Relatividad del tiempo

Perdiéndose en aquel sendero desconocido del aire Sherlock Holmes dejó de inyectarse para decir “alguien debe poseer la información”. La azafata le respondió “este avión aterrorizará en dizque diez minutos”. “Debo abrocharme el cinturón ahora mismo” dijo el campeón de peso semi incompleto que sería conducido a medias al cadalso por la inopinadamente inhóspita opinión púbica. Muchos pensaron que eso sería divididamente divertido, por eso comenzaron a bailar tap al ritmo de un vals venereamente vienés. El presidente que sería asesinado para convertirse en el mártir de San Martín hizo como que ignoraba lo que sucedía, mientras a sus espaldas vendían a tres esclavos por el precio de una gelatina. “La tierra es de latinas desangeladas, como lo son tus ideas y tus vueltas”, dijo un anciano soldado romano mientras discutía asuntos banales con un banano. “Mi corazón es un libro abierto, en blanco”, dijo el Romeo sin rosas que pronto se jubilaría sin haber amado. “Lamentablemente tu cerebro también es una hoja en blanco, en la que no me apetece escribir nada y en la que encontré más vació del necesario para la meditación” le dijo la Julieta que pronto moriría por haber amado demasiado. El san Nicolás en huelga reía mientras sus dientes caían en un cenicero, como los de Caín y un burro. “La actividad febril puede conducirnos más rápido a la meta de nuestra existencia” dijo el holgazán que no tenía prisa por llegar a ningún lado. “Nadie sabe en qué momento está haciendo historia” murmuraba el escritor incomprendido mientras deshojaba la guerra y la paz con tranquilidad. El famoso fotógrafo epiléptico apareció para tomar una instantánea para la posteridad. “El pasado debe servir para adquirir experiencia y no para intentar revivirlo… no mires atrás”, dijo un sodomita que corría despavorido mientras arrastraba a su esposa pava convertida en estatua de sal. ¿No sientes a veces que alguien intenta conducirte por un espeso pantano para tratar de alcanzar algo mientras te ahogas? Creo que la clave está en saber discernir y eso sólo se aprende con el tiempo. Como el tiempo es relativo, relativamente es cierto el hecho de que ahora lo has perdido.

A la mitad

Estar a la mitad. Ni joven, ni viejo, ni ignorante, ni sabio. Ni amante ni amado, un solitario acompañado. Así sabe estar a la mitad, el gusto de la nada. Gracias. Entre la indolencia y el compromiso, entre la verdad y la mentira. Dicen que Dios detesta a los tibios, dicen que incluso los vomita. Ni principiante ni experto, ni cazador ni presa, el de las mil palabras huecas que a pesar de todo nada expresan. Eso es estar a la mitad. Entre la cuna y la tumba, sin gasolina en una carretera, vacío por dentro y seco por fuera. Estar a la mitad. Cuando el éxito te eludió por elecciones erróneas, cuando alguien te compró por una almohada en Sodoma. Los amaneceres pesan por su desesperanza, para quien se hizo adicto al sabor de la nada. Como el beso al aire y la carta no enviada. Como las candentes caricias sobre una piel anestesiada. El homenaje a un muerto, tus gritos bajo el agua. Eso es quedarse a la mitad, viviendo la vida de la nada. El momento en que despiertas suele llegar ya muy tarde, pero ya nadie te querrá, ni siquiera tu madre. Eres una sombra en la penumbra absoluta, planeando imposibles justo a la mitad.

Cosas que hago mal

Bailar, cantar, escribir poemas, elegir pareja y olvidar errores. Pintar, patinar, ni siquiera sé nadar. Declamar, recitar, citar y tocar un instrumento, incluso el órgano privado de alguna catedral. Beber, creer (porque creo demasiado), dudar (porque dudo demasiado) y esperar (a pesar del tiempo pasado). Decirle a una mujer que la amo y actuar de acuerdo a mis palabras. Calcular y pelear. Pensar y ser ocurrente al instante. Sospechar que me mienten presentir lo que otros sienten. Comprometerme por un papel, garantizar por escrito, gritar a los cuatro vientos y profetizar palabras divinas. Armar rompecabezas, remendar mi corazón cuando se rompe, romper con rutinas y alejarme de quien en verdad quise. Conservar la dignidad (si es que algo de ella me queda), todo eso hago mal y sin embargo… me muevo. Un día menos y un drama de más.

