Conocí a mi verdadero amor…

Dicen que la verdad estuvo en Belén alguna vez, ¿si ya no está allí por qué no buscarla donde ahora se encuentra?

Yo conocí a mi verdadero amor en una funeraria, y entonces noté que siempre llego tarde, hasta para encontrar pareja.

Todos jugamos a soñar y terminamos soñando que vivimos, ambicionamos quimeras y atesoramos sin medida las monedas. Al final todo es oscuridad y, según dicen, despertamos, pero de eso nadie está seguro porque de allí nadie ha regresado.

Yo tenía prisa por muchas cosas, y el tiempo me sorprendió vacío; en el ayer quedaron las rosas, la alegría, las mujeres y el vino.

Hoy ya nadie me cree capaz de nada, soy completamente inofensivo; un anciano en muy poco se diferencia del recién nacido. Las tareas afanosas terminan siendo  casi imposibles cuando la vida llega a su término; las cartas y las promesas de amor suelen ser lo que se marchita primero.

Sólo me acompañó la costumbre en los últimos días de mi vida, al menos es lo que medio recuerda mi memoria perdida.

Supongo que la verdadera verdad nos será revelada, pocos momentos después de que ‘efectuemos el último suspiro’.

Yo conocí a mi amor verdadero en una funeraria, llegando tarde hasta para encontrar el afecto.

De nada sirvió creer que algo podría cambiar, de nada sirvió luchar por cambiar ese algo; todo pareció una ocupación obligada para rellenar los huecos hasta el final no anunciado.

Aprendí a conducir un auto, que ahora no me lleva a ningún lado. Aprendí muchos idiomas que hoy me sirven para un carajo.

Con nada llegué y nada me llevo, pero lo que más me duele es haber conocido a mi amor verdadero en una funeraria.

El mesero romano y la pareja segura

El restaurante pastoso con cantante folk italiano incluido, el mesero bien plantado con charlatanes ademanes de charlot (no puede impedir hacerse el gracioso, va incluido en su naturaleza, propina aparte) coquetea con la primaveral norteamericana bien acompañada por su añoso esposo, éste último un digno personaje de chiste, facciones caricaturescas y espectacular altura, sin embargo se nota que es un tipo exitoso. El esposo, no entiende nada de las gracias del mesero, de hecho ignoro si tiene sentido del humor pues su cerebro sólo capta lo que se dice en el idioma de los negocios y de las presentaciones empresariales, institucional hasta en su esporádica sonrisa. Ella, en cambio, capta los mensajes mundanos, los dobles sentidos y las connotaciones sexuales… el macho latino y joven tiene su atención. Pero la esposa no suelta su tabla de salvación, no importa qué tan bravo sea el mar de las tentaciones, no hay gustoso naufragio real a la vista. Suceso exponencialmente potencial, pero impotente en la práctica. Deseos tragados con tal de tener un futuro y la universidad para sus hijos. Gracias al cielo por alejarme un rato del mundo aséptico y recordarme por qué trabajo. Me levanto de la mesa, doy propina al charlot charlatán y mesero, y dejo atrás a esa pareja digna representante de lo que no quiero.

Roma, Sept 17, 2008

Alcohol (sobriedad)

Noches de alturas, cerca de la estrella más alejada y brillante, viva en apariencia. Amanecer en el fondo del Gran Cañón, disparado a la realidad con sentimientos de culpa y persecución. Tinieblas a pesar del sol. Más de uno puede ser un espía o un vigilante. Las acciones recientes, inconscientes y olvidadas; pero en el fondo están allí reclamado o burlando, no falta quien las haga recordar. Falsa puerta de salida, dolorosa la caída. Ese truco ya no es efectivo para darle el esquinazo a la rutina, al peso de los días, al sinsentido obligado. Sueños de fuga que en realidad son pesadillas. Temor a la noche, terror al día. Los amigos se van yendo, poco a poco, o uno se aparta de ellos; el tiempo sólo sirve para alejarse de los demás y acercando el final. No hay muchas opciones al parecer: el autoengaño, las flores del mal o pisar el acelerador; sólo dos si ya comiste del fruto prohibido del jardín de Dios. Ninguna conviene realmente. Hasta la siguiente mentira, de boleto ficticio y velo ante los ojos, para pagar las facturas a la mañana siguiente.

Mercenario con ética

No te pongas camisetas chico, no es cuestión de corazones, el tuyo mejor guárdalo para la persona correcta o para tu propia empresa antes de que la vendas. Lo mejor es ser un mercenario con ética, lo más profesional posible y quedarte donde más te conviene. Así te evitarás decepciones y mira que vale más prevenirlas porque la vida da muchas de a gratis. Pero ten cuidado de quitarte la camiseta, si es que te la pusiste, en época de fríos, mira que las pulmonías matan al igual que el hambre. Alguna vez me dijo una prostituta, si no compras no me quites el tiempo, pues aprende a decir lo mismo en los lugares que no te corresponden. Haz todo esto lo más temprano posible, mira que el tiempo pasa rápido y como muchas otras cosas en la vida, no perdona, y como pocas cosas en la vida, no negocia. Sé agradecido y no te hagas de enemigos, te lo digo por experiencia propia, esa es otra manera de dificultarse la vida, pero también evita la hipocresía, cuestiona la autoridad y procura no lamer botas, debe saber feo (eso no lo sé de cierto, pero lo supongo) y además es un feo espectáculo (lo he visto muchas veces). En fin, te lo digo para que no lo olvides, hoy que estoy bastante decepcionado, por no seguir mi regla del mercenario con ética.