, hubo alguien que dejó de admirar el infernal espectáculo y fue a llamar a los bomberos.

Parte IV.

De lo que se debe escribir para que el autor tenga paz interior.

Hoy el sacerdote Francisco se encuentra internado en el mismo hospital que Dolores. El día que sea dado de alta, el padre Francisco saldrá acompañado de cicatrices que le recordarán el resto de sus días la ardiente experiencia que vivió con Doña Lope en una pequeña y humilde casa. El viejo Justiniano sigue en el templo, contando su vida a quien se deja atrapar. El oficinista barrigudo murió el mes pasado de un ataque al corazón. Dolores vive en su casa con su marido (quién salió pronto de la cárcel) y, como mujer cristiana que acepta su cruz, vive sin emitir ningún tipo de queja sobre su actual, violenta y adulterada situación.

Por último, aunque el tamalero sigue vendiendo sus productos afuera de las oficinas y cada año sale de vacaciones con su numerosa familia a Acapulco, él ya no tiene a quién saludar por las mañanas durante su camino hacia las mentadas oficinas, pues Doña Lope se encuentra sosteniendo jugosas e inacabables conversaciones, con ángeles y demonios por igual, no en el purgatorio, sino en un manicomio de la populosa ciudad que la vio nacer. Así es como terminan las luchas que algunas personas sostienen con el Maligno.

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Despacio que voy de prisa

octubre 21, 2011

Wild Bill Hickok, famoso pistolero del viejo Oeste (¿o aquél?) tenía 39 años cuando murió. Era un hombre viejo para su época, y sinceramente creo que viejo para cualquier época. Supongo que Bill estaba cansado de vivir, de ser retado por cualquier pelmazo que tuviera un incipiente bigote y una bravuconería juvenil que quiere tragarse el mundo de un bocado. Creo que Wild Bill estaba de algún modo deseando la muerte, por eso aceptó sentarse de espaldas a la puerta (cosa que por costumbre jamás hacía) ese agosto de 1876.
En mi caminata matutina por el parque citadino pensé en eso cuando de frente a mí vi trotar a una especie de momia animada. El tipo tendría unos 70 y pico de años, bien vividos, o quizá tendría 52 muy desgastados, ya no se sabe; soy malo para calcular edades (y realmente querida me importa un bledo). El hombre trotaba con dificultad. El esfuerzo se reflejaba en su rostro de tortuga con lentes de grueso caparazón. Calvo en la mayor parte de su cráneo, con dos o tres pelos canosos cerca de las orejas, el viejom resoplaba como elefante moribundo atascado en un cráter de la luna (ajáaaa, no he ido a la luna, pero seguro así suena un paquidermo en tal situación). El hombre no podía mover bien los brazos, que llevaba doblados y con los codos pegados a sus costados. PUFF PUFF expelía y no tenía ni fuerzas para levantar la vista del suelo. Vestía una camiseta de algodón -ropa interior superior- y unos shorts negros, calcetas largas y oscuras que le llegaban casi a la rodilla, y zapatos deportivos oscuros; parecía el uniforme de alguna selección europea de futbol (no recuerdo si Alemania o Inglaterra).
PUF PUF PUFando el hombre, se siguió de largo, trotando, y yo continué en dirección contraria, pendejeando.
Y me dejó pensando. ¿Por qué esforzarse en trotar, si pierde tanto el porte y la compostura? ¿Por qué no mejor caminar, con elegancia y sin andar dejando el desgastado trasero por el camino? Supongo que eso le sería más estético para su edad, pero si supiera de estética estaría yo trabajando en Herpe’s Bazaar. La gente cree que correr es más saludable que caminar. Yo lo dudo. Correr significa más desgaste, termina jodiendo el corazón, o de menos las rodillas. Pero seguro me dirán que estoy equivocado. Puede ser, pero mi temor medieval no me lo quita nadie. Mi teoría es que igual mueren, a edades similares, los fumadores empedernidos que los deportistas de alto rendimiento. Aunque seguro se mueren antes los atletas de alto rendimiento que además son fumadores empedernidos.
Lo principal, ¿cuál es la prisa? ¿Qué caso tiene correr? Roma ha seguido ahí, e incluso hay más caminos para llegar a ella. No por correr se vive más (en cualquier sentido que se quiera tomar la frase). Está bien, mejor me silencio y respeto a los que encuentran placer corriendo. Pensé en que debería yo sentarme de espaldas a la puerta en algún Saloon, aunque ya tengo más de 39 años.

