Viajar en tren

Mi abuela viajaba mucho en tren. Sus hijos eran maquinistas, excepto el que fue policía. Su esposo, mi abuelo, había sido también alguien importante en esos asuntos de los trenes, incluso se decía que lo mataron en una operación de urgencia a la que se tuvo que someter. Dicen que le pagaron al médico para que ‘se equivocara’ en el quirófano. Mi abuela quedó entonces sin dinero y con muchos hijos a quienes cuidar. A los pocos meses de muerto mi abuelo nació mi mamá.

Mi abuela tenía un trenecito de metal, de baterías, al cual quería mucho y lo sacaba muy de vez en cuando. Ella solía ir a visitar a sus hijos y parientes viajando en tren, no en el de baterías, por suspuesto. Fue entonces que la palabra ‘pullman’ tuvo un significado casi mágico para mí. Desde entonces tuve mucha ilusión de viajar en ferrocarril.

México llegó a tener un sistema muy eficaz de vías ferroviarias por todo el país, pero el servicio para pasajeros fue de mal en peor. Yo fui de las últimas personas que viajaron en tren de pasajeros en este país.

Recuerdo que tenía planeado un viaje a Chiapas, pero justo cuando iba a comenzarlo el estado sufrió una gran inundación y quedó incomunicado. Al no poder viajar al sur decidí viajar al norte. Compré un boleto de autobús y terminé en el pueblo montañés de Creel. Antes pasé por Zacatecas y por Durango. Cuando llegué a Creel mi sueño por fin se hizo realidad. Allí tomé un tren con rumbo a Torreón para luego ir a Guadalajara.

El vagón donde viajé era como un museo con ruedas, pero en estado deplorable. No pude dormir bien porque me despertaban las manchas movibles que en realidad eran grandes cucarachas caminando por las paredes. El vagón era asfixiante y olía mal. Sin contar por ejemplo que cuando por fin pude dormir, me desperté de inmediato. La razón fue otro pasajero que se puso de pie, suelo tener el sueño muy ligero y cualquier cosa me despierta. El pasajero era un viejo que se levanto para estirarse y tirarse un sonoro y prolongado pedo. Yo me puse de pie, y antes de percibir con el olfato lo que había percibido con el oído me fui a dormir en la conexión que hay entre vagón y vagón.

Pero no todo fue malo, en esa ruta por la Sierra Tarahumara el tren pasa por lugares realmente hermosos. Montaña, bosque y grandes barrancas. Actualmente creo que hay trenes especiales para turistas que hacen esa ruta, no un medio de transporte como tal sino un viaje turístico. Cuando viajé lo hice en un tren normal, de verdad, y no en una experiencia empaquetada para holgazanes que se creen aventureros por el pago exorbitante de una cuota, algo tan exótico como tragarse un café en Starfucks.

En ese viaje casi muero decapitado por un tractor que no supo detenerse lo suficientemente alejado de la vía, rasurando un borde del tren y haciendo volar en mil pedazos la luz roja del cabús. Pero a mí no me pasó nada, obvio, por eso estoy escribiendo esto. Esa historia la he contado mucho.

La estación de Torreón, en la cual hice conexión de trenes, era como un lugar para fantasmas. Ratas y basura. Abandono total. Realmente pensé que el tren jamás llegaría, pero llegó.

Cuando pienso en medios de transporte no pienso ni en aviones ni en autobuses ni en autos, siempre es en un tren. En tren recorrí Europa de Barcelona a Roma, pero la experiencia fue muy distinta a la mexicana. Siempre he sentido que la vida es un viaje en ferrocarril, cuyo destino es una estación que no conocemos y que es imposible saber qué pasará después de que lleguemos, si es que pasa algo. Hmmm eso sono a Forrest Gump, ¡carajo! Voy a destronar a los best sellers de superación personal si sigo así.

Los trenes son para mí algo imponente, como lo es el mar. Algo que debe estar siempre en movimiento. Las máquinas y vagones que hay en algunos museos me resultan como esqueletos de dinosaurios. El tren siempre ha simbolizado algo romántico para mí, ¿no es ese el medio por el que viajaron grandes poetas, personajes de novelas, además de ser el verdugo de Ana Karenina? En fin, espero pronto volver a Europa para poder tener la oportunidad de viajar otra vez en tren.

