Es malo decir mentiras (todos los hombres son iguales)

Padre e hijo juegan en el parque. Soleado domingo en una mañana con claridad, de esa que odian los que tienen resaca. El pequeño viste con llamativos colores y en su pelota están impresos personajes de moda en la televisión. Para él, su papá es un héroe y en el mundo existe el bien, todo es correcto y los malos siempre pierden. Sabe que es malo decir mentiras, o al menos eso le han enseñado en su casa y en su escuela. Papá, ya algo maduro, viste a la moda, igual que mamá y el pequeño, usa ese tipo de loción cuyo precio de una botella de 150 mililitros podría alimentar a una familia indigente de siete durante sendo número de días. Pero papá no tiene la culpa de esas situaciones, lo que sí tiene es una gran resaca, pues anoche salió de parranda. Sólo que en vez de ir a jugar dominó con sus amigos, tal como le contó a mamá, fue a un bar de table y acabó gastando una buena suma en una rubia rumana más buena que el dinero. Papá le dice a su pequeño que es malo mentir. Mamá viste a la moda y se maquilla como dictan las revistas. Está pensando seriamente en ir con un cirujano plástico para que la plastifique y restire. Para que cumpla el sueño que esas cremas y lociones no le han cumplido. Mamá piensa que de todas las batallas que suelen perder las mujeres, la del tiempo es la más amarga. Ella sabe que papá miente y que gasta mucho dinero extra laboralmente en una secretaria muy joven, pero calla; no por sumisa, sino por conveniencia y resignación. Se miente tanto diciéndose a sí misma: “Total, todos los hombres son iguales”, tal como se lo decía su propia madre, que ya hasta se creyó la historia. Mamá enseña a su hijo que no hay que mentir. Papá abraza al niño con los mismos brazos que anoche ataban a un rubio elixir de la juventud traído de Rumania besa al niño con la boca que miente. Algún día el pequeño aprenderá a mentir bien, quizá hasta papá lo guíe orgulloso por el camino de la hombría falaz, y orgullosa también estará mamá pues “todos los hombres son iguales”.

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12 comentarios en “Es malo decir mentiras (todos los hombres son iguales)

  1. Un relato descarnado y mordaz de una parte de la sociedad, a la cual no pertenezco y por ello me siento afortunada. Me espanta la gente vacía por dentro y mentirosa por fuera.

    Biquiños,

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  2. Los niños son esponjas, hacen lo que han visto en casa y por eso es tan importante el ejemplo….lo que vean en sus padres será referencia de su forma de ser y de su actuación futura….hay que ser muy cuidadoso con la educación y sobre todo hay que darles mucho amor pero tambien principios, sin estos no hay base y sostén…

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  3. Bueno MOB,

    en esta ocasión parece que hemos tenido telepatía, tú entrada y la mía se besan, que lo sepas:-)

    Verás, tu historia dibuja un perfil estereotipado de familia, sumida en la vorágine del consumismo que en si mismo es una completa mentira pero en le que nos guste o no, estamos todos metido, unos más que otros es verdad, pero tooooodos dentro. Precisamente por eso, yo lo he planteado al revés que tú…si todos en una u otra manera mentimos, si cometemos mil errores, decimos una cosa y hacemos otra ¿ cómo vamos a suponer que tenemos más autoridad moral que otra persona a la que a lo mejor no conocemos de nada y su vida con toda la opulencia por ejemplo que muestra tu familia no es más que gente desgraciada que a su manera se arrastra por la vida sin saber o no poder hacerlo de otra? me da pena ese niño, por los padres que le han tocado, pero si un día su padre se sienta en la cama de ese niño y le dice:

    Mira cielo, te ha tocado un asco de padre que ha hecho esto y….todo esto otro ¿no crees que a lo mejor ese hijo debería darle otra oportunidad?

    Ya me dirás que opinas.

    Como siempre me ha gustado tu historia… no te conozco Mob, pero yo creo que tú eres de los que le darían otra oportunidad ¡¡seguro!! 🙂

    Un besito y buenas noches.

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    • Gracias María, ahora mismo me doy una vuelta por tu blog. Sí, todos merecemos una oportunidad, aunque a veces cueste trabajo darla, y auqnue muchas otras nadie cambia. Saludos y un abrazo.

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    • Gracias Belén. Estoy de acuerdo contigo en gran parte, aunque también existe algo que llevamos dentro. Es decir, hermanos criados bajo un mismo techo que reciben la misma educación tienden a ser diferentes, con patrones comunes claro. Pero sí, la educación (si así se le puede llamar a la formación que se recibe en la familia), suele obedecer a tendencias, y en esas tendencias por muchos años ha existido, por ejemplo, este asunto de decir “no digas mentiras”, mientras se miente abiertamente. Un abrazo.

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