Reinicios

No es lo que tienes, sino lo que eres. No es lo que piensas, sino lo que sientes. Los verdaderos colores no se ven con los ojos, sino con el alma que los usa de ventanas. No soy una buena persona, sólo que contigo trato de ser mejor. Pero mejor no intento nada más y trataré de ser quien soy. El tiempo es relativo, y para muchos no existe. A veces fui yo mismo mañana y otras seré el mismo ayer. Tanto quiero preguntarte, mientras no encuentro las palabras para responderte. Ojalá no esperes tanto de mí, para no correr el riesgo de defraudarte. Por favor recuerda que no soy más que un hombre. Igual el día en que salde mis cuentas pueda al fin conocer la verdad. Dejaré de cuestionarte y te trataré con todo respeto, pues es la única manera real para llegar a alguien. Si me alejo y regreso ojalá me disculpes, es que necesito desesperadamente encontrar la verdad. Nadie nace sabiendo y echando a perder se aprende. No quiero sabiduría a costa de perjudicarte. A veces siento que la vida es redonda, y uno comienza de nuevo al llegar al final; sin embargo, el principio nunca suele ser igual.

Naufragio efectivo, no reelección

El violinista del Titanic, tocando el vals triste con el agua al cuello. No es resignación, quizás el capitán que se hunde con su barco impone el ejemplo, con acciones, no con palabras.  Aun así abordo viajaban felices fariseos. De menos el barco ya está limpio porque las ratas lo abandonaron primero, antes que las damas y los niños, por supuesto. Sálvese quien pueda. Gritos y atropellos, todo a voz de cuello, menos los llantos del muñeco de ventrílocuo, tan vacío, con la mandíbula caída por la sorpresa. El vals sigue sonando. El iceberg es tan grande que aún rodeándolo te rompe. Burbujitas bajo el mar y la sirenita está petrificada en un país del Norte de Europa. Soñé que me tomaba vitaminas y que Ponce de León me daba el secreto de su fuente, todo en vano ya, porque el barco se hunde inexorablemente. Y el vals se sigue escuchando. Las dificultades en las relaciones entre hombres y mujeres no son cuestiones de género, sino de especie, somos más iguales que lo que queremos aceptar. No son de Venus, no somos de Marte, somos nacidos en el mismo Cielo y colaboramos para construir un mismo Infierno. El juego parece consistir en no dejar que te rompan el corazón, para eso debes ocultar tu mano,que arroja piedras, poner cara de jugador de Póker y tener boca de poeta creíble, pero no hay amor verdadero a mis ojos si no existe la honestidad y dejas de lado el juego.Contradicción contraindicada pero seguida por casi muchos. No hay amor si uno no se quita la coraza y se expone. Honesto al 100%. Se sigue oyendo el vals. Pero de repente, al notar que algo es seguro, parece que el interés se pierde. Se termina la cacería, se rompe el encanto y a otro lado con el circo. El iceberg rompe el casco, las ratas hacen lo que se espera de ellas, no pueden fallar, es su naturaleza. Y el violinista sigue tocando.

Guardando imagen

Guardando imagen. Por eso se dicen y se actúan mentiras; se piran tiras y muchos se tiran al suelo. Sin Consuelo (con mayúscula o minúscula, da igual). Decir “ya no me importas” cuando aún se quiere con intereses más altos que los bancarios y que los de la tasa de devaluación con posos de café, es mentira. Es mentira decir “ya te olvidé”, con tal de hacerse el fuerte, fort knox del corazón inexpugnable para los ataques apaches, no cardiacos, pero sí sentimentales demenciales, hacerse el refuerte y sin embargo recordar a esa persona hasta en los sueños de los sueños. Palabras sin dueño porque aunque las digo yo, seguro son sacos que cada quien se pondrá a su conveniencia (no soy tan único ni especial, y sin embargo me muevo). Palabras que quizás tengan para mí un fin, pero sospecho que todo está acabado. Invariablemente, como toda relación de revoltura, cada quien usará los elementos verbales a su favor, y el destino que se obtenga no sea el buscado por nadie. Decir “estoy superando tu recuerdo” cuando hasta en el juego de memoria se encuentra el retrato sonriente de quien se quiere olvidar, cuando cada esquina trae un momento del pasado, cuando hay pensamientos de esa persona aún en los lugares jamás visitados. Suena a obsesión, pero es una obsesión obesa que pesa en la humanidad (esto no es del todo personal). Sensación humana, semilla de libros y obras que ya no se pueden contar, como las estrellas, como los granos de arena.  Parece que su persona se va, pero en realidad se queda. Mentí muchas veces aún en contra mía, queriendo guardar imagen, pero borrándome en su vida. No es autobiografía.

