Noches comunes

La tormenta había liberado las últimas gotas de su furia, el verdor regresó a gobernar los jardines y el médico brujo sentía el anacronismo de su profesión, aunque seguía ganando mucho dinero. Miles de personas sufrían la soledad de la ciudad sin saber cómo matarla. El médico brujo no tenía la cura para ellos, y tampoco el cura podía curarlos. El alcohol corría por las calles húmedas, era otra noche de fuga. Los confusos eran confundidos, los poemas eran poco como para brindar consuelo a todos. Remedios que sólo curan por momentos la enfermedad. Así había sucedido durante siglos, por eso el médico brujo seguía ganando mucho dinero. El verdor no se aprecia bien de noche, me sorprendiste en falta y descubriste que miento; pero sabes muy bien cuándo digo la verdad. Sientes que algo te calma, pero la paz no dura mucho, es tiempo de tu cita con el médico brujo. En tu camino salúdame al fantasma de neón.

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