Pesa mucho envejecer

Pirarse con pirotécnicas sin técnica alguna, agotamiento de ideas y ningún elixir capaz de devolver lo perdido. El tiempo es un ladrón que se lleva todo y te deja experiencia, que nunca es suficiente, quizás lo sea… hasta el último momento, para cuando ya de nada te sirve. No hay sustancia que me haga ver lo que antes veía y ahora incluso mis ojos se han debilitado. No es negocio envejecer. Ponce de León tiene una fuente de la que él tampoco tomó. Louis y Lestat se mueren de aburrimiento en Nueva Orleáns, igual también me aburriría como ellos. Shakespeare y Cervantes se ríen con carcajadas desdentadas de la inmortalidad, porque resulta muy inmoral. La curva del tiempo va a terminar por hacer parabólica mi espalda. Y de eso Jesús no dijo nada, calló discretamente, como Sherezada. Tengo miedo de vivir confundiendo al 100% la realidad con la imaginación. Sigo caminando pero voy a la mitad de la velocidad en que solía hacerlo. No quiero vivir por siempre, pues pesa mucho envejecer.

Generaciones

En un sucio mercado del pulcro Singapur. En el área de comidas. El aire olía a frituras mezcladas con otros alimentos.

Ante una de las muchas mesas de plástico había un viejo. A pesar de su piel, ahora arrugada, llena de pliegos y colgante como el puente primitivo, uno podía notar que ese hombre de canos cabellos, amarillenta piel y ojos rasgados fue un atleta en su juventud. Es muy probable que en la actualidad hiciera ejercicio todos los días, para mantenerse “en forma” y ser de esas raras personas que parecen querer morir de salud.

El hombre miraba hacia ese lejano punto en el que no se puede ver más que lo que uno piensa muy dentro de sí mismo.

En intensa desesperación esperaba. Le preocupaba mucho que lo plantaran, eso se notaba claramente en sus facciones, que se iluminaron como si les diera el sol cuando llegó a su lado una joven que lo besó en la mejilla, más por compromiso que por cariño.

La joven recién llegada se sentó al lado del viejo atleta. Éste estaba tan feliz que de ser un silencioso en espera, pasó a ser un parlanchín acompañado, tan feliz que no notaba el tedio en la cara de la joven, el cual se incrementaba crudamnte al paso de los minutos.

Tras un largo monólogo, el viejo le hacia preguntas que ella contestaba con seca brevedad o con rápidos sonidos guturales. El viejo empezó a notar lo obvio: la chica no compartía su felicidad y entusiasmo por el encuentro, y como pensando que esto la animaría, sacó de una mochila un viejo álbum de fotos.

La joven miró al cielo como si rogara por paciencia y se puso a ver las amarillentas imágenes de las viejas glorias fisicoculturistas de su anciano padre, pues eso es lo que el viejo era.

El hombre le contaba la historia de cada foto, pero al llegar como a la mitad del álbum la chica se puso de pie súbitamente, le dijo algo a su progenitor, señaló los puestos de comida y luego desapareció entre ellos mientras el hombre sonreía con ternura.

El viejo se quedó sólo de nuevo, esperando. Volvió a colocar su mirada en el infinito mientras con una de sus temblorosas manos se acariciaba un brazo, mecánicamente, perdidamente; esperando a su hija, con algo de comida.

Tras veinte minutos el viejo decidió volver de sus lejanos pensamientos y se puso a mirar las fotos que había enseñado a la chica. Vio dos veces todas las imágenes del álbum. Transcurrieron así cuarenta minutos más.

La chica seguramente no iba a regresar con comida.

Dándose cuenta que a uno lo pueden dejar plantado aunque asista la persona que uno espera, el atleta amarillo guardó el álbum en su mochila y con una lágrima corriendo por algunos surcos de su mejilla izquierda se alejó de allí.