Don Nadie

El fulanito gris se plantó en el centro de la concurrida plaza dominguera. Niños con globos, globos con niños, padres con panzas de globos y madres con bustos globosos. Vendedores y gritería. Sol de medio día. El fulanito gris empezó a gritar a todo pulmón, ¡y vaya si su voz era apavarottiosa!, en frases cortas cada cosa que había hecho en los últimos dos días. “Amaneciendo con el radio encendido”, “los Beatles siempre son buenos en las mañanas”, “desayuno nutritivo”, y así, pasando por “la experiencia en el W.C. hoy no es fluida”, “ya se me quitó la comezón del ojo izquierdo”, “los huevos han subido de precio”, el fulanito gris dio los pormenores de su grisácea existencia… o por lo menos eso intentó. A las dos horas de su perorata, antes de llegar al “beso a mi osito de felpa y a dormir”, la gente lo abucheó. Le arrojaron todo lo arrojable en una plaza dominguera (nadie se atrevió, sin embargo, a tocar las heces de perros que yacían por allí bronceándose momiosamente) hasta que el pobre fulanito tuvo que abandonar la plaza, embarrado de tomates y caramelos. La gente globera y contenta se sintió aliviada. En la noche, mientas esa gente revisaba regocijada las múltiples novedades en su twitter, en su facebook, o en sus redes sociales, acerca de personas anónimas fuera de esos ámbitos, y actualizaban su propia información, ni siquiera se preguntaron ¿a quién carajos le importa enterarse de la vida de un don nadie?

Recuérdame

No me olvides, porque yo sí me acuerdo de ti, aunque mi memoria sea mala. No me olvides porque no me gusta que me dejen hablando solo, cuando lo que quería era hablar contigo. No me dejes esperando afuera, que hace frío y la lluvia es casi tan testaruda como yo. No me olvides por favor, al menos mientras tengas el don de recordar. Si no me recuerdan, no existo, a pesar de que respire; si no me piensan no soy, aunque digan que sea libre. No me olvides por favor, porque se siente muy feo ser un recuerdo deslavado. No me olvides, porque me acuerdo de ti y debemos hacer que este mundo sea un poco más equilibrado.

El carrusel del absurdo

Los ojos fijos en el lado equivocado, deseando lo que NO se puede tener, y teniendo sólo para llenar el vacío. Cometiendo injusticias, alimentando ilusiones mal acuñadas; sólo para mantener el ego ocupado. Pagando las culpas al mismo tiempo que las cometemos, comiendo corazones que no nos importan para tratar de alcanzar los que nos son negados. Escalones palpitantes que de manera innoble pisamos. Ignoro si con el tiempo todo esto disminuirá o si tendrá fin; mientras tanto nos comunicamos con nuestros propios ecos, añorando lo que no nos pertenecerá. Esperamos mientras hacemos que alguien más pierda la esperanza. La edad en sí misma no da sabiduría y por lo general nos hace más idiotas. La universidad de la vida se paga lamentablemente con experiencias dolorosas y, peor aún, ahí no se tienen vacaciones. Ensueños de castillos con torres de marfil, finales rosas y protagonistas ideales; sueños que al despertar con el frío balde de la realidad se convierten en amarguras. El viento viene y va, los años se quedan, la arena se acaba y pronto seremos Tierra. Tiempo hay para recapacitar, pero a nadie parece servirle la razón cuando el corazón se ata a un capricho. Quizá el desperdicio es el verdadero motor de nuestras vidas y de nuevo en el mismo punto del círculo.

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Otras cosas anteriores (de otros sabores)

La cadena del sofista https://mobtomas.wordpress.com/2008/05/31/la-cadena-del-sofista/