Súbitamente encendidos y de repente otra vez fríos

Sin saludo ni despedida, sólo el momento por sí mismo; súbitamente encendidos y de repente otra vez fríos.

Como dos autos en un cruce, en plena madrugada, frenando por temor al choque y arrancando sin decir nada.

No somos lo que buscamos, sino lo que podemos tomar. La necesidad transforma en conformista al más exigente.

Besos similares a una hoja en blanco, fuegos artificiales en una fiesta sin santo. Caricias que son huellas en el agua, humo en el huracán. Dos nubes de tormenta, que se diluyen al amainar la lluvia. Dos sombras que se pierden en el reino de penumbras.

Ni siquiera intercambiamos las promesas que no buscan ser cumplidas, ¿estando aquí qué caso tendría decirnos mentiras?

No nos damos completos nuestros nombres, y tampoco importa quién se irá primero.

Nadie pide nada para evitar que esto signifique algo. Sólo tratamos de llenar momentáneamente nuestros vacíos arrastrados.

El reloj indica el inicio de la jornada, tiempo de separarnos con cortesía prefabricada.

Mañana seremos un bosquejo de recuerdo, hoy un ligero sabor de quedar satisfechos.

Sin saludo ni despedida, sólo el momento por sí mismo; súbitamente encendidos y de repente otra vez fríos.

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