Fácil y difícil

Es fácil decir promesas, lo difícil es cumplirlas; es bien sencillo decir ‘para siempre’ y ‘nunca’, tan sencillo como decir cosas bonitas cuando ardes con pasión, a menos que seas Juana de Arco. Lo difícil es seguir siendo tú y mantener vivos tus sueños. Es fácil hacer amigos, lo difícil es conservarlos; es sencillo ver una estrella, pero imposible alcanzarla, pues no es más que el eco luminoso de algo que fue un sol, ahora muerto, desaparecido mucho antes de que se inventaran las mentiras. Es fácil amar y odiar, esos no son más que sentimientos hermanados que seguido experimentamos. Es bien sencillo juzgar y condenar, así como es difícil soportar ser juzgados. Es fácil sentirse casi perfecto, lo difícil viene cuando redescubres los colores de la realidad. Es fácil creer en Dios, lo arduo es tratar de conocerlo; es muy duro aceptar que una divinidad no es de uso personal. Es bien fácil embriagarse con la ceguera de la fe, lo difícil es soportar su resaca. Fácil es decir que eres fuerte, complicado es tener que demostrarlo; igual cuando presumes ser inteligente, es difícil no quedar ante todos como tarado. Puede ser fácil convencer a los demás de que eres un líder, un ser superior, pues las masas suelen tener mucho apetito de quimeras y utopías; lo difícil es descubrirte mortal y sentir cerca tu último día.

Curiosidades

Es curioso que las canciones más tristes y trágicas son las que más gustan a la gente. Curioso resulta olvidar las felicidades que nos han pasado recientemente, o bien magnificarlas conforme pasa el tiempo. A la tristeza le pasa lo contrario, pues siempre en el presente es inmensa y se va haciendo pequeña conforme transcurren los años. Curioso es el pensamiento acerca de la belleza física, que cuando se tiene se le considera eterna, siendo tan efímera, y cuando se pierde es cuando se le empieza a valorar. Lo mismo le pasa a la juventud. Extraño es que si un grupo de personas lucha por un fin común, si esa lucha dura demasiado el grupo se dividirá, aunque cada fracción siga pugnando por la causa original. Curioso es que se le llame sentido común a esa lógica básica que es tan infrecuente en la gente. Extraño es que muchas personas piensen que el día de su boda es el día más feliz de su vida, siendo que lejos de ser una meta, es apenas el principio de algo. Si los que piensan que la boda es el día más feliz de su vida fueran coherentes consigo mismos, entonces se suicidarían al terminar la luna de miel. Es raro que a pesar de ser todos tan iguales, nos sigamos empeñando en creer que somos totalmente distintos, que siendo tan distintos nos empecinemos en declararnos iguales, y que las mayores penas no son las de los demás sino las que a nosotros aquejan. Es curioso que aun sabiéndonos tan imperfectos creamos que Dios es perfecto, o que tengamos el descaro de decir que nos hizo a su imagen y semejanza. Es extraño que entre más viejos somos, más apego le encontramos a la vida. Es raro que quien se autoproclama sabio resulte en realidad ser un gran idiota. Es raro que se me ocurra todo esto de la nada y que seguramente lo olvidaré mañana.

Identidades

Hermanos, pero desangrados. Amigos, pero en desacuerdo. Compañeros con fines ajenos, todo es diferente, según como lo vemos. Amantes, pero llenos de temores. Esposos atados por costumbre. Tarde o temprano baja lo que sube y no hay borracho que trague lumbre. Socios, pero con distintos intereses. Vecinos, pero muy alejados. Ladrones cuidando nuestras espaldas, nos dejaremos en paz hasta que no quede nada. Caminantes, pero de distintas rutas. Padres, pero ignorando el futuro. Todo se pone más difícil, entre más cosas descubro. Creyentes, pero escépticos en la médula, Jueces con las balanzas rotas. Puedes ahogarte en tus propios llantos, pues eso a nadie le importa.

El día en que me muera

El día en que me muera la noche será oscura, como suele ser; y si me muero de noche el sol saldrá algunas horas después. Nacerán muchos críos y no seré el único en morir.
El día en que me muera todo seguirá igual, en su mismo y constante cambio. Habrá gente desperdiciando lágrimas y habrá gente cantando. No creo que ese día se extingan los corazones estrujados o rotos. Los políticos dirán mentiras y se odiará al que diga la verdad. El poder será aún el mejor afrodisíaco y muchos seguirán ocultando su edad. Otros tantos se seguirán adjudicando el invento del hilo negro y habrá miles que necesiten a un dios, ya te dije, si me muero de noche, unas horas después saldrá de nuevo el sol.
Quizás después de que me muera haya quien me recuerde, pero sólo será para que después pueda olvidarme. El día en que me muera, espero sinceramente, que no llegue muy tarde.

