Breve divagación existencial

Con los ojos confundidos por la luz de engañosas religiones, los hermanos siameses se apuñalaban las espaldas. “¿Qué sentido tiene todo esto?”, se decía el cangrejo que avanzaba hacia atrás. Sentido carente en situaciones que de tener rostro serían caras duras, y por esa carencia presumían su dureza. Perdona si ya no puedo regresar a tu rebaño, pero así fue desde que vi que seguían a un viejo lobo disfrazado. El amor pudiera ser deshojar una Margarita, no lo creo, pues la virginidad también es relativa y ¿qué pasa cuando se le acaban los pétalos a la señorita? El hombre exitoso demuestra su triunfo hablando de su exclusivo club de golf, mientras la estrella emergente escribe canciones sinceras. Tras algunos años de aplausos y de discos de oro, terminará anestesiando su tedio en partidas de golf, y sus primeras canciones sonarán lejanas y añejas. Aunque nadie sabe realmente a dónde va, o te mienten diciendo que ignoran que terminarán a algunos metros bajo suelo. La condesa dio su vida por la lucha, que terminó perdiendo cuando murió, ahora de ella sólo queda una estatua de mármol negro y casi nadie recuerda su nombre. Algún día Sócrates será olvidado, si es que alguien más lo recuerda ahora, lo mismo sucederá a Shakespeare y a Cervantes, aunque a ellos les pase después de que todos hayan olvidado a la estrella que hoy juega golf. Al final de qué servirá creer que no seremos olvidados, para qué tantas espaldas apuñaladas y sonrisas fingidas. Lo mejor parece ser salir a mano con esta vida, haciendo algo que realmente llene tu tiempo.
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Guardando imagen

Guardando imagen. Por eso se dicen y se actúan mentiras. Decir “ya no me importas” cuando aún se quiere con intereses más altos que los bancarios y que la tasa de devaluación con posos de café, es mentira. Es mentira decir ya te olvidé, con tal de hacerse el fuerte, fort knox inexpugnable para los ataques apaches, y sin embargo recordar a esa persona hasta en los sueños de los sueños. Palabras sin dueño porque aunque las digo yo, seguro son sacos que cada quien se pondrá a su conveniencia. Quizás tengan para mí un fin, pero sospecho que todo está acabado. Cada quien usará los elementos verbales a su favor, y el destino que se obtenga no sea el buscado por nadie. Decir “estoy superando tu recuerdo” cuando hasta en el juego de memoria se encuentra el retrato sonriente de quien se quiere olvidar, cuando cada esquina trae un momento del pasado, cuando hay pensamientos de esa persona aún en los lugares jamás visitados. Suena a obsesión, pero es una obsesión obesa que pesa en la humanidad. Semilla de libros y obras que ya no se pueden contar, como las estrellas, como los granos de arena.  Parece que su persona se va, pero en realidad se queda. Mentí muchas veces aún en contra mía, queriendo guardar imagen, pero borrándome en su vida.

Todos los autobuses paran aquí

Hay muchas carreteras y un solo destino final. Todos los caminos llevan a todos lados, no sólo a Roma. Todos los autobuses paran aquí. No importa quién seas ni qué hagas, no importan tus maneras, pero mucho importa cuando ignoras que cuando te dicen que no, es no. Vale más aprender lo que significa una negativa que seguir en la necedad. El mundo está lleno de gente, y si encuentras alguien especial no desperdicies la oportunidad. Sólo es cuestión de tiempo, de ese tiempo tan mencionado. Yo sé exactamente en dónde estaba, temprano en la mañana, cuando recién iniciaba noviembre del 2000. Desde entonces viajé a muchos lados y conocí algunas personas nuevas, pero no recuerdo ninguna otra fecha tan precisamente como esa mañana, por la persona que esa mañana conocí. Todos los autobuses paran aquí. Las cosas no suelen salir como uno lo espera, sin embargo, a veces salen mejor y por estar con fijaciones y modelos existenciales uno no es capaz de notarlo. No es bueno desperdiciar el tiempo, ese tiempo tan comentado. Evita el peligro de acabar con lo que tiene futuro, sobre todo evita acabar mal lo que comenzó bien. El mundo es confuso, no es sencillo; por esa razón no tiene sentido complicarlo más. Muchas veces, si las cosas salen bien, lo mejor es dejarte llevar. Por naturaleza uno tiende a flotar en el mar. Todos los autobuses paran aquí. Desperdiciar un encuentro que te regala la Providencia es peor que despreciar un tesoro pirata con muchas monedas de oro. Eso lo dice la Biblia, y lo dice bien, y también el sentido común, que curiosamente es tan raro entre todos nosotros. Conserva la dignidad, trágate el orgullo cuando es momento de ser humilde, de lo contrario sentirás repulsión cada que te mires en el espejo. Lo peor es llegar a un punto en que no te soportes y te pese mucho vivir contigo. Guarda imagen cuando sea necesario, pero no lo hagas con alguien que te quiere de verdad. Los juegos de poder no tienen vencedores cuando hay afecto verdadero en medio. El control sólo debe servir para cambiar canales de Televisión. Toma la carretera que más te convenga y sigue recto, no es aconsejable dar constantemente marcha atrás. Cuando lo dejas ir tontamente, ya ni llorar es bueno. Todos los autobuses paran aquí.

