El camino de la verdad

“Sus días más oscuros son nuestros días más luminosos”, decía con grandes letras el panfleto impreso en fino papel, que también mostraba a Cristo crucificado en un monte, con dos ladrones a sus lados de la misma forma castigados. Allí mismo otro texto decía que la cruz del calvario está vigente, y que mi cruz también, que soy (y todos lo somos) víctima y responsable del pecado que separa a Dios del hombre. Decía que si me va mal es por mi culpa y que si me va bien debo tener cuidado, porque debo pagar por ello (esto ya me lo había hecho saber el gobierno, antes de que leyera yo el panfleto). Tras esas palabras que buscaban comprometerme por medio del miedo, el panfleto terminaba diciendo que tenía que ir a Dios por mí mismo uniéndome a cierta iglesia (la que imprimía el panfleto, por supuesto). En anotaciones al margen venían citas bíblicas y me citaban también a un encuentro con Cristo, en una esquina aparecía una dirección, fechas y teléfonos. Volví a leer detenidamente el panfleto y en ningún lugar se mencionaba al amor. ¿No sería que el doctor que lo firmaba, y cuyo nombre me sonaba a filibustero embustero, sólo busca de mí el dinero que aún no me quita el gobierno? Si éste es el camino a mi salvación prefiero seguir andando para ver si encuentro otra encrucijada que me convenza.

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