El infierno es aquí

“Yo empecé a cantar desde muy joven”, dijo la celebridad del día (en el día 18 de su reinado como tal, gracias a las listas de popularidad, en indudable deuda con la payola) en una entrevista que le hacían en vivo y en directo durante el programa matutino de gran audiencia, conducido por imbéciles, dirigido a imbéciles y criticado por imbéciles que se toman el tiempo de verlo para hablar pestes de él.

“Tenía dos amigos”, siguió diciendo con una seriedad profesional y tomándose demasiado en serio la fugaz estrella, que entonces estaba en su máximo esplendor, “uno tocaba la guitarra y el otro también…”

“¡Qué interesante!”, interrumpió abruptamente una de las conductoras del programa, esa obra maestra del bisturí y el bótox, prueba viviente de que el silicón en demasía puede afectar irreversiblemente al cerebro.

“¡Así es!”, gritó a su vez con rapidez el conductor galán otoñal al que ya no le ofrecían papeles estelares en las telenovelas de la cadena televisiva, y que encontró refugio en este insulso programa tan popular en las mañanas, que no le exigía nada más que sonreír, asentir y morir poco a poco.

“Sí, pero mejor pongámonos a bailar el polvito”, dijo en voz alta la otra conductora, que era más o menos tan estúpida como la primera, sólo que 23 años más vieja, lo cual la hacía en realidad más estúpida que la primera, embutida en un corto vestido amarillo que contrastaba con su bronceado de cama de rayos ultravioleta e intentando siempre demostrar que ella tenía aún mucha energía, más que cualquiera, y que nunca se cansaba de moverse frenéticamente.

Así fue que todos los presentes se pusieron de pie y a ritmo de una música machacona y repetitiva movieron sus brazos y traseros, sonriendo como tiburones (antes de que se crearan los seres humanos) y coreando una idiotez con excesivas rimas de ‘mar’.

Después de un minuto de moverse como locos, todos volvieron a tomar asiento en la sala del estudio, sofocados, pero poniendo sus caras serias, para continuar con la entrevista.

“Cuéntanos”, dijo con dinamismo y tratando de disimular su sofoco la silicona mayor, producto también del bisturí y la silicona, dirigiéndose a la celebridad del día, invitado de honor esa mañana, “¿cómo y cuándo empezaste tu carrera como cantante?”

“Bueno”, dijo la celebridad del día, aclarando su garganta y dándose la importancia inmensa que entonces creía merecer, “siempre me gustó cantar, desde chiquito, luego conocí a dos amigos, uno tocaba la guitarra, y el otro también…”

“¡Qué interesante!”, interrumpió la conductora más joven, impresionada, abriendo los ojos espectacularmente y haciendo gala de una emoción exagerada.

Y todo se repitió como un mantra maldito del averno de los descerebrados.

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