Al final de mi trayecto me volví a encontrar al viejo pufante, esta vez él iba caminando, no por elegancia, sino porque de plano ya apenas podía con su alma. En sus ojos noté el agotamiento, pero también la satisfacción de haber cumplido con su rutina del día, sudando y exigiendo ese extra a esa ruina que lleva por cuerpo. No pain no gain (masoquismo excelso). Y pensé que aunque no comparto su mentalidad, sí debo respetarla y admirar el valor que tiene para sacarla adelante. En fin, si sigo yendo a ese lugar a caminar, seguro me lo encontraré hasta que uno de los dos deje este valle de lágrimas, igual soy yo el que parte primero de aquí.

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Envejecer

junio 7, 2011

Ella sabe cómo andar entre la multitud, fingiendo demencia, desconociendo a los conocidos; y tú también decides negarla aunque no haya un gallo que cante tres veces. No hay nada por hacer, pues no se puede retroceder el tiempo, no queda más que tragar y aprender, aceptando que todos somos más viejos. Él se queja de haber entregado todo sin recibir nada a cambio. Pero para ser sinceros ella jamás lo obligó a que hiciera eso. No se vale ofrecer todo y luego empezar por a reclamar abusos y llorar arrepentimientos; mejor es sacar pecho y aceptar que uno se va haciendo viejo. El tipo del ego gigante, quien respira aplausos, decide ignorar que algún día caerá en el olvido; y esto no es ningún error, es simplemente la ley universal del destino. A veces es sutil como una caricia, otras es fuerte como latigazo, pero siempre llega el descubrimiento de que a pesar de lo que hagamos por contrarrestarlo, nos va carcomiendo el tiempo. Silencioso en una habitación fría, conoces en carne viva el significado del abandono. La felicidad duradera es demasiado escasa por estos rumbos, y ahora que lo pienso también es escaso el dinero. Si fueses un genio desde tu lámpara podrías pasarte la vida riendo, pero a pesar de eso no evitarías el irte haciendo más viejo. Tratas de robar doncellas en tu afiebrada imaginación, intentas montar caballos que ya tienen dueño. En realidad no me importa lo que hagas, mi corazón está demasiado aturdido; apenas y siento. Sólo sé que a cada momento me voy haciendo más viejo.

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La Madonna vieja

agosto 24, 2010

Rojo. Una madonna vieja en un auto nuevo. Yo en el otoño que se despide del puerto existencial sin fiesta ni jolgorio. Invierno a la vuelta de la esquina. Margaritas deshojadas y el piso no está cubierto de pétalos, más parecen cascarones rotos. El homelette (los huevos que rompió Hamlet en lo que decidía ser) cobró víctimas. Cruces que parecieron buenas en su momento terminaron siendo inservibles. El que no vive para servir no sirve para vivir (quizás es el lema profesional de los meseros, pero ni ellos le hacen caso). La madonna vieja lleva prisa. No me burlo, ella puede pensar de mí que soy un Juan Bautista con la cabeza puesta sin sentido y sin batuta. A estas alturas no sé si es la indiferencia y la indolencia las que hacen que no duelan tanto las caídas. Sólo se tienen dos mejillas y dejar que te las abofeteen después de las siete veces setenta y siete ya es demasiado. La vida no debe ser un cuadrilátero de box. La madonna vieja rebasa mi auto y yo despierto ante la desaparición de la luz roja que me impedía avanzar.

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Conocí a mi verdadero amor…

marzo 13, 2010

Dicen que la verdad estuvo en belén alguna vez, ¿si ya no está allí por qué no buscarla donde ahora se encuentra? Yo conocí a mi verdadero amor en una funeraria, y entonces noté que siempre llego tarde, hasta para encontrar pareja. Todos jugamos a soñar y terminamos soñando que vivimos, ambicionamos quimera y atesoramos sin medida las monedas. Al final todo es oscuridad y, según dicen, despertamos, pero de eso nadie está seguro porque de allí nadie ha regresado. Yo tenía prisa por muchas cosas, y el tiempo me sorprendió vacío; en el ayer quedaron las rosas, la alegría, las mujeres y el vino. Hoy ya nadie me cree capaz de nada, soy completamente inofensivo; un anciano en muy poco se diferencia del recién nacido. Las tareas afanosas terminan siendo nada cuando la vida llega a su término; las cartas y las promesas de amor suelen ser lo que se marchita primero. Sólo me acompañó la costumbre en los últimos días de mi vida, al menos es lo que medio recuerda mi memoria perdida. Supongo que la verdadera verdad nos será revelada, pocos momentos después de que ‘efectuemos el último suspiro’. Yo conocí a mi amor verdadero en una funeraria, llegando tarde hasta para encontrar el afecto. De nada sirvió creer que algo podría cambiar, de nada sirvió luchar por cambiar ese algo; todo pareció una ocupación obligada para rellenar los huecos hasta el final no anunciado. Aprendí a conducir un auto, que ahora no me lleva a ningún lado. Aprendí muchos idiomas que hoy me sirven para un carajo. Con nada llegué y nada me llevo, pero lo que más me duele es haber conocido a mi amor verdadero en una funeraria.

