El artista que vive más de lo debido

Triste
el tiempo nos va deslavando, haciéndonos víctimas de la decadencia, y el artista no está excento
pues él se repite, se desespera por recuperar sus glorias añejas
los seguidores comienzan a malbaratar y regalar las obras de aquel que ayer admiraban
esos viejos tesoros que realmente no valían mucho más que un sentimiento, valen menos ahora que un grano de arroz
los aplausos se apagan, los clubes de seguidores se van cerrando poco a poco
si aún existieran enciclopedias impresas, por fin aparecería allí el nombre del artista
se le nombraría como se nombra al pájaro dodo o al T-Rex, como una cosa que hizo algo… siempre en pasado
así se va poniendo gris todo
hasta el día de la muerte del creador, antes tan admirado
cuando llega su muerte verdadera (no la primera, esa que experimentó mientras vivía y era olvidado), empezarán los homenajes
el último adiós, como el que hace cualquiera para obtener el perdón por la desmemoria
un minuto de silencio, el primer instante de lo callado que será el resto del tiempo
Todo pasa, todo se olvida

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