Guadalajara

Ciudad de contradicciones en donde nació mi madre. Igual y eso explica algunas cosas. Ciudad religiosa en cuyas calles hay también demasiados puestos esotéricos y de brujería. Ciudad que en el fondo guarda cierto delicioso sabor a pueblo (aunque hay fuereños idiotas y soberbios que se burlan de eso). Ciudad de lindos templos y de malos conductores, no es raro toparse con autos recién chocados. Ciudad especial para mí porque de aquí son personas entrañables. Ciudad que se me gusta más que Miami, sin contar que aquí la cerveza es mucho más barata. Es posible que sepas desde hace rato que hablo de Guadalajara. Mucha comida, muchos tacos. Comí tortas ahogadas, que no me fascinaron. Me disculparán también porque no me gustó el tejuino con nieve de limón, pero me agradó mucho el gusto que aquí se le tiene a la canción. Ciudad que a pesar de su tradición va cediendo a la presión ilógica de la modernidad (si no me crees, cuando vayas pregunta por la casa gemela que destruyó la universidad). Ciudad linda que dista de ser perfecta, a la que probablemente regrese. Ciudad en la que siento como si mucha gente fuera mi pariente.

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Monedas de plata

Algunas monedas de plata rodando hacia la alcantarilla que parece alcancía. Nadie puede darles alcance y se van con el drenaje. Algunas quedan en la acera para que un curtido borracho, con rostro sin expresión, con canales de sufrimiento de los ojos a la barbilla, las recoja y vaya a comprar comida, pero que al último momento considere que necesita más alcohol que alimento. El sacrificio de lo vital por lo necesario. El tendero tiende la mano y no entiende al borracho, ¿cómo desperdiciar el dinero en eso?, si el dinero se hizo para hacer el bien, propio; para gastarlo en algo bueno como una casa, la seguridad de una familia y un auto para darse gustos semanales. El borracho se da gustos y sustos diarios, el tendero se da sustos y sobresaltos todos los días, pero los gustos puntuales cada semana, hasta que la salud mengüe. Todo es relativo. Cada semana, puntual como Big Ben, el tendero va al banco, a depositar su dinero; hasta que un día, en apariciencia acostumbrado, en un callejón el tendero es asaltado por alguien cuyos intereses y aspiraciones existenciales son ganar rápido y gastar como pirata. Una lucha que termina con una navaja en las entrañas del tendero, que cae extrañado sin creer que eso ha sido todo (amigos). El ladrón escapa sin llevarse lo que quería, despavorido como pavo ante hacha de acción de gracias. De nada sirvió que ahora el ladrón cargue en su conciencia un peso excesivo, pues todo el dinero que llevaba el tendero, rueda como el mundo, por el suelo inmundo. Parte del dinero cae para nadie a través de las rendijas de una alcantarilla. Otra parte, la que puede ser recogida, se la apropia un borracho hambriento que decidirá comprar más alcohol en vez de abastecerse de alimento.

Bocanadas

Bocanadas de humo sagrado que se elevan hacia la divinidad creada a través del Otis por un quito piso que busca perder su virginidad. En ocasiones lo más simple resulta ser lo más misterioso. La princesa de los encantos pierde el sentido y cree que la solución está en el sueño de las 37 pastillas. El idiota bulto humano, a pesar de su cronología de cuatro décadas a cuestas, sigue hablando como un niño y se comporta peor que un adulto. Todo es a veces tan claro, sólo se requiere la referencia rogada, o robada (según sea el caso) para que todo encaje en la lógica común y el poeta sea desenvestido y su mente engrose las filas de las masas no reveladas. Tan canalla es ese ladrón como el que por anónima fama y mucho dinero exhibe los secretos de los magos por televisión o el profesor que enseña estrictamente la historia oficial. Pronto me iré y, como la Pompadour, en ese momento empezará a parecer como si nunca hubiese sido. El clímax pasó en el segundo renglón, el resto no es relleno, simplemente son piezas que le dan más curvatura a este círculo cuya estructura aceptada será difícil de encontrar sin la llave que sólo inconsciente podría proporcionar. Para entonces el humo no será divino y se perderá en el aire antes de alcanzar el sexto piso o el séptimo cielo.

Historias (histerias)

El sol de nuevo, llevándose el blanco y negro de los días. Razones recobradas, para seguir arrancando hojas al calendario. Gente sonriente, aún en el centro de la jungla de asfalto. Tenemos tanto en común, nos visitamos hasta en los sueños. ¿Qué puede resultar mal, cuando todo es tan prometedor? La ausencia pesa, el reencuentro es una chispa que derrite glaciares. Una sonrisa basta, para que hasta las piedras se ablanden. La mente se siente identificada y a cada paso hay un regalo para dar. Parece que esta vez, nada puede salir mal. En un chasquido del destino todo cambia. El tiempo se encarga de arruinarlo todo. El proceso parece consistir en saltar de una persona a otra, hasta que te canses de brincar. No tiene sentido, algo me inculcaron mal. Seguiré creyendo en los cuentos y en las leyendas, soñando que hay finales felices. Sólo que ya a estas alturas me cuesta más trabajo, y conocer gente me inspira pereza. Carece de sentido aferrarse a alguien de quien terminarás despidiéndote. Sigo despreciando los contratos, ojalá que sólo la libertad bastara, pero todo se desgasta. Vivimos lo que tenemos que vivir, sería aburrido sufrir de la inmortalidad.