Blindian, vagabundo de la indiferencia

Lincoln tomó la abolición como bandera, y aplastando un viejo orden para imponer el suyo, se hizo héroe debido a la liberación de los esclavos negros. ¿Cómo es que la historia lo recuerda así, y olvida que en el expansionismo del país que gobernaba aplastaron y extinguieron a muchas tribus nativas? La versión oficial de la historia la escriben siempre los vencedores, y es reescrita por los bisnietos de los vencidos, quienes, resentidos por la sangre mezclada que llevan, procuran ponerse en contra de sus padres sacando los esquéletos encerrados en el clóset de sus antepasados.

De aquellos nativos americanos por lo general sólo quedaron los nombres geográficos y una que otra reservación. En los relatos de victorias abusivas queda el consuelo que inspiran los viejos héroes como Toro Sentado o Caballo Loco. En el olvido quedó Blindian, aunque no era ni héroe ni villano.

Blindian era un indio de sangre pura americana. Despreciado por su pueblo de origen debido a su postura ajena y conciente del fin de una era, despreciado por los blancos debido al rojizo tono de su piel, Blindian no tenía ni un amigo, o al menos eso cuentan los pocos que relatan algo de él.

Su nombre verdadero está sepultado en el olvido, pero tenía algo que ver con la palabra “ciego”. Los blancos despectivamente quisieron jugar con sus palabras anglosajonas y le llamaban Blindian (de “blind”, ciego e “indian”, indio), debido a que a pesar de que no había nada malo con sus ojos lo consideraban tan invidente e irreal como la peor fantasía de alcohol.

Blindian vagaba, teniendo el cielo como techo (con sus incontables goteras incluidas y su constante inclemencia del sol). Blindian no daba al César lo que era del César ni adiós decía cuando partía. Lo suyo no era anarquía, ni estoicismo, simplemente expresaba que todo estaba perdido y que mientras los posibles dioses se decidían a llamarlo, él demabularía en vida tal como sus hermanos lo harían en espíritu una vez que los blancos les arrebataran todo.

Vagaba siempre sin rumbo por los territorios del norte de lo que hoy es EEUU y el sur de Canadá. No era huraño, de hecho conversaba con quien quisera intercambiar palabras con él, claro que si el interlocutor era de esos que gustan presumir la idiotez propia como si fuera un don o un prodigio, Blindian se daba media vuelta a media charla y seguía su camino deambulante.

Blindian no luchó, no escribió cartas emotivas a ningún líder blanco, no fue jefe de nadie, aunque tampoco siervo de ningún tipo de amo. Algunos podrían pensar que al no tomar partido, bando ni sacrificarse por su gente, era un tibio de esos que dicen que vomita Dios. Al parecer a Blindian no le importaba ser digerido ni devuelto, tampoco apresuró su fin. La gente que se había acostumbrado a su presencia, simplemente se acostumbro de un día a otro a su ausencia.

No sabrías de él si no te hubiera hablado de Blindian hoy.

Indian Statue in Front of Cigar Store

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