Mejor conservar el misterio

Dios ordenó que se hiciera la luz, y comenzaron los amaneceres, creados para recrearnos y hacernos sentir agradecidos. Pero hubo quien quiso explicarlos, no era suficiente admirarlos. Ahora que sé cómo suceden, creo que hubiera sido mejor conservar el misterio. El viejo mago que durante años cosechó aplausos, accedió por fin, por una buena suma, revelar sus secretos. Ahora sé cómo se esconden conejos y cómo se parte en dos el corazón de una mujer. Preferiría haber seguido asombrado, creo que hubiese sido mejor preservar el misterio. Me dijiste que era todo mejor cuando sólo sospechabas que yo te amaba, preferías un personaje de novela que se la vivía ignorándote y disimulando sus sentimientos. Pero eso para mí no puede estar en un cajón, el amor se nota como la tos. Antes pensaba yo que las películas eran realidades, que me metía en verdad en las vidas que veía. Pero alguien me habló de guionistas, camarógrafos y de directores. Ahora el cine sólo es una pantalla en donde se proyectan imágenes animadas; creo que hubiese sido mejor conservar el misterio. Quise sumergirme hasta el fondo de tu alma, para conocer tus deseos más ocultos. Ofrecerte realidades en una bandeja de plata, esperando que mi boca fuera el único destino de tus besos. Pero en algún momento descubriste que soy otro más, creo que piensas que debí haber conservado el misterio.

Los pordioseros de la belleza – Cinecitta

Están allí, posando. Unos recargados en alguna pared mal simulando casualidad, otros caminan de un lado a otros como si fueran pasando por allí, algunos fuman sensualmente, los hambrientos se alimentan en un puesto callejero y los más osados esperan en la entrada de los estudios, todos de pie. No importa qué hagan, siempre están posando, rezando internamente para ser ‘descubiertos’. Hermosos y malditos en las puertas de los míticos estudios cinematográficos de Cinecitta. Seguramente pasa lo mismo en las puertas de Televisa. Belleza a la venta, en aparadores, como prostitutas callejeras sin empacho ni vergüenza. Aquí se busca el golpe de suerte, no la supervivencia. Es probable que algunos se prostituyan de la manera tradicional. Uno nunca sabe. Todos están muy seguros de su belleza. No sé si alguna estrella haya sido descubierta de esta manera, supongo que sí, de lo contrario no habría madres que aconsejan: “Hijo mío, eres tan hermoso que deberías ir a las puertas de Cinecitta para que te descubra el nuevo Fellini”. Curiosa ilusión, porque es imposible que exista un ‘nuevo Fellini’, como jamás existirá un ‘nuevo Dalí’ o el ‘sustituto de VanGogh’. Allí están, hora tras hora, días tras día, dejando ir su lindura y apostando por su apostura. Pacientemente esperando el golpe de suerte que dé el Knock Out decisivo al destino. Cuando alguien nuevo llega, no importa quién sea, si una persona que va realmente de paso, o un curioso turista que viene a pagar sus respetos a este templo del cine, es de inmediato analizado por el grupo de los hermosos. Pudiera ser otro competidor, pudiera ser quizás un director, el encargado del reparto o un trabajador carpintero que igual y pudiera ayudarlos. En mi caso no era nadie, perdí su atención de inmediato y tras sacar una foto a la fachada, fui completamente ignorado. La naturaleza no fue tan generosa conmigo y allí soy un ave de paso.

