El árbol

¿Cómo lograr escribir acerca de una planta o un árbol, sin cometer el herror (con hache) de hacerlo parecer humanoide y social?
Su rugosa corteza envolvía descortés su fortaleza. Plantado como los demás, en línea recta a lo largo del sediento camellón en el enorme desierto de asfalto.
Estático, a su alrededor todo parece ir demasiado aprisa, excepto los domingos y las madrugadas.
Recibe por igual al calor y al frío, a la lluvia y al sol. Allí está, verde y dando la apariencia de tener buena salud.
Ha estado ahí desde que la calle fue pavimentada por primera vez, de esto hace más de 40 años. Mi edad.
Lo plantó un hombre viejo que ahora probablemente sólo sea un conjunto de huesos a dos metros bajo tierra.
Es probable que esos árboles puedan vivir más de 100 años, en soledad o en compañía.
Pero esto no es un bosque, es una gran ciudad, sobrepoblada e histérica, contaminada y contaminadora.
No importa que algunos enamorados hayan grabado sus nombres en su corteza, no importa que sus ramas hayan albergado nidos para muchas generaciones de pajarillos, de esos que andando en saltitos enternecen a las niñas, no importa que varias veces haya sido el receptáculo de la territorial señal urinaria de muchos perros, nada de eso importa.
Es necesario ensanchar la calle y por ello se debe derribar este árbol.
No hay noche triste que valga.
Para la mayoría es tan solo un verde menos en esta, cada vez más gris, ciudad.

 

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