Réquiem

La apuesta puesta en la mesa de patas chuecas, y que se tambalea. Demasiado bluff porque las cartas son tan bajas que no hacen juego, sólo juegan con nosotros. Las mangas vacías y las costillas rotas. Las promesas disueltas como la gota de tinta en el mar, todo claro pero nada se entiende. El absurdo en su máxima expresión que no expresa realmente nada. Peleles peleando. Sobre el ring, tras el derechazo infernal, se sueñan sandeces sobre la lona mientras alguien cuenta hasta 10. El tiempo es relativo. No sabes si los dados estaban cargados, incluyendo los tuyos, pero pesaban como plomo contradiciendo siempre tus predicciones. Ni para qué enojarse, está del carajo aceptar que pierdes. Pocos saben ser buenos ganadores, pero casi nadie sabe perder. Vil ego. No mirar bien, la cortedad de vista es un obstáculo hacia el horizonte, mayor que una obra de arte, incluyendo las de mármol y las de carne y hueso. Sublimes caricias en la piel, bellas palabras que tocaron el alma, después la calma rota y todos los reclamos recargados en el pasado. El presente es un mal libro de historia. Todo lo bueno que viste y viviste fue falso, de eso te tratas, y te tratan, de convencer, segundo canto del gallo que no puedes creer. No te creas los relatos de Pedro y el Pollito, ni viene el lobo, ni se cae el cielo, porque uno no llega si lo esperan y el otro se cae sin aviso. Los signos de los tiempos siempre son confusos, pero el que tenga ojos que vea, aunque no hay más ciego que aquel que se niega a ver. (Si no pregúntale al olvidado ciego de Buñuel, ¡piedad!, !piedad!). Miss Q y el que gusta de leer Star Wars, ¿o fue el que gusta de los deportes que tanto dice ella detestar?, ¿fue el antiguo melenudo que leía y leía y se sabía algo (ese que murió en el camino al Gólgota para sacrificarse a medias por un sueño ajeno)? ¿Habrá sido el compañero escolar que tenía físico pero no mente? ¿O era ese que siempre estuvo presente en su ausencia, escudada en cobardía torcida? El par que sea, no importa la combinación de caja débil, quisieron verse jodidos jodiendo a otros, y si no es cierto ¿para qué hicieron lo posible para hacerlo creer? Caretas de mal teatro, o engaños flojos, pasados de listos, para distraer, que flojera descubrir una verdad tan obvia, pero al final todo fue un autoengaño. La Ofelia de la obra hacía buches de 7up, mientras siete enanos anunciaban el fin desfilando de forma amarilla. No se puede tener todo en la vida, aunque valga la pena intentarlo, sólo que ojalá quienes lo intentan lo hicieran sin abusar de otros. Una complicación es cuando uno abusa sin darse cuenta, pero siempre se termina sabiendo cuando abusan de uno. Sembradío de cadáveres y pistas falsas, en la peor manera del peor narcotraficante. Reguero de cadáveres engañados, como en final de tragedia Shakespereana. No entiendo qué se gana al verle la cara a quienes actúan de buena fe, ni qué se gana al actuar de buena fe con quienes se confiesan tan cabrones. El Marqués baila en la Bastilla sin tomar, y antes de que ésta sea tomada. Tú huyes como Bonnie con el Clyde en turno, lo sé porque yo viví la misma película. Un Réquiem suena en la lejanía, ni idea de por quién doblan las campanas estiradas, le preguntaría al honesto Ernesto, pero se fue, “adelantándose” como dicen los eufemistas racistas, tras descubrir lo que había del otro lado del agujero de una escopeta. No fui ni el mejor, ni lo peor, pero esas hirientes comparaciones… siempre están de más. A veces es mejor agarrar las maletas y largarse, pero cuando se hace eso, se debe hacer de verdad. Las puertas no deben dejarse entreabiertas cuando se toma una ‘decisión final’. Pésima costumbre esa de terminar para volver a cada rato, las amenazas de despedida, entre más son, mayor el ridículo que inspiran. A cada vuelta, el infierno se cobra con creces la venganza al cielo cuando estoy contigo. No hay que volver si no tiene caso regresar,  porque así sólo se logra ofender y terminar muy mal, y si la cosa ya está mal, se alcanza la totalidad de lo peor. El cadaver dista mucho de ser exquisito y carcomido está, tal como lo retrató el viejo Baudelaire. Réquiem, y que Job se quede con su paciencia.

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