Sept 16 2008,

Hotel Dolomiti, Roma. 4 am

Síntomas (no es lo opuesto a “con Tomás”)

Con una caperuza roja andaba, sin saltar, sin cantar, ni el lalalá más simple, pensando que el capitalismo es tan venenoso como el comunismo. El amor a veces cae como una roca que aplasta a coyotes, salida de la nada, desde el cielo. Las secuelas de ese golpe contundente pueden durarte años, probablemente el resto de tu vida, aunque haya quien diga que todo se pierde en el olvido. El tiempo cura, pero el tiempo no siempre es medicinal. Hay medicinas veneno, eso también es cierto. El problema del amor es cuando el objeto de éste es una persona como Jeckill y Hyde, que te ama y que a la vez quiere alejarse, sin importarle mucho la destrucción. Combina eso con el síndrome de Tom y Jerry, así le llamo a las relaciones con muchas emociones violentas, amor apache, que se van tragando, destruyendo a sí mismas poco a poco, y te van minando, hasta que ya no puedes siquiera mantenerte erguido y te importa un bledo que existan siete enanitos que saquen los diamantes de allí. Llega un momento en el que no quieres salir, pero que también es imposible permanecer adentro. Llegas a la cima, a la punta del Everest de las crisis, y de allí, sinceramente no queda otro camino más que tirarse de cabeza al vacío. No me crees, ya verás si te pasa. Ojalá no te pase, eso no se le desea a nadie. La memoria es selectiva, aunque los problemas hayan estado allí desde un principio, el autoengaño te dice que lo bueno siempre ha sido más constante, que por eso te has mantenido en la relación. No es cierto. Eso es lo que crees. Si llevaras un registro verías que el infierno ha estado allí, al igual que el cielo, en todo momento. Lo ideal del asunto es verdadero como el sueño y tan falso como un billete de cuatro dólares, ilegalmente tierno (ilegal tender). Descubrirás que probablemente también eres un ser disfuncional, uno para el otro, supermán y kriptonita queriendo formar una vida juntos. La función debe continuar. Y bailan, como a la fuerza, un vals en el campo minado, viendo cómo vuela un miembro distinto casi a cada paso, pero aferrados a continuar. Ocasionalmente la razón los visita, pero como buenos maleducados la corren arrojándole macetas vacías (y a veces llenas) a la cabeza. No hay contrato, no hay papeles, es ese tipo de uniones en las que se sigue por mera voluntad, más fuertes que un contrato social, aunque muchas veces uno de los dos sienta que ya no quiere seguir, sigue argumentando que hay mucho cariño allí y que no se puede desperdiciar. Me imagino que siempre hay un momento límite, en el que se acepta haberlo perdido TODO y se decide seguir hasta que la muerte los separe o matar de tajo la relación. Nada es sano, porque no fue sano siquiera al empezar. Se desconfía de todo y de todos en ese momento, hasta de uno mismo. Es la confusión inicial del vendado tras las vueltas y los giros en el  juego la gallinita ciega, pero experimentada todos los días, de manera perpetua, sin venda y sin vueltas, más que las de los regresos. O te quedas allí, masoquista de capilla en Iglesia recién inventada o te arrojas, como te dije, al vacío sin paracaídas. Lo más feo es que a estas alturas ya hasta le encontraste buen sabor al sufrimiento, pero a la vez duele insoportablemente. La costumbre es algo más difícil de romper que los principios. Al final el cuento no termina bien porque, como dije, empezó mal.

Un martes 13

La reina del Blues se fue apagando con la noche, mientras que el poeta perdido ya no tuvo por quién escribir. Los héroes de antaño se fueron rindiendo, uno a uno, pavimentando con sus viejas corazas el desnivelado camino. “¿En dónde están los valores?”, preguntó el iluso dormido. “De seguro bien guardados en un banco”, fue lo que respondió el exportador cínico, mientras que alguien se lavaba las manos en la sombra. Nada parecía cobrar dimensiones nuevas, todos estaban bien pagados de sí, las letras cambiaban en las letras de cambio; todas las mentiras eran verdades y las verdades sólo eran falsedades. Lo que estaba arriba, bajó; lo que estaba debajo se hizo a un lado. La credibilidad se mezcló con la desesperanza, y el pelotón de Magdalenas lloraba ignorando una razón de peso. La elefantástica amistad de dos adolescentes huyó cuando se enfrentó a la primera adversidad de la mañana y el cobarde decidió hundirse en el alcohol. Los filósofos se fueron vendiendo poco a poco, ya sólo faltaba que el tiempo se dejara de contar, nadie podía detenerlo y a pesar de la incomodidad, nadie lo quería intentar. “El mundo es de quien sabe vanagloriarse efectivamente de sus bajezas (sin importar que éstas sean ficticias)”, decía la pinta en la gran muralla china (¿dónde más cabría un mensaje tan largo?). Un rayo cruzó el horizonte partiendo en dos el cielo, como si de un gran pastel azul se tratara o Moisés confundiendo el mar con el firmamento. Todos se asustaron de repente, pero al asegurarse que nada pasaba, se encogieron de hombros, nada sanforizados, y retomaron sus actividades habituales. Era martes, era 13, y el tiempo no dejó de contar.