La honestidad del engañador

Como el impostor atrapado con las manos en la masa (que equivale a manosear el volumen por gravedad, grave asunto sin duda), sintiendo que mi inmundo mundo incompleto está acabado (no en un final general, sino, como a cualquiera, en el particular sargenteado), ignorando el pacto que contrahechicé contigo, todo fue finiquitado en el momento en que rompí tu confianza de cristal.

Con pena de billete falso, condenado voy al cadalso, dando pasos indecisos hacia lo eterno, donde todo es verdad.

No puedo revivir el pasado, ni desatar lo que fue amarrado, tampoco purgar faltas ni estómagos, por eso tú y yo quedamos entonces como buques sin puerto, buitres sin banquete, tuertos sin ciegos a quienes gobernar, imposibilitados para sepultar a nuestros muertos.
Mis promesas jamás fueron cumplidas, aunque creíste cada una de mis palabras, incluyendo las más insinceras. Jamás aceptaste que es cierto ese secreto que reza sin dios: “quien no miente, jamás llega a viejo”. Por eso hoy pagamos ambos sin paciencia tu exceso de inocencia, y mi falta de honestidad. Qué más da, igual y la próxima vez nos vaya mejor.

cheating at cards

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