Nadie se muere de eso

Nadie se muere de soledad.

Nadie deja de respirar porque se siente sin compañía.

A veces se experimenta más el abandono cuando estás en medio de la multitud.

Pero la soledad no termina acabando con la salud.

Nadie se muere por desamor.

No ser amado o sentirse engañado, quizá te haga más frío.

Pero créeme, tu corazón conserva sus latidos.

El amor no es como el aire que respiras, es un accesorio de lujo para sobrellevar la rutina.

Nadie se muere de añoranza.

Porque quien añora y en el pasado centra su esperanza, ya está muerto en vida.

Sufrirá dolores de cuello quien sólo mira hacia el pasado.

Pero no por eso será sepultado.

Nadie se muere por faltas al honor.

A menos que se involucre en un duelo.

Y le toque estar en el lado equivocado de la espada o de la bala.

Fuera de eso, el deshonor no mata.

Lo único que nos mata es la vida misma, ayudada por su compinche llamado tiempo.

Y muchas veces también matan el hambre, la peste, la victoria, la guerra y los impuestos.

Pero nadie se muere realmente por desamor, soledad ni deshonor.

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