Vanidad

La ligereza es vanidad, también lo es la popularidad. El querer ser aplaudido o seguido es simplemente necedad. El conocimiento es vanidad también, como lo es vivir por el puro placer. Es un placer conocerte entonces ¿eso no está bien? La compañía perpetua es vanidad, también lo es la soledad ficticia. El amor es la necesidad que da sentido a la vida. Vanidad es querer plasmar emociones en palabras y querer trascender por ello, en ocasiones es suficiente decir “gracias”. Vanidad es sentirse mejor que los otros y el egoísmo es el pecado que nos transforma en demonios. La ignorancia es un mal y querer tenerlo todo es vanidad. Una ventana rota en tu alma, eso es fragilidad. Un bigote tieso de gel es vanidad, un club de golf no es urbanidad. Mis botas son el ejemplo perfecto de la utilidad. Cuatro paredes pueden ser libertad, pero no lo es protestar sin sentido. La caridad es tan necesaria como lo es un verdadero amigo. Buscar respuestas a preguntas complicadas es vanidad, no preguntarse nada es ser como una piedra. CNN, BBC, ABC, NBC, CBS, FOX, ESPN, MTV, TELEVISA, TVE, BBC y TVAZTECA, incluyendo sus programas de ayuda humanitaria, no son más que mierda.

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Historia de (des)amor

La morena se puso su mejor conjunto. Negro y blanco combinados con aceptable equilibrio. La ropa le favorecía ocultando los resultados de su holgazanería y desidia, tan patentes en su anatomía. Con maquillaje no sólo ocultó las ‘pequeñas imperfecciones’ de su rostro, sino que también le imprimió a su cara una efímera belleza artificial. La morena, con su falsa belleza y su bien disimulado sobrepeso fue y se sentó frente a una mesa. Sonreía como si tuviera motivos reales para hacerlo, se sentía la presa perfecta que sale de cacería. La morena, en blanco y negro sonreía, disparando coquetas miradas con la intención de disipar de inmediato su agobiante soledad. La morena fue descubierta por un blanco vestido de gris, que estaba a sólo dos mesas de distancia. El blanco no era apuesto ni tenía personalidad. Su interior prometía ser más gris que su saco o su pantalón. Él se había peinado y perfumado, vistiéndose lo mejor que le era posible. Incluso sus zapatos brillaban como la más linda estrella del cielo. El tipo blanco, gris como el tedio y el hastío, había salido con la intención de mandar lejos a su asfixiante soledad, que no podía evadir ni con las férreas rutinas ni con las interminables horas de televisión. Se miraron, se resignaron, eran lo mejor que podían tener esa noche. Se aceptaron. Los ojos se encontraron, se imantaron. Sonrisas simpáticas y el inminente acercamiento. Platicaron idioteces que ambos fingieron interesantes. Salieron del lugar después de beber un poco de vino y de bailar unas cuantas piezas. Se abrazaron y se besaron con desesperación. Hicieron el amor como dos condenados al destierro en una isla desierta. Sin precaución alguna. Después de la desesperada pasión, en el momento en que la razón es recuperada, ambos sintieron ganas de vomitar, pero ninguno dijo nada. Sonrieron y se mintieron tantas veces que fue un abuso escandaloso. La soledad pareció alejarse de sus vidas. Resignados a aceptarlo se casaron. Tuvieron hijos y contaron su historia como si se tratara de un cuento de hadas. Su versión jamás tuvo ni una pizca de coincidencia con la realidad. Es verdad, en el fondo jamás se agradaron. Optaron por vivir solos juntos, con tal de no enfrentarse de nuevo a la soledad natural. El asco mutuo no desapareció, por el contrario, se hizo más grande. Pero siempre estuvieron juntos, fingiendo que todo era maravilloso. Juntos hasta que la muerte los separó y ella lo miró bien muerto, en un ataúd tan gris como había sido su vida y el traje con el que lo vio por primera vez. Tres meses después ella también murió, todos dicen que de tristeza, pero que cada quién piense lo que quiera. Te aseguro que es totalmente cierta esta historia dizque de amor.

¿Por qué?

Quisiera saber por qué se nos obliga a asesinar a nuestro niño interno en nombre de la madurez y la productividad. Quisiera que alguien me dijera por qué la tecnología avanza tan rápido mientras seguimos siendo las mismas bestias de siempre, sin importar que a lo largo de la historia se hayan expuesto muchas buenas ideas. Explíqueme alguien por favor por qué hay amores que fueron brillantes como soles y que terminan siendo tan oscuros como la maldad. Díganme por qué la gente exige verdades, diciendo mentiras, y se ofenden cuando las encuentran. Por qué la sabiduría está tan anudada con el dolor. Por qué nos dicen que Dios es amor y a golpes nos intentan convencer de ello. Dime por qué mucha gente termina enganchada a lo que le hace daño. Por qué es tan difícil rechazar el papel en la gran farsa. Tengo más preguntas, pero éstas son personales y mejor se las hago a la gente involucrada.

Autoayuda

Actitud de servicio y una sonrisa permanente sin importar que por dentro te esté llevando el carajo. Eso es lo que, según tus libros de superación, te convertirá en un triunfador. Yo digo que hagas lo que te dicta tu consciencia y seas feliz cada que puedas. Igual esos libros mienten, tanto como miento yo.

sueño 76

Jugaba con el carrito verde de mi infancia, el cual creí perdido por cerca de 25 años. Estaba en la casa de alguien que murió hace más de 10, casa que se vendió a un desconocido hace 12. Cuando me cansé de jugar pensé en ti y me asomé al balcón. Sin importar que era de noche y que desde el balcón solía observarse un gran patio con piso de loseta, yo vi un día soleado y en vez de patio un gran laberinto de arbustos. Tú que hasta entonces no estabas conmigo, apareciste. Te sabía embarazada, pero no por mí, y hasta donde te vi por última vez, estabas pensando en abortar. Allí estabas, junto a mí, llena de cicatrices y puntadas de una operación reciente, diciéndome nada importante y mucho menos reconfortante. Me dijiste que vivías cerca de allí, cerca de una avenida llamada Marina nacional, muy cerca del centro. Pero a la vez yo sabía que allí vivía quien murió hace más de 10 años y no tú, pero yo no sabía en dónde habitabas. También supe entonces que no importaba todo lo que yo pudiese recordar. Era el ‘aquí y ahora’. Tú me besaste y de repente estábamos en la calle. Yo subí a mi auto y tú subiste al tuyo, me dijiste que me seguirías. Encendí el motor y me puse en marcha. Yo te miraba por el espejo retrovisor, me seguías. Cuando llegamos a Marina nacional, en medio de la avenida había un gran prado, que en la realidad está al lado de la torre Eiffel, y en el centro del mismo se encontraba una gran catedral gótica en ruinas. Muchos jóvenes y niños jugaban alrededor de la catedral, incitados a ello por la soleada noche. Muchos colores, alegría y bullicio, parecía domingo. Me distraje un poco al poner mi atención en sus juegos. De repente, cuando miré de nuevo al espejo para buscaste alcancé a ver que muy de prisa dabas vuelta con tu auto en una calle. Habías aprovechado mi distracción para ir a tu casa sin que yo me diera cuenta. Me detuve, pensé en echarme en reversa y seguirte, pero me invadió una gran tristeza, decidí seguir hacia delante sin mirar atrás. La tristeza me dolió mucho, pues sabía que jamás te volvería a ver, y entonces desperté.