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Oportunidad

Una oportunidad para la demostración, prometo no negarte aunque el gallo insista en cantar. Te necesito conmigo, necesito la fe. No habrá más sorpresas, todo será nuevo, aun dentro de los encierros. No importa cuántas beses te bese, no será suficiente, necesito desterrar la soledad. En la antesala de lo eterno sigo esperando por ti, para brindarte algo absoluto donde abunda lo relativo. Responde como quieras, con un gesto o con palabras, ahora satisfecho quedaría hasta con un leve suspiro. Entre “lo siento” y “adiós”, está el momento más difícil. Entre “te quiero” y “mi amor” se ubica lo que todos dicen. Entre “te espero” y “te ayudo” encontramos lo que menos se cumple. Entre “mucho gusto” y “encantado” verás lo que por educación se escupe. Necesito tu certeza, el alivio de tus miradas. El camino de la mujer es como un rastro en el agua, es preciso que seas la solución a los males que has creado en mí. Necesito tu certeza en este fango de dudas, requiero de tu apoyo para seguir avanzando. No me importa dejar mi corazón en tus manos, mientras creas en mí y no sientas que es en vano. Entre el cielo y el infierno encontramos nuestros cuerpos. Entre el amor y la lujuria danzan los deseos. Entre lo genial y la locura hay el grosor de un cabello. Entre la bondad y la virtud está lo que el mundo más desprecia.

Hoy

Cada día me sorprende, no por lo novedoso sino porque sigo aquí. Lo soporto con resignación bíblica. Ya soy demasiado viejo como para creer en esperanzas e ilusiones, para tratar de cambiar el mundo, imposible de ser cambiado, agonizante sin remedio. Estoy aquí pagando facturas de mis antepasados, y sin poder liquidarlas para los que me siguen. Pero soy demasiado joven como para aceptar la derrota, para declarar el fracaso total ante las circunstancias, aunque no pueda hacer mucho. Mi felicidad es muy pasajera y hasta me temo que artificial, eso me disgusta. Quisiera creer en algo, en un algo que no terminara traicionándome o que no acabara antes de que los hielos se terminen de derretir. Pido demasiado, pero lo necesito. No me puedo rendir, eso sería traicionar al futuro, pero ya no sé cómo luchar y ya no estoy seguro de contra qué luchar. Busco respuestas en el pasado, pero voltear hacia atrás está perjudicándome el cuello. Quiero dejar de quejarme, pero no puedo. Ahora todo plástico y neón. Ya ni conviene soñar. Quiero la ruta de la libertad. Soy un desconocido para mí y tú, tú sólo eres alguien más.

Como Van Gogh

Igual que el viajero que se queda mirando cómo se va el último tren, que perdió por quedarse a admirar el ocaso. Igual que la novia en el altar, abandonada porque con ella jugaron, aquel viejo juego que tantas veces ella jugó. Me quedo yo tratando de descifrar mi destino en las aguas del río, sin hilo, sintiéndome como se sentía Van Gogh. Suspirando en la almohada como la viuda que nunca tuvo pareja. Soñando como la virgen cuyos blanco ropajes el tiempo percudió. Viendo que mis zapatos están ya muy desgastados como para seguir andando. Me quedo sentado sintiéndome como se sintió Van Gogh. Pero aunque no tenga colores de furia, y aún conserve mis dos orejas, escucho muy bien tus palabras y sigo admirado de tu belleza. Quizás haya una bala por allí que lleva marcado mi nombre, pero dudo mucho que ella sea disparada por mí. Como el náufrago que se cansó de  arrojar mensajes al mar. Como el autor de la ferviente carta que nunca se entregó. Guardando en mí todo aquello que quise entregarte, me veo obligado a renunciar, sintiéndome como se sintió Van Gogh. El cielo de zafiros estaba mucho más allá de mi alcance. El signo de Caín brilla en mi frente aún cuando no me pega el sol. Es muy probable que me toque caminar por este sendero, sintiéndome tal y como se sintió Van Gogh.

Al que se va lo olvidan

Al que se va lo olvidan. Dímelo a mí, que para olvidar me fui, y el recuerdo me persiguió a todos lados. Todo para que al volver me enterara que yo, el que recordaba, fui totalmente olvidado. Ahora soy un ser de otra dimensión, que vive, quiere y respira, que aún siente; pero que siente, lamentando, que fue por completo olvidado. Los dados están cargados, la soldadura es dura, te lo digo, pero no lo es tanto como el olvido. Lo digo mal pero es la única manera en que puedo decirlo. El entierro sin difunto, sin dolo y sin duelo. La última vela que se apaga, se pierde en el horizonte del mar, al que se va lo olvidan, y eso es algo que no se puede cambiar.