Las redes antisociales

En un café de la colonia Condesa (condenada a un perpetuo tránsito vehicular). Ella, ante su mesa, parecía interesada en la plática. Al menos eso intentaba mostrar con su rostro. Él, su acompañante, maestro, pero no amante, hablaba y hablaba, y era interesante lo que decía, al menos para ella, pues eran las claves para que ella escribiera una tesis impecable. Pero… Discretamente ella miraba de reojo su teléfono rojo (que nada tenía que ver con Mr. President de la blanca casa ni con Batman de la oscura cueva) con una constancia condenable. El teléfono, cuyo timbre había sido deshabilitado “en atención”, y para no interrumpir, al que hablaba, estaba sobre la mesa, junto al florero, no estaba apagado y vibraba a cada momento, cual artilugio de ninfómana crónica. Y ella, con cada vibración del aparatito perdía el hilo del rosario de ideas que él exponía allí en el café. Era tan interesante lo que él le decía, pero… Con trabajos empezó la joven a entender el discurso por contexto, casi lo logró cuando otra vibración del rojo la hizo caer de nuevo en el limbo mental. Él, sintiendo ofensiva la inestable atención que ella le ponía a sus palabras, para él tan sagradas, pidió la cuenta, se arrancó las ideas de la lengua y las volvió a meter en su cráneo y le dijo a ella que se verían en otra ocasión. El ego del académico era titánico, y jamás daba segundas oportunidades a nadie (salvo a su esposa que le había puesto el cuerno unas 13 veces); así que la ocasión mentada jamás se presentaría a esta joven, por puro orgullo del maestro. Mal se levantó él de su silla y dio la media vuelta para largarse, cuando ella, silenciosa y desesperada, tomó su teléfono rojo, y miró la pantalla. Las vibraciones habían sido por 103 alertas de twitter, las más de ellas ocasionadas por tuits de un fulano al que seguía sin motivo alguno, quien repetidamente posteaba que odiaba a Yoda, esa mañana su odio por el sensei  jedi verde estaba en su apogeo, y por eso el fulano tuiteaba tantas cosas que ni a él mismo le importaban. Ella sólo dijo “carajo”. Reactivó el timbre de su teléfono rojo y abandonó también el café de la condenada Condesa.

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7 comentarios en “Las redes antisociales

  1. A mi me parece una falta total de respeto, estar pero “no estar” en una plática… y más si los distractores se dan por asuntos sin relevancia…

    Esta era es muy extraña, porque se supone que hay mil cosas para estar comunicados y sucede exactemente lo contrario….

    Y pensando el lo que escribes, la otra vez que fui a un restaurante, llegó una familia completa (madre, padre, 2 hijos) y cada uno con sus audifonos puestos.. llegaron, pidieron, comieron… y nunca se miraron ni se dirigieron palabra alguna entre ellos…. O_o…

    ¡en fin!….

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  2. Muy buen escrito!!!
    Me encanta!!
    Me gusta cuando enlazas temas principales, con esos paréntesis existenciales… salvo los de la esposa jajajaja
    Pero es un tema serio, y es impresionante!!
    Cuando llegué al aeropuerto de Maiquetia en mi último viaje a Venezuela, en la sala de esperas de maletas….me sentí en una pintura surrealista
    El avión venía, hasta los teque teques- total lleno- jajaja
    Yo llegué a la sala, unos minutos después de mis compañeros de viaje, por una parada en el baño
    Te juro que cuando entré…me sobrecogió la escena
    Todos!!!! niños y adultos, chateaban o leían en su celular
    Se veía tan extraño, que pasan los días y sigo con esa escena en mi mete jajaja!!!!
    Era como la de alguna película futurista:
    Los teléfonos programaron a los humanos y son ellos los que mandan y transmiten las ordenes del día…y quien no obedezca y no se conecte…será por siempre desconectado de la vida jajajaja!!!!

    Besosssssss

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    • muchas gracias por tus palabras Gizz. Sí, la gente pensando que ahora está más comunicada, realmente se enclaustra en sus maquinitas. ¿Quién les dice que no están realmente comunicandose con un ‘respondedor’ automático robotizado? Ciencia ficción. Un abrazo.

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