Viajar en tren
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Intolerancia (el pequeño vestido negro)

En su pequeño vestido negro, deseando seducir o morir, matar con pasiones despertadas por su adquirido arte de la feminidad.
En su pequeño vestido negro, presumiendo la apertura sexual, exhibiendo lo mucho que siente la ley del cuerpo, gritarle al mundo que le permita ser, aunque ya sea, sin quizá haber siempre sido.
Presumiendo el ejercicio, las operaciones, hacer notorio que al fin alcanzó ese ideal trazado desde tiempo atrás, en su pequeño vestido negro tratando de ser un ensueño.
Tacones altos que pisotean derechos ajenos en nombre de la libertad propia, labial rojo carmín de ardientes huellas, larga cabellera bien cuidada y un exótico perfume. Así bailaba, reía y marchaba. Así besaba, manoseaba y se jactaba, públicamente, luchando visceralmente por la aprobación general. Así intentaba atraer o convencer. Pero…
Quizá el que intentó seducir era un inseguro, quizá alguien que tenía una mala experiencia o un tipo con exceso de intolerancia. Quizá sólo tuvo a mal cruzarse en el camino de un hombre cualquiera que no desea que trasgredan sus fronteras. Igual sólo fue un macho con mostacho a la village people para quien su mamá es virgen como la de Guadalupe,un hombre de cinturón con gran hebilla metálica, “hombre” de esos que se creen ingeniosos porque siempre hablan en doble sentido con connotaciones sexuales. Pero lo casi seguro es que se haya tratado de un hombre que con violencia quiso demostrar su masculinidad, viril a golpes, que terminó huyendo cobardemente hasta perderse en la noche.
A pesar de la autoconfianza, de la alegría, del exhibicionismo desenfrenado, a pesar del maquillaje, la moda y el apoyo de ciertos gobiernos, ahora yace un hombre afeminado ensangrentado y doliente, maquillado, golpeado y sollozante en el suelo, enfundado en su pequeño vestido negro.
Al final todo parece malo cuando es en exceso, sino pregúntale al hombre del pequeño vestido negro.

Para los que nacen una vez que han muerto

Existen bebés que nacen una vez que han muerto, y no se preguntan nada.
Hay jugadores que apuestan y a tiempo se retiran de la mesa.
Puedes creer que Dios es un anciano bonachón con aspecto humano
o que es alguien que se divierte con nosotros, como nosotros lo hacemos con un criadero de hormigas.
Quizá todo sea el sueño de una mariposa drogada que se mareó con una luz.
El amor es una bella historia y la felicidad una estrella fugaz, que tiene demasiada prisa como para detenerse más de una hora.
La vejez está diseñada para hacernos humildes a todos a causa de la impotencia absoluta.
Las mentiras son verdades opacas.
Mis despedidas no son muchas, sólo es una, pero prolongada.
Espero impaciente en la estación, para llegar al final de la línea. Aunque lo que me temo es que eso sea un nuevo comienzo.
Cada cabeza es un mundo, cada mundo tiene su versión; así jamás estaremos de acuerdo en nada.
No existe la religión verdadera.
Igual y existe un Dios.
Pero creo que hay bebés que nacen una vez que han muerto.

