Sobriedad

Noches de alturas, hasta creer llegar cerca de la estrella más alejada y brillante, viva en apariencia. Decencia sometida, sepultada el armario cavernario. Bestialidad con tintes de cultura. El espíritu del vino lejos de ser como los cerdos bíblicos que vuelan por un precipicio, se convierte en el emperador de lo que solía dominar la razón. El rey feo sin carnaval. Amanecer, en el fondo del Gran Cañón, disparado a la realidad con sentimientos de culpa y persecución. Tinieblas a pesar del sol. Más de uno puede ser un espía o un vigilante, varios son inquisidores y jueces que condenan con severidad. La conciencia sale del armario para atestiguar los estropicios. Las acciones recientes, inconscientes y algunas olvidadas, bloqueadas; pero en el fondo están allí reclamado o burlando, apoyando a los jueces mencionados, que no faltan y nos hacen recordar lo que ahora quisiéramos no haber hecho. Maldecimos la falsa puerta de salida y la dolorosa caída. Ese truco ya no es efectivo para darle el esquinazo a la rutina, al peso de los días, al sinsentido obligado. Sueños de fuga que en realidad son pesadillas. Temor a la noche, terror al día. Los amigos se van yendo, poco a poco, o uno se aparta de ellos; el tiempo sólo sirve para alejarse de los demás y acercarnos al final. No hay muchas opciones al parecer: el autoengaño, las flores del mal o pisar el acelerador; sólo dos si ya comiste del fruto prohibido del jardín de Dios. Ninguna conviene realmente. Hasta la siguiente mentira, de boleto ficticio y velo ante los ojos, de locura artificial, de engaño al carcelero de la moral, pero siempre las facturas se pagan a la mañana siguiente.

Todo se va

Hay trucos de magia. Siempre. Gente que aparece mientras otra se desvanece con el paso de las horas, de los días, de las tristezas y de las alegrías. Puede que sea cierto que las personas somos como barcos que se encuentran en el mar, a veces en algún puerto, conviviendo por un lapso, más o menos largo; otras encontrándose en mar abierto; naves que se saludan un instante y siguen su camino. Al final todo se va, todos nos vamos; unas veces con posibilidades de reencuentro y otra, la definitiva, para perdernos mutuamente por el resto de lo que llamamos tiempo. Los lazos de sangre son accidentales. Los lazos afectivos son selectivos. Nada dura para siempre y al final, se encuentra la separación. Quisiera que hubiera una excepción a esta regla, una sola y sólamente una vez. Sin embargo… me embarga la pena. Hay trucos de magia que no divierten y que uno quisiera negar, pero allí están. Al final siempre llega el desvaneciemiento y luego el olvido. Carpe diem para dar carpetazo definitivo y aceptar que la vida es así.

Desbalance

Sacando un largo cigarrillo blanco de la cajetilla, sin hacer mucho porque ni poco se puede hacer para ocultar su avanzada calvicie que está a punto de declarar conquistado su cráneo, el guapo de ayer suspira desesperado. ¿Qué quieres que haga?, le pregunta a la joven secretaria que furtivamente se ha encontrado con él en un café, osada movida mientras la esposa madura está comprando, lo mejor que puede conseguir con el dinero que le sobra, a dos calles de distancia. En su juventud era tan apuesto y varonil como un galán del Hollywood de los 40, ahora le queda algo de apostura, pero sin su dinero nadie le apostaría mucho. Los años le han demostrado que hay hombres a los que les sucede lo que a las mujeres bellas que confían demasiado en su físico: tratan de regresar desesperadamente el tiempo o se resignan en la total indiferencia. Él está en la frontera entre ambas actitudes. Las bolsas bajo sus ojos, parecidas a las papadas de los pelícanos, podrían ser arregladas con una pequeña operación, al igual que el poco amistoso tejido adiposo que lo rodea, cariñosa y gelatinosamente, a la altura de lo que antes fue una cintura. La secretaria, que podría ser la hija de su esposa, y de él también, le saca de nuevo la exigencia de los últimos meses: ¿cuándo te vas a divorciar? Maldito el momento en que apasionadamente le dijo a esta idiota que la amaba y que por ella estaba dispuesto a dejar a la “decadente arpía con la que llevaba casado 30 años”. Ahora él sólo quiere paz. La vieja lo deja tranquilo mientras él le proporcione el dinero suficiente. En cambio esta mujer, siempre exigiendo, colgándole del cuello la pesada piedra del enamoramiento unilateral, el yugo con el que se paga la efímera pasión otoñal, y él ni siquiera se quería sentir joven, sólo se dejó llevar por voluptuosidades aún no derrotadas por la ley de la gravedad. El tabaco quemado ya no le sabe ¿será que los fabrican con menor calidad que antes o que está perdiendo el gusto y el olfato? Divaga sobre tabacos y papilas, desgasta sus pupilas, mientras la joven exige y demanda, manotea y vocifera. Él mira el rostro de un joven bien parecido que pasa por ahí y le desea mentalmente suerte y una mejor administración de su físico. Piensa que hace mucho que no lee un libro y se pregunta si realmente existirán las ballenas blancas. Recuerda que debe pagar cuentas y cuentas, la universidad de su hija y las vacaciones de sus gemelos. La secretaría se pone más seria, calla y espera una respuesta. Ante el silencio, él despierta de su ensoñación de ojos abiertos y la mira. ¿Y bien? Le pregunta ella. La única respuesta de él es ponerse de pie, sabe que es un ultimátum, sabe que es la encrucijada y que si da un paso es el punto sin retorno, si es que realmente la chica resulta tan fuerte como presume. Da una chupada a su cigarrillo y lo tira, con una mueca de desdén que mezcla una sonrisa de Monalisa y el cansancio por una historia muy escuchada, él la mira una vez más con todo y sus bolsas sub oculares y dando media vuelta en silencio se aleja de allí tosiendo secamente sin voltear una sola vez. El próximo lunes ella no tendrá el trabajo que le proporcionaba un salario, pero sí tendrá mucho trabajo para esforzarse en aceptar que muchas veces el amor no es una inversión que rinde frutos.

