Ser insoportable

Hay veces en que uno resulta insoportable a sí mismo. Tanto que quisiera separar el cuerpo del alma, o alejar los hemisferios de la cabeza para que formen continentes inconexos.
Pero no es posible, ni en sueños se escapa uno de sí mismo.
Solía agradarme mi propia compañía, disfrutar de mi persona, pero circunstancias ajenas y propias me han hecho ir perdiendo la paciencia para conmigo.
Igual es desgaste por el tiempo, nos pasa con los demás ¿no es cierto? ¿Por qué no habría de suceder con la propia persona? Quizá sea la manera natural para irse despidiendo, preparándonos para el final cercano, para que la muerte sea preferible a la vejez muy prolongada.
Es feo, descubir que uno hace lo que siempre ha criticado, ver que las soluciones a problemas ya no salen fácilmente de las mangas, o descubrirse que a ciertas alturas del partido uno ya viste chaleco.
No sería suficiente el opio ni la heroína para alejarse de su misma persona, tarde o temprano uno regresa y esas falsas salidas suelen desembocar en culpas o en purgas.
Ni modo, tal parece que no queda de otra más que poner cada cosa en su lugar y aguantar, ya sea en el estóico portal, en la redundancia de la esfera o en la desesperación del que espera.
Aguantar, apechugar y bancarse al lado de la cancha, o en
la estación, esperando el último tren. Así es la vida.
angel

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