Réquiem

La apuesta apestosa en la mesa, demasiado bluff cuando las cartas son muy bajas y no hacen ni remotamente juego. Ni para qué encabronarse. Pero está del carajo aceptar que pierdes, aunque la derrota sea ganancia final.

Pocos saben ser buenos ganadores, pero casi nadie sabe perder. Vil ego.

No mirar bien, la cortedad de vista reduce más la atención que la imbecilidad (y si las juntas en una persona, es un apocalipsis personal). Todo lo que viste y viviste fue falso. No te creas las historias de Pedro y el Pollito, ni viene el lobo, ni se cae el cielo, porque uno viene y el otro se cae, sin aviso: Ya sabes, como el ladrón nocturno que no hace cita para joderte.

Los signos de los tiempos siempre son confusos, pero el que tenga ojos que vea, aunque no hay más ciego que aquel que se niega a ver. (Si no pregúntale al olvidado ciego de Buñuel).

Miss “Q” y el que gusta de leer Star Wars para tener un sentido vital (aprendiz de jodido) simbolizan la asociación difícil de imaginar pero real. Hmm no sé por qué lo negaron tanto.

Caretas de mal teatro, o engaños flojos, pasados de listos, para distraer, que flojera descubrir tal verdad, pero al final todo fue un autoengaño. No se culpe a nadie de tu credulidad.

No se puede tener todo en la vida, aunque valga la pena intentarlo, sólo que ojalá quienes lo intentan lo hicieran sin abusar de otros.

Todo parece un sembradío de cadáveres y pistas falsas, al peor estilo del peor narco.

No entiendo qué