Algo cambiará tu vida (dijo la adivina)

“Pronto, antes de que este día termine, algo sucederá, y cambiará drásticamente tu vida”, dijo la adivina anciana a su ansiosa clienta, la cual pidió a continuación información más detallada al respecto, con mucho respeto.

“Lo siento”, le dijo la vieja a su joven clienta, “me está prohibido decir más”, y llevándose la arrugada mano a la cabeza, como si con ese movimiento pudiera brindar algún alivio a su sesera, la anciana dio la sesión por terminada.

La bella joven salió del oscuro cuarto decorado enteramente con impresionantes figuras grotescas, aves nocturnas disecadas, muñecos vudú polvorientos, ramas torcidas y secas de árboles añejos- y sin poner mucha atención a nada, debido a sus profundas reflexiones,  llegó hasta la calle.

Cuando la joven abstraída llegó a la esquina, el semáforo estaba en rojo. Un hombre  maduro y opulento, recién divorciado y hambriento de afecto, a bordo de un flamante Mercedes, miró a la joven y sintió de inmediato el flechazo del estúpido Cupido.

La joven también reparó en el caballero, y deseó haber tenido una apariencia más arreglada para ese momento, pues el tipo se le hizo muy agradable.

Él bajó la ventanilla de su auto para llamar a la joven, pero ésta para entonces ya había regresado a sus reflexiones y no lo escuchó. Se preguntaba si la adivina se hubiese referido en su predicción a José, el ex novio con quien había roto hacía apenas dos semanas.

José, el ex, era un patán pedante, holgazán bueno para nada, macho petulante, alcohólico violento, grosero y nada guapo, pero ella aún lo amaba.

El semáforo cambió a verde y el hombre maduro opulento aceleró su auto, totalmente ignorado y con la palabra en la boca, meintras ella volvió a caminar.

El Mercedes desaparecía para siempre de su vida y ella siguió caminando pensando en José, cuando casi chocó de frente con un vendedor ambulante de billetes de lotería que le salió al paso.

“Güerita, cómpreme uno. Es para hoy, mire que es de buena suerte, termina en siete”, le dijo el vendedor a la joven, algo desesperado pues no había vendido ni un boleto en todo el día. Ella apenas lo notó y se siguió de largo tratando de encajar la figura de su ex novio en la profecía escuchada hacía unos minutos.

Esa misma noche el boleto que le ofreció el vendedor ganó el premio mayor.

Pero esa tarde ella siguió caminando, reflexionando, llegó hasta abordar un autobús y se sentó al lado de una mujer de desaliñado aspecto. Ésta también iba reflexionando, pero alrededor de su propio pasado, llegando a conclusiones que resultarían muy interesantes a cualquiera, pues trataban sobre las relaciones de pareja. La desaliñada quería compartir sus pensamientos con alguien y por eso intentó hacerle conversación a la joven preguntándole la hora. La joven dejó de pensar unos segundos en José para responder a la mujer desaliñada: “lo siento, no tengo ni idea”, y después se volvió a encerrar en sí misma.

La desaliñada se desalentó y pensó que igual y no valía la pena nada de lo que había reflexionado, entonces también se encerró en sí misma y se puso a pensar en lo que vería por televisión llegando a casa.

El mundo se volvió a quedar sin saber qué es lo que hacer funcionar bien a una relación.

La joven decidió bajar del autobús cuando estuvo cerca de la casa de su ex novio José (jamás se enteró que dos cuadras más adelante el bus sería embestido por un tren y ninguno de los pasajeros sobreviviría, aunque de alguna manera el chofer logró escapar).

La joven decidió armarse de valor gracias a lo que creyó que le había anunciado la anciana adivina, y fue a ver a José. Mientras tocaba el timbre daba los últimos toques a su discurso y a su petición de que volvieran a ser novios.

El patán pedante, abrió la puerta y tras escuchar las palabras de la joven, sonrió y accedió (“No es tan fácil encontrarse a alguien tan pendejo en este mundo”, pensó José cuando le decía a ella que sí).

Durante seis meses la joven pensó ser feliz y agradecía a la adivina su profecía. Pero eso duró hasta que sorprendió al novio patán pedante besándose con una morena en un café, pues él creía que la joven estaba entonces en el cine con unas amigas. En ese momento ella dio así por terminado su noviazgo con José y se propuso jamás volver a creer en las adivinas.

2 comentarios en “Algo cambiará tu vida (dijo la adivina)

  1. Mis respetos ESCRITOR!!!!
    Qué buena narración!!!! Es perfecta!!!!!
    Ritmo, imágenes, moraleja y un final literario contundente!!!!
    Me ha encantado!!!!
    Y fuera de lo literario bonito: Vaya verdad existencial…tantas veces, dejamos de ver, por empeñarnos en una ceguera !!!
    Besosssssss

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