Las musas de vacaciones

Cuando el frío asola la ciudad, las musas han empacado sus maletas y con boleto en mano se disponen a vacacionar en bellas playas caribeñas, es mejor no atreverse a escribir nada. Pues no importa que vagues como alma en pena y te encuentres con la mujer tuerta que perdió uno de sus azules ojos por delinearse completamente mientras conducía su flamante auto color incendio; tampoco te servirá de nada que te topes con el conductor animal cuyas maneras de actuar podrían llenar diez tomos bajo el título: ‘de la involución de la infraespecie humanoanimal – subnormalidad aplicada a sucesos de la vida diaria’. No importa, pues nada de eso podrás escribir. No tiene caso que tu corazón lamente a gritos su vacío ni que, por el contrario, esté rebosante de satisfacción, pues sin las musas nada te saldrá bien. Si quisieras exponer las injusticias o las cosas que no deben permanecer ocultas, no podrás hacerlo de manera efectiva mientras ellas estén en la playa. Mejor corre hacia el aeropuerto y cuenta cuántos hombres de negocios llegan y se van, para que puedas matar con algo el tiempo en lo que las musas regresan.

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