Maleva de San Telmo

Por algún motivo tuve miedo de peguntarle, incluso tuve temor de acercarme. El pánico venció a mi curiosidad, que suele consumirme como el fuego. Ni siquiera puedo inventarle una historia a la Maleva de San Telmo. Con esas negras medias de red en sus blancas piernas. Esa falda tan corta como la mayoría de las ideas. Ese escote generoso y digno de cualquier primavera. Lo grotesco es el aura que envuelve a Maleva. Un maquillaje excesivo, de puta que asusta niños. En una de sus manos la vieja cabeza de una muñeca desgreñada. Más de siete décadas sobre esos hombros de tanguera olvidada. Los años no pasan… se quedan en Maleva. Un bandoneón triste suena en la Defensa. Y yo por temor no me atrevo a verla de cerca. Sacrifico una buena historia, pues ella me intimida. Lo que ahora lees es todo lo que decir puedo de Maleva. En estas letras miras la única foto que pude tomarle. Me hizo sentir muy mal en este mundo enfermo. Una tristeza diferente a la inspirada por las madres de plaza de mayo. Esta es la melancolía que me inspiró la vieja Maleva de San Telmo.

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