Quisiera decir adiós

Nada es fácil, pero tú eres imposible.
Me dijo la chica que me confundió con un espejo.
Aclaro yo que nada es claro en la turbia vida.
Será usado en mi contra cualquier cosa que diga.
Unos echan la culpa al Diablo de todo lo malo.
Otros culpan de lo mismo a Dios.
Adiós es lo que quisiera decir, de manera definitiva.
Pero aquí sigue uno, envejeciendo, contando los días.
El mundo es inmundo, pero también es bello y estupendo.
Es la mezcla de sus factores lo que lo hace difícil para la digestión.
No culpo a los políticos, ni a los magnates ladrones que basan su fortuna aprovechándose vilmente de las masas.
Culpo a las masas de idiotas que les dieron tanto poder a aquellos.
F. Scott dijo que todos los que imitan tienden a imitar invariablemente a los inimitables.
Eso deja a la humanidad hecha una caricatura ante uno o dos que fueron originales.
Duele comprobar que lo que menos toleramos lo tenemos incluido en nuestras propias personas.
¡Era tan lindo señalar las vigas en las niñas ajenas!
Clop, clop, clop, se oye a lo lejos, en un monte de Oliva Popeyesca,
calvos que clavan clavos en una madera con claveles en el ojal.
Van a inmolar al amolado siguiente, al que dijo la verdad y al que luego honrarán.
Unos dicen que es hijo del Diablo, otros dicen que es hijo de Dios,
No falta quien diga que es Dios mismo o quien despierte y exprese que todo fue un sueño.
“Toto, no hay lugar como el hogar” y a bailar con tus zapatillas de cristal, antes de que a la calabaza le de la medianoche.
Pero de nuevo me despiertas, me sales con tu tecnocracia, con tus estadísticas.
Quisiera tomar el último tren, pero dicen que ya no funciona.
Que ahora debo contentarme con viajar virtualmente en uno que en realidad no me llevará a ningún lugar.
Ya clavaron al último cordero, ahora están listos para erigirle su iglesia o su monumento.
Pero no temas, ya tienen en la mira al siguiente inocente que sólo pide que las cosas sean congruentes.
Yo, bien esperanzador, escupo amargura desde mi postura. Desde mi desesperación.
Quisiera convencerme de nuevo que hay algo justo en este lugar donde la balanza parece ventilador.
Quisiera, pero ya no puedo vomitar la mordida del fruto prohibido que dejó Adán enlatado para los curiosos de la posteridad.
Estas palabras solían escapárseme intoxicado, ahora se me salen sin ninguna sustancia.
Sólo quisiera decir adiós de manera definitiva.

Cuidado

Jamás te enamores de un artista con convicción, porque lo más que serás para él es un segundo lugar en su vida.

Jamás te hagas amigo de un ególatra, porque siempre quedarás en el papel secundario.

Nunca caigas en las redes de una mujer fatal, porque no serás más que un accesorio. No es bueno ser el blanco de aquella que no tiene tino, o que lo tiene muy fijo, pero compartido.

Qué más…, ¿qué te puedo decir si no crees en la biblia ni en ninguna otra literatura sagrada, y menos crees en el sentido común? Cómo ayudarte si sólo crees en las estadísticas, en los datos duros y en la tecnocracia.

Todos tenemos cortos circuitos en la azotea. Todos tenemos la necesidad de ser reconocidos, y los que no, son sombras masificadas.

No puedo decir muchas cosas en una noche de excesos moderados, no sé qué más opinar cuando esperas confesiones, consejos para permanecer de quien sólo quiere salir.

No te metas en el camino de quien sólo ve por sí mismo y únicamente le atrae lo nuevo, pues acabarás en un extravió peor que el de esa persona. Aquí ahora, y mañana en otro lado. No esperes de esa persona un puerto para las tormentas.

De hecho no confíes en nadie. Confía en ti y en lo que brilla de verdad; la pirita no es oro, jamás.

No te entiendo

No te entiendo

No comprendo tu cerrazón ni tu firme convicción respecto a la verdad absoluta de las matemáticas, ni tu creencia en la perfección de las estadísticas

No entiendo la falsa idea que tienes de poder manipular a la gente, ni tu absoluta inmersión en el trabajo.

No entiendo por qué tus momentos de soledad son una constante evasión con televisión.

No entiendo tu fe en la multitud de falsos profetas sin dios.

No entiendo tu artificial amor a la música, enajenándote con melodías de la noche a la mañana.

No entiendo tu aversión al silencio ocasional ni tu necesidad de rodearte de ruido.

No comulgo con tu soberbia histórica, y mucho menos con tu creencia de que la humanidad es ahora mejor que nunca.

No comprendo tu adoración a la tecnología, tu autismo mecánico ni tu automatización existencial.

No entiendo cómo puedes confundir y mezclar tanto el tener con el ser.

No entiendo que te autoproclames creativa, cuando a toda creación la quieres encerrar en cálculos y cuentas.

No entiendo tus supuestas aventuras cuando éstas no son más que vacaciones empacadas, pagadas con una tarjeta de crédito.

No entiendo tu concepto de libertad cuando éste sólo se basa en poder elegir marcas de refresco.

Lo que antes era ciencia ficción es ahora realidad, y no has notado que eres su esclava.

Ahora entiendo la náusea vomitiva que producen los tibios, los borregos aleccionados, los mediocres que se autoproclaman exitosos.

Ahora sé que todo es vanidad.

Ahora renuncio a tu realidad.