Soñar

Sueños. Fuga nocturna. Rompecabezas de impresiones que no embonan muy bien, o que embonan perfectamente. Proezas imposibles, consumación de pasiones que nos niega la vigilia. El sabor de las mil muertes y volar sin tecnología alguna. Seres queridos resucitados, seres alejados de vuelta contigo. A veces malas experiencias, el encuentro cara a cara con algo más feo que la maldad. No me gustan cuando son producto de la fiebre. Convivencias descabelladas, terrores de los que puedes escapar en el último segundo, o abrazos ansiados, en el día frustrados, de los que no quisieras desatarte. En mi caso, cadenas largas de incoherencias barnizadas con su propia lógica. Sólo despierto es que logro descubrir sus absurdos. Para mí los sueños son necesarios, no le creo a quien me diga que son un desperdicio de mi tiempo. Quien dice eso no ha aprendido a valorarlos. No podría yo vivir sin ellos, por eso ¡que vivan los sueños!

De lo mucho y de lo poco

Muchos hablan demasiado y de lo que hablan conocen demasiado poco; pocos identifican al amor en la primera vista, pocos son concientes del momento en que están fabricando un recuerdo, casi nadie es lo que aparenta ser. Pocos son los amigos verdaderos, pocos los que se atreven a una entrega total, pocos tienen sentimientos sinceros, muchos se preguntan qué te pueden robar. Pocos aman a los otros como se aman a sí mismos, pocos saben utilizar el sarcasmo de manera que no sea un arma barata, pocos son amables con los caídos, muchos te estiman cuando quieren obtener algo de lo que tienes. Pocos ven más allá de sus narices, pocos cumplen lo que prometen, pocos son realmente libres, casi todos hacemos lo que más nos conviene. Pocos se resisten al dinero, pocos aplican las leyes de honor, pocos conocen la palabra eterno, muchos escupen a la cara del amor. Puedo estar aquí, sin estar presente, puedo simular que sigo la corriente, pero esto a la larga sería fingir, creer en una mentira que no puedo tragar.

Mujeres

Recorta ahora tus propios cabellos, Dalila, pues las columnas ya nada sostienen. A pesar del sol, entre sombras caminamos y las profecías sólo se entienden una vez sucedidos los eventos vaticinados. Aguanta la respiración Ofelia, no tenemos que apresurar lo que está a la distancia de una vuelta de segundero. En la noche perpetua del ladrón creemos que lo único constante es el cambio, pero detrás de las notas y los colores todo es siempre igual. Nada puede protegernos de la lluvia de piedras Magdalena, esas que lanzan los que se creen libres de cúpulas; por eso piénsalo bien antes de lavarle los pies. Cada quien tendrá siempre sus propias visiones, y cada quién será inconsistente consigo dependiendo del tiempo, ¿cómo esperas Judith que estemos todos de acuerdo? No es negativismo pesimista, sino un intento por depurar las presiones que impiden concentrarse en lo único garantizado, porque el resto, como le dijeron a la reina de Saba, es pura vanidad. Y Salomé seguirá bailando.

