La tristeza es hija natural de la indiferencia

Tengo una mente bloqueada que quisiera decir algo, pero que no encuentra el sentido para hacerlo. La indolencia me va hundiendo como arena, y estoy hasta el cuello de ella, pero es demasiado tarde para impedir su avance.

Me siento encadenado a las palabras, que me saben ya tan huecas porque todo ha sido dicho. Sigo ambicionando imágenes, pero me topo con que no existen colores nuevos.

Claudio inventó letras que perecieron después de que él murió. Mientras expulsaba judío,s éstos le dijeron que no hay nada nuevo bajo el sol.

Quizá el motor de la vida sea el amor, y creo que hay muy poco amor en el desierto. No puedo asegurarte si todo esto es verdad, espero comprobarlo antes de que se me acabe el tiempo.

Lamento tener que romper hoy mi promesa de amarte por siempre, pero es que acabo de prometer lo mismo a otra persona. Debo hacerle creer también que tengo palabra, al menos mientra la empeño con alguien más.

A pesar de todos los cambios, sigo siendo el mismo. Sigo teniendo sueños, que en su mayoría son pesadillas empeoradas cada noche. Quizá te parezca otro, pero sólo es la tristeza, hija natural de la indiferencia.

La mente sigue negada a expresar cosas nuevas, a realizar ese esfuerzo que produce una chispa creativa. Todos somos tan nada, y todos somos tanto; sin embargo me corroe la indiferencia y no quiero saber más.

 

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