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Sola

octubre 14, 2009

Extraña manera de esperar el momento. Sentada con sus ochentaytantos años repartidos en sus posaderas (cuarentaypico en cada glúteo). Mirando al infinito. Sola en la mesa ante una taza de café. Junto al suyo hay otro mantel con cubiertos. ¿Espera a alguien más y no sólo al momento final? Es un café de segunda, de esos que pertenecen a cadenas de supermercados. Ella intenta disimular su edad con el cabello teñido de un tono tan oscuro como el de ningún cabello natural. Sus gafas son de grueso armazón y con lentes que parecen robados a un gran telescopio. Huele a muchos años, por más que intente disimularlo con perfume intenso. Huele a últimos días. Es curioso cómo la vida desperdiciada y la vida bien aprovechada huelen igual a esta edad. Probablemente está recordando un amor vivido o imaginado,  estas alturas ya todo resulta lo mismo. Todo se confunde. Espera sin esperar y sin embargo tiene miedo de dar el paso final. ¿Será el miedo a lo desconocido? Esos temblores nerviosos y esos achaques la tienen harta. Pero ha aguantado tanto que siente que ya no vale la pena apresurar nada. Algunas veces pensó que la vida termina y uno es olvidado tarde o temprano. Ahora sabe que para ser olvidado no es necesario morir, sólo basta vivir lo suficiente. Le gustaría morir en su cama, durmiendo; y le da pavor perecer en un lugar público, como este café, o en la calle. Piensa en eso mientras le da un sorbo a su bebida, ahora tan fría como su corazón. Si tuviera mucho dinero igual y sería atractiva para algún joven, pero apenas tiene para ir al día y suprimir a medias sus carencias. ¿Quién irá a su funeral? ¿Sus nietos y bisnietos?, ¿los pocos hijos que le quedan vivos? Irá el que se sienta comprometido, nadie irá porque la quiera, si la quisieran no la dejarían tan sola. Y sola la dejaré también, perdida en su olvido.

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Pesa mucho envejecer

septiembre 27, 2009

Pirarse con pirotécnicas sin técnica alguna, agotamiento de ideas y ningún elixir capaz de devolver lo perdido. El tiempo es un ladrón que se lleva todo y te deja experiencia, que nunca es suficiente, quizás lo sea… hasta el último momento, para cuando ya de nada te sirve. No hay sustancia que me haga ver lo que antes veía y ahora incluso mis ojos se han debilitado. No es negocio envejecer. Ponce de León tiene una fuente de la que él tampoco tomó. Louis y Lestat se mueren de aburrimiento en Nueva Orleáns, igual también me aburriría como ellos. Shakespeare y Cervantes se ríen con carcajadas desdentadas de la inmortalidad, porque resulta muy inmoral. La curva del tiempo va a terminar por hacer parabólica mi espalda. Y de eso Jesús no dijo nada, calló discretamente, como Sherezada. Tengo miedo de vivir confundiendo al 100% la realidad con la imaginación. Sigo caminando pero voy a la mitad de la velocidad en que solía hacerlo. No quiero vivir por siempre, pues pesa mucho envejecer.

