Se acabó el carnaval

Sambódromo vacío, sin ruido. Shhhh, dijo el Sha, desde el más ashá (con importado acento porteño). Se acabó el carnaval. El sueño se acabó, lo dijo Lennon y seguro lo dijo Lennin en alguna noche de insomnio. Yo entre el sueño, las risas y demás, me topo con miércoles de ceniza. Telón caído y escenario calvo. Fuego extinguido. No hay ave fénix (se conformó con estamparse en letreros de farmacias). Despedida número 12323-6767-bis. Y nos empeñamos por tratar de tirar a patadas aquella construcción sólida. No se cae pero empieza a resentirse, aunque los huesos de nuestras piernas estén más pulverizados que el talco para bebés. Quedaron muchas poesías en las libretas, en las computadoras y salieron algunas en mis espacios virtuales. Al final totalmente desconocidos, antes de la llegada del Alzheimer. El amor dura más poquito de lo que dicen los cuentos, pero más de lo que decía la experiencia. Hice lo que pude, lo juro.

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