Déjenme descansar

El judío errante se benefició con las millas acumuladas en la línea aérea. El invento de la luz hizo que la relación entre la oscuridad y la mentira se convirtiera en otra mentira más. Los poemas más románticamente febriles y bellos de un poeta tienen como finalidad principal ganar los favores carnales de quien los inspira. La TV no tiene la culpa, las masas siempre han sido idiotas desde antes de que la historia naciera. Si he vivido muchas vidas las he olvidado todas, incluso la presente. Por más que trato dejar de escribir no logro evitar el deseo de formar frases. Los cuartos de hotel se me figuran templos de la melancolía cuando estoy solo. En la salida de un viaje nos llama la aventura, en el regreso nos llama la obligación o la rutina. La civilización de mis días está en decadencia desde antes de que yo naciera y no terminará de caer sino tres generaciones después de mí. La edad te impide distinguir a los nuevos genios. La culpa suele ser la hija de la unión entre lo establecido y nuestros más fuertes deseos. La mala suerte se inventó para disimular nuestra ineptitud, aunque algunos tienen la buena suerte de no tener que mencionarla. Yo sólo quiero dormir bien esta noche.

La cadena del sofista

La verdad es luz, la luz mata tinieblas, las tinieblas habitan mentes y las mentes son diversas. Diversas son las palabras y las palabras son confusas, confusas son tus maneras y aún así las usas. El amor es ciego, ciego es también el odio. El odio taladra, y el taladro hace hoyos. Los hoyos son oscuros, y oscuros son muchos conceptos. Hay conceptos en tu cabeza y en tu cabeza estoy muerto. La duda es tortura, la tortura insoportable. Insoportable es quien no es amable, el grosero es detestado por los otros, y otros son todos esos que no somos nosotros. Tú eres bella, bella es la pureza, la pureza es un cristal y el cristal delicadeza. Delicada es tu persona y tú manera de ser. ¿Cómo en este mundo no te iba yo a querer?

La lata de sopa y Marilyn

No le deseo a nadie semejante extravío. El rey pelele, manipulador de cortes, manipulado con poco, sobrevaluado y creyendo que todo se lo merece. Aterrador egoísmo. La princesa bella, confundida, se deslumbra ante la palabrería del rey, cae seducida. Durante el hechizo un príncipe llegó en moto, no era azul, simplemente un oportunista, la princesa quiso escapar, pero pudo más el hechizo del rey. Después de poco tiempo, que sin embargo supo a eternidad,  ambos se abren los ojos, se sacan las entrañas y el abuso es descubierto. Lamentos. El pseudo príncipe desaparece para siempre. La princesa está a tiempo, si lo sabe aprovechar alcanzará su salvación; el rey, arrepentido, se quedará en su laberinto, condenado a un eterno exilio interno. No todo lo que brilla es oro. Nadie es inocente del todo.

Como…

Como la estatua de un perro esperando el llamado de su amo, vivía el caballero que buscaba a la princesa encantada de sus sueños. Como la flor que se marchita a la orilla de un lago, estaba la damisela prefabricada esperando a su caballero armado. Como ratón extraviado, calculando los recovecos del laberinto, estaba la mujer razonable tratando de descifrar su destino. Y yo con una parte de cada uno de ellos, dejé de querer estar contigo.
Como el prófugo con alas que no resistió la atracción del sol, vivía el aventurero sin aventuras tratando de atrapar la sombra de su ilusión. Como el matemático desesperado cansado del tiempo transcurrido antes del resultado, pasaba los días el amante calculador tratando de revivir su pasado. Como el cordero dependiente de su imponente pastor en el campo, estaba la niña crecida fingiendo liberarse de una gran figura. Y yo dejé de creer que junto a ti llegaría a mi sepultura.
Como el malabarista concentrado en su acto a la mitad de una tormenta, continuaba su vida de casada la señorita perpetua. Como el vecino envidioso que desea todo lo que no tiene, vivía el que decía que estar a dieta no impide dejar de ver. Como el blanco que se asolea a diario para cambiar su calor, estaba la chica moderna de piernas abiertas tratando de hallar el amor. Y yo, a pesar de lo que por ti aún siento, viajo en el tren en el que hubiera querido viajar contigo.