Tres tristes gordos

Tres obesos vestidos a la moda, con prendas que al mirarlas le dicen a cualquiera que a los tres obesos les gusta gastar grandes cantidades de dinero. Tres gordos caminando como elefantes orgullosos. Oliendo a fina loción importada. Tres gordos bronceados por el sol de playas famosas, donde hay hoteles con constelaciones de cinco estrellas. Tres cerditos que llegaron en un auto de lujo último modelo, seguros de sí, seguros de conquistar a cualquier mujer (de menos de las que se desenvuelven en el mismo ambiente que ellos). Tres gordos que parecían manejar diestramente un rico vocabulario de 23 palabras. Tres gordos que estacionaron su auto en un lugar prohibido, exclusivo para discapacitados, porque era el lugar más cercano a su destino. Tres marranos que con déspotas modales tratan a la mujer que les vende cigarros. Tres gordos que se comportan como si fueran los emperadores del mundo, excepto cuando están frente a un puerco más poderoso y adinerado que ellos, al cual servilmente le lamen las suelas de sus zapatos. Tres gordos que en poco tiempo serán completamente olvidados. Tres gordos que nos sirvieron a ti y a mí, a sobrevivir media página. Sólo eso.

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