Y la nave va…

Y la nave va… el poeta delgado, ambiguo y lánguido, deja pasar su juventud soñando, como quijote viviendo en libros. Despierta en otoño y, entonces, como vampiro asesino, asedia a las jovencitas que se divierten con él como si fuera una caricatura. La diva de invierno, volando en glorias, envidiando a aquella que llegó más alto. El último adiós, cenizas al mar, un rinoceronte enamorado, tirado, mientras alguien presume que el amor le hace engordar. Y la nave va… todo sigue su marcha pero sin que haya vuelta, la felicidad es un parpadeo, ay de ti si no la disfrutas a tiempo. Las oportunidades pasan de largo, si las ignoras como la princesa ciega que siempre ve colores en los tonos de tu voz. La rabia sin sentido se disipa, como la tormenta, dejando residuos, ruinas, de lo que pudo llegar a ser esplendor. Una gallina enamorada y un concierto de copas, de cristal. Y la nave va… no fuiste a despedirme al puerto, no te preocupes yo me llevo un arcón lleno de recuerdos dentro del corazón. Sólo lamento que en mi salida no llamé a la enferma, estaba demasiado ocupado pensando en ti. Los horóscopos son ropas de medidas múltiples que le quedan a cualquiera, y la respuesta no está afuera, sino en el interior. Todos somos historias que en su mayoría no son escritas, la vida se vive, no debe ser leída. Y la nave va…

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