Otro viejo saxofonista

Ardiente mediodía, en la sequía de un mundo que se va quedando sin agua, que va alterando su clima con un calentamiento asexual. Un saxofonista nonagenario, pidiendo limosna soplando tres notas en el vapuleado instrumento de viento… Tuuut, Tuuut, Tuuut, tonada aburrida, enfermiza, incapaz de sacudir la indiferencia de los citadinos. Ellos siempre con prisa de ir a todos lados (que es lo mismo que tener prisa para ir realmente a ningún lado).

Tuut, tuut, Tuut, ciertas edecanes de entalladas prendas, luciendo sus curvas para repartir publicidad en papel de una escuela privada, llaman la atención de todos los hombres acostumbrado a la objetivación femenina, encadenada, esa que pone a la mujer al mismo nivel que una lata de cocacola o de un papel higiénico suave, digno para trasero de oso. Las edecanes reparten papeles, cumplen su papel tradicional en esta suciedad y llaman la atención, llevándose de vez en cuando una guarra lisonjeada o quizá una descarada manoseada. Tuut, Tuut, tuut.

El saxofonista encorvado, sentado en la acera, cuasimodo adolorido y doblado por los años, cansado de la vida pero incansable para seguir con su necia tonada.

Y esos aztecas híbridos, mestizoa que en realidad no son más que gringos de tercera, obreros de cuello blanco, positivos creyentes del neoliberalismo, quienes juran que hay justicia laboral, que están acostumbrados a jornadas de 10 o 12 horas al día, horas extras en su oficina que no se recompensan monetariamente, pero dicen que así es esto, es lo que se tiene que hacer para ser alguien, y parecen bien pagados porque tragan café en Starfucks. Viles sombras tan efímeras como yo o como tú, que sienten que son algo, que sonríen como lo dicta el curso y el manual empresarial y de superación personal. Soñando en autos, en materializar sus sueños, y sí, sólo sueñan en cosas materiales. Tuuut, Tuut, Tuut.

Calle tapizada de publicidad, todo es marca aquí, marca allá, registradas en el espectacular arriba del edificio, en los carteles pegados en las bardas, en los anuncios con ruedas, en las ventanas y aparadores, en el piso, en la camiseta de algunos, en los calzones de otras, en las gafas de los terceros y en los tatuajes de los cuartos. Tuut, Tuut.

Calor abrasador. Rabia y odio sin objetivo preciso, democrático y bien compartido para con todos los semejantes, destilado frente a cada uno de los volantes que pasan conduciendo sendos autos por esta calle transitada. Todos los conductores quieren pasar primero, y esto ocasiona que nadie en realidad pueda pasar. Sí, esto es la jungla nena. Tuut, tuut, tuut.

Manicomio sin muros, todos enfermos sin esperanza, creyendo que viven y que son algo, dejando para mañana lo que es para mañana, olvidando que siempre es presente. Tuut tuut tuut.

El viejo da su último soplido, se desvanece y alguien, con un dejo de alma, lo deja allí tirado. El viejo muerto por sofoco no tardará en ser levantado, para descansar frío en una fosa común.

 

Imagino que comienzo a repetirme, o quizá antes era más cuidadoso con aparentar que no me repito. Esto que vi ayer, que escribí hoy, se parece tanto en muchos sentidas a algo que viví y escribí hace ya más de cinco años. coinciden: el anciano, el instrumento musical, la ciudad, la indiferencia y la actitud de mucha gente a ser como los estadounidenses, pero en región cuatro, versión tres o cuarta categoría. Éste es El “otro” saxofonista

 

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