En el reino de los ciegos

“En el reino de los ciegos el tuerto es rey”, no dijo, pero lo pensaba a diario, el rey de la Corte de los Milagros.
Salomónicamente reflexionando que todo es vanidad, observando mentalmente el absurdo constante en el cual nadamos y también respiramos, es curioso notar como estamos tan juntos y a la vez vivimos tan aislados.
Los bufones dan menos gracia cuando son conscientes de sus bufonadas, que cuando se toman en serio o cuando no hacen nada.
Las palabras pueden llegar a ser importantes, cambiar vidas o destruirlas, aunque a la mayoría se las lleve el viento, sin dejar huella y careciendo de valor. Mero aire escupido por la boca.
Hay sustancias de evasión que en vez de permitir el escape, te exponen más a tus errores, y muchas veces se convierten en problemas mayores por sí mismas.
Quizá el verdadero sentido sea renunciar a buscar lógica a todo y vivir siendo uno, sin romper rabiosamente molinos de viento ni querer cambiar a la gente.
Alguien silbó en la cercanía, a manera de saludo vulgar y ruidoso, sacando al tuerto de sus meditaciones sin rumbo, y adentrándolo a la rutina de la jornada.
Al final tanto pensamiento quedó en el olvido.

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