Regalo navideño

El sol apenas despuntaba, eran dos horas antes de su acostumbrado despertar cuando iba a la escuela, pero Navidad siempre es especial, siempre merece una desmañanada.
Se había portado bien, casi todo el año (en lenguaje infantil esto significa las tres semanas previas al 25 de diciembre).
En la carta a santa Claus había sido muy claro: el un videojuego de la violenta película exitosa, el dinosaurio violeta y los duendes no violados, o sea de marca, (esos duendes que estaban de moda y que eran más dulces que la kriptonita de un supermán diabético).
Saltó de la cama y corrió a la sala en donde estaba el árbol decorado. Al llegar, la emoción se le desbarrancó por completo de la carretera del Júbilo, y la emoción ya no dio signos vitales, pues allí no había ni un videojuego, duende ni dinosaurio morado, sólo había un auto rojo a control remoto.
Papá también había despertado ya, bajó con la bata que la noche anterior le regaló la tía amarga, esa que había que tratar muy bien, pero sólo porque tiene mucho dinero.
“Salgamos a probarlo”, dijo papá respecto al juguete. Papá siempre deseó en su infancia un auto a control remoto, y si era rojo ¡mejor!, así que vio muy oportuno que santa le trajera ese regalo al pequeño.
Ambos en pijamas, a mitad de la calle observaban al auto avanzar, retroceder, detenerse y ponerse en marcha, obedeciendo fielmente las órdenes de papá, quien tenía en sus manos el control sin visos de querer soltarlo.
“¡Cómo nos divertimos!, ¿verdad hijo?”, dijo el hombre mientras en el rostro del niño no había ningún rastro de emoción, simplemente imaginaba cómo se estaría divirtiendo él si santa le hubiera traído lo que le pidió.
Papá feliz, y tanto que ignoraba a su hijo, olvidaba también la dura situación en el trabajo, borraba momentáneamente de su memoria la espada de Damocles del desempleo que desde hacía meses pendía sobre su cabeza, colgada de la crin con urzuela de un caballo anémico.
El hijo quiso resignarse y se acercó a papá para pedirle un momento el control de ‘su’ juguete nuevo.
Papá se negó y siguió controlando el auto.
Papá se entretuvo hasta que se le acabó la batería al aparatito. “¿Te gustó hijo?, ¿verdad que es divertido?”
La Navidad es definitivamente un día especial para marcarte de por vida, agradable o desagradablemente, pero sin duda siempre hay una que recordarás por el resto de tu vida.

Santa llegó a la ciudad
Santa llegó a la ciudad

6 comentarios en “Regalo navideño

    • Es extraño no dejarse llevar por la corriente. Yo recuerdo dos en especial: una en que mis padres tuvieron una fuerte discusión sobre un árbol frutal que no dio frutos (así como en el cuento de Juanito y las habichuelas) y otra en que la familia, en montón, le recriminó a mi papá que jamás pensaba en la persona a quien regalaba sus regalos impersonales.Fueron hace muschos años, pero al parecer de ellas sólo recordamos lo que no fue lindo. Igual es mi visión de las cosas. Un abrazo Aldabra.

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