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Curiosidades

septiembre 22, 2009

Es curioso que las canciones más tristes y trágicas son las que más gustan a la gente. Curioso resulta olvidar las felicidades que nos han pasado recientemente, o bien magnificarlas conforme pasa el tiempo. A la tristeza le pasa lo contrario, pues siempre en el presente es inmensa y se va haciendo pequeña conforme transcurren los años. Curioso es el pensamiento acerca de la belleza física, que cuando se tiene se le considera eterna, siendo tan efímera, y cuando se pierde es cuando se le empieza a valorar. Lo mismo le pasa a la juventud. Extraño es que si un grupo de personas lucha por un fin común, si esa lucha dura demasiado el grupo se dividirá, aunque cada fracción siga pugnando por la causa original. Curioso es que se le llame sentido común a esa lógica básica que es tan infrecuente en la gente. Extraño es que muchas personas piensen que el día de su boda es el día más feliz de su vida, siendo que lejos de ser una meta, es apenas el principio de algo. Si los que piensan que la boda es el día más feliz de su vida fueran coherentes consigo mismos, entonces se suicidarían al terminar la luna de miel. Es raro que a pesar de ser todos tan iguales, nos sigamos empeñando en creer que somos totalmente distintos, que siendo tan distintos nos empecinemos en declararnos iguales, y que las mayores penas no son las de los demás sino las que a nosotros aquejan. Es curioso que aun sabiéndonos tan imperfectos creamos que Dios es perfecto, o que tengamos el descaro de decir que nos hizo a su imagen y semejanza. Es extraño que entre más viejos somos, más apego le encontramos a la vida. Es raro que quien se autoproclama sabio resulte en realidad ser un gran idiota. Es raro que se me ocurra todo esto de la nada y que seguramente lo olvidaré mañana.

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Ocaso

abril 15, 2009

Mis botas de viajero ya están muy desgastadas. Recorrí el mundo sin encontrar lo que buscaba. Sólo descubrí que pese a los colores, las costumbres y los idiomas, todos somos iguales… en el fondo. Los paisajes pueden cambiar, escenarios fuera de los teatros artificiales. En algunos lugares hace más calor que en otros. Pero las personas somos en el fondo iguales, sin importar en dónde estemos. Me alejé de la casa de mi padre con soberbia. Hasta hice perdidas las llaves. Pasaron muchos años y me encuentro de nuevo tocando a su puerta. Ahora está cerrada, ¡qué extraño!, él dijo que siempre estaría abierta. La reina María me cortó de su corte, argumentando que los años comienzan a oler en mí. Sé muy bien que hubiese olido mejor si mis bolsillos hubieran tenido algo que ofrecerle. En las calles aquellos que se abstenían de clavar sus dagas en mi espalda ahora me han perdido todo el respeto. Alfiletero humano. Imagino que es el pago que tengo que dar por haber satisfecho mi curiosidad. Mis amigos son hoy sólo nombres grabados en piedras que están sembradas en un campo que no suelo visitar. Tengo frío, aun bajo el mediodía del desierto, siento que hasta mi alma se me quedó en otro lugar. Ojalá pudiera decir que estoy arrepentido, pero todo fue bueno mientras duró. Todo tiene su tiempo y yo bebí con demasiada prisa. Lo que me asusta es lo que queda por vivir. Por eso estoy aquí, afuera de la casa de mi padre, para ver si es cierto lo que de él entendí.

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Hacerse viejo

marzo 7, 2009

Ella sabe cómo andar entre la multitud, fingiendo demencia, desconociendo a los conocidos, y tú también decides negarla aunque no haya un gallo que cante tres veces. No hay nada por hacer ya que no se puede retroceder el tiempo, no queda más que tragar y aprender, aceptando que todos somos más viejos. Él se queja de haber entregado todo sin recibir nada a cambio. Pero para ser sinceros ella jamás lo obligó para que hiciera eso. No es válido ofrecerse y luego empezar por ello los reclamos y el arrepentimiento; mejor es sacar pecho y aceptar que uno se va haciendo viejo. El tipo del ego gigante, quien respira aplausos decide ignorar que algún día caerá en el olvido; y esto no es ningún error, es simplemente la ley universal del destino. A veces es sutil como una caricia, otras es fuerte como latigazo, pero siempre llega el descubrimiento de que a pesar de nuestros esfuerzos en contra, nos vamos todos haciendo más viejos. Silencioso en una habitación fría, conoces en carne viva el significado del abandono. La felicidad duradera por estos rumbos es demasiado escasa cuando también es escaso el dinero. Si fueses un genio desde tu lámpara podrías pasarte la vida riendo, pero a pesar de eso no evitarías el irte haciendo más viejo. Intentas robar doncellas en tu afiebrada imaginación, intentas montar caballos que ya tienen dueño. Mi corazón está demasiado aturdido, apenas y siento, sólo sé que a cada momento me voy haciendo más viejo.

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