Es sólo una fase

Es tan solo otro arranque de palabras, salido de mi ronco pecho y corazón maltrecho.

Un arranque arrancado del alma, sin calma, pero con una estructura fracturada más o menos correcta, no recta, aunque carente de ideas.

En la aparente indolencia, sin dolo, confieso que muchas cosas aún me duelen e importan, sin salir de fronteras nacionales o extranjeras.

Me sigo preguntando ¿qué es lo que era tan especial?

Muchos libros, películas y conversaciones interesantes. Mucha religión en el camino, que ahora me importa un comino.

Honestamente no sé por qué tantos recovecos, para al final no encontrar ni un sentido, más que el sentido pésame.

Aún admiro la belleza, pero eso no me llena, ni yo a ella; la verdad nada parece ir más lleno que las ballenas; al menos sólo nominalmente, normalmente.

Ojalá no se dé el caso, después del final, de tener que empezar otra vez, de nuevo y como nuevo.

Ahora lo que más me asusta es la inminente vejez.

Aunque haya encontrado pocas personas que coinciden conmigo, en el fondo siento, al 100%, que nadie piensa como yo, y me alegra que no haya aquí dos que piensen de manera idéntica.

Pocas cosas me calientan, como me calienta el sol.

Para qué retomar la pluma cuando no se tiene realmente nada que decir, cuando no se puede volar y cuando lo único que puedo expresar es tedio y un sentimiento infeliz.

No me quejo, aunque los conformes digan lo contrario.

Espero no sonarle desagradecido al destino, no quisiera hacerle agravios y por ende ponerme en una situación grave.

Puede que se trate de una fase pasajera, aunque ya lleva mucho tiempo anidada en mi persona. ¡Quién pudiera encontrar el no-ser en el mar de la calma!

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Carta aclaratoria

Estimado(a) cliente(a),

Le estamos enviando el Pequeño Diccionario La Luz sin Ilustraciones y un volumen del “Tratado neoplatónico acerca de la inutilidad del tiempo”. Lamentablemente por causas de fuerza mayor, nos es imposible enviarle los dos premios que originalmente prometía nuestro anuncio televisivo, ya que el Rascador de abdómenes para pordioseros y el Paraguas colador se han agotado. Le pedimos que por favor se tranquilice, por su propio bien, y que se ahorre el tiempo que perdería si intenta demandarnos, pues además de que contamos con un excelente departamento jurídico tenemos sobornados a importantes personajes de la Suprema Corte de (in)Justicia y del gobierno.

Gracias por su compra y esperamos volver a ser favorecidos por su preferencia.

Atentamente,
Compañía Kafkiana importadora de objetos inútiles.

No soportarse

Hay veces en que uno le resulta insoportable a uno mismo. Tanto que quisiera separar el cuerpo del alma, o alejar los hemisferios de la cabeza para que formen continentes sin conexión. Pero no es posible, ni en sueños se escapa uno de uno mismo.

Solía agradarme mi propia compañía, pero circunstancias ajenas y propias me han hecho ir perdiendo la paciencia. Igual es desgaste por el tiempo, manera natural para irse despidiendo.

Percibir que uno hace lo que solía criticar tanto en otros, ver que las soluciones a problemas ya no salen fácilmente de las mangas, o descubrirse que a ciertas alturas del partido uno ya viste chaleco.

No serían suficientes el opio ni la heroína para alejarse uno de su misma persona, tarde o temprano ese uno regresa y esas falsas salidas suelen desembocar en culpas o en purgas.

Ni modo, tal parece que no quede de otra que poner cada cosa en su lugar y aguantar, ya sea en el estóico portal, en la redundancia de la esfera o en la desesperación del que espera. Aguantar, apechugar y bancarse al lado de la cancha, o en la estación, esperando el último tren.

Así es la vida.

Odiarse a sí mismo
Odiarse a sí mismo

Adioses no cordiales

La imposibilidad de terminar una relación de manera cordial.

Cerrar las puertas, sellándolas para que jamás abran de nuevo.

Llevarse consigo la bolsa de malvaviscos dulces para asarlos en el infierno.

Dejar libre al Mr. Hyde interno, para que haga el trabajo sucio de poner la pesada piedra encima de la tumba de lo que fue bueno.

Mostrar ese lado oscuro, insolente e indecente, que se asoma después del hartazgo.

Así nunca se llega a ningún lado, así jamás se queda uno atorado.

En el fondo me quisieron, pero ahora cuando me recuerdan eligen no mencionarme.

“Había algo bueno en él”, dicen, “pero lo prefiero a la distancia”.

Vaya forma de irse uno quedando poco a poco solo.

Vaya manera grosera de decir adiós.

Pero no lo puedo evitar. Siempre termino haciéndolo mal.

 

Loneliness. GONCHAROV Andrei Dmitrievich. 1954
Loneliness. GONCHAROV Andrei Dmitrievich. 1954

Fe

La fe mueve montañas, encumbra religiones y hace que puedas creer mentiras (bien tragadas y sin ensalada, quizás ensalzadas por las multitudes a los pies de algo o de alguien).

La fe altera tu memoria y borra infiernos donde casi nunca hubo paraisos, parnasos ni pambazos. Es vitamina de la memoria selectiva, sepulturera de los malos recuerdos.

La fe es una necesidad. Sin fe, más de la mitad del mundo se pegaría, de manera individual, un tiro en la sien (derecha o izquierda, aquí no hay distinción, aunque se requiere de fe para creer en la política), mientras la otra mitad del mundo sólo se quedaría lánguidamente en sus casas… dejándose morir; decidiosamente esperando el fin.

La fe te transforma para bien o para mal, aunque por lo general es lo segundo, y a veces tarda en hacerlo menos de una hora. Ella permitió que estuviéramos cerca y ahora es la que nos mantiene lejos.

La fe sólo requiere de un corazón dispuesto, o venido a menos, el templo es un lujo de más. Hay veces que la fe no es más que un monosílabo sin tilde, y que me tilden de lo que sea, total, es más fácil estal tildado que de pie, sin impoltal la fe.