Larga vida

Me consta. El tiempo pesa más que cualquier metal. El plomo flota si lo comparamos con las hojas del calendario. Lo que se gana en experiencia, se pierde en vigor y fuerza. Compensaciones de un destino que tienen amargo sabor a injusticia.
A pesar de todo, nadie está nunca satisfecho con lo que tiene.
Los jóvenes desprecian su juventud, comienzan a valorarla a partir de que la pierden.
Los viejos tienden a entristecerse por su realidad y por el extravío de sus sueños (aunque muchos ya ni siquiera pueden dormir).
Desearle a alguien “larga vida”, puede ser para muchos más que un buen deseo, una maldición.
Los viejos tienden a glorificar los tiempos pasados, como si realmente hubiesen sido mejores y más justos. La memoria es más selectiva que la evolución. Claro que hay viejos que no han sido del todo carcomidos por ese autoengaño, y en un rincón de su alma saben que mienten cuando ponderan los días idos.
Todo ha sido y será siempre igual para la humanidad.
En tiempos del rey Arturo la gente se quejaba de que la caballerosidad estaba extinta, en tiempos del rey Midas el dinero era insuficiente.
En alguna vieja película de Tarzán mencionan que los elefantes, longevos por tradición y maldición, presienten cuando van a morir y entonces se largan a un mítico paraíso de marfil, conocido como el cementerio de los elefantes.
El ser humano hace lo contrario, trata de evadir la muerte, procurando irse a donde hay sobrepoblaciones de su especie, para en medio del tumulto, sentirse más solo que en medio del Sáhara. Siempre pensando que la muerte le es ajena. Así cree prolongar su vida, perdiendo el vivo y sobreviviendo de forma automática. Curándose de enfermedades que en el pasado arrasaban con quienes podrían ser los hijos de los viejos de hoy.
Hoy se prolonga la decadencia, se maquilla la agonía siempre tratando de ganarle la partida a la muerte, pero ésta siempre resulta vencedora al final.
Entonces el hombre actual llega arrastrándose indignamente, cargando en sus espaldas el paso de los años y su propia historia, hasta el sitio que la muerte lo reclama.
Sí, cada vez venden más pañales para adulto en el supermercado. Seguro ni lo habías notado.

ruins

Pensando en ti

Eres la más clásica belleza, la más bella de todas las clases, la más princesa de toda la nobleza y la más noble de la realeza. Eres la duermevela de mis madrugadas, inspiración de mis ensoñaciones. Eres la más dolorosa de todas mis derrotas, la más honrosa de todas mis victorias, la más salvaje de todas las tormentas y la única soportable de mis torturas. Eres la más sublime de todas las penas y la más deseada de todas mis caricias, la más auténtica de todas las verdades y el jardín de mis delicias. Eres el más pasado de todos mis presentes y el más futuro de todos mis pasados. La más grabada en mi mente y el más justificable en mis pecados. Eres la más triste de todas mis historias, la más feliz de mis memorias. La más real de mis fantasías y la más perdurable de mis alegrías. La más terrible de mis pesadillas, la más esperada de mis días. Eres el más imposible de todos los olvidos y el más bonito de mis delirios. Y con este bolero sin sabina me quedo solo, platicando en la cocina… pensando en ti.

Confusión

Entre las vueltas que me produce verte y los giros que me provoca tu perfume; yo ya no sé si estoy aquí o afuera, si lo que me quema es el hielo o es la lumbre.

Contigo sonrío de rabia, contigo me enojo de felicidad. Por ti escribo disparates en el aire, para luego ponerme a razonar. Las nubes son mi suelo y mi cabeza reposa en las olas, me tienes confundido, los años ya los mido con las horas.

No puedo separarme de ti, y tampoco puedo estar siempre a tu lado. Sé que hoy estoy tranquilo y que al rato estaré desesperado. El viento del norte gira al este, mi camino ya no es el mismo. Ignorando lo que me sucede, soy el único que entiende lo que pasa contigo.

saint

Entre un tango y un vals

Entre un tango y un vals dejaron de quererse, cansados de arrancar las hojas del calendario.

Todo había comenzado en el trabajo, pero una vez que se fue el peligro, también dejo de haber emoción.

Él jamás le dijo a ella sobre sus hijos con la primera, ella jamás le confesó sus más íntimos sueños.

Poco a poco él se acostumbro a su femenino cuerpo y ya no tuvo más que enseñarle.

Entre un tango y un vals dejaron de necesitarse.

Súbitamente él sólo se aferró a ella como si fuera una tabla de salvación, hasta que encontró a otra más joven y con menos educación.

A ella se le acabaron los trucos adictivos, la inocencia puede perderse sólo una vez en la vida, luego buscó refugio en romeos urgidos e intentó aportarlo todo. Pero el tiempo le ganó.

Entre un tango y un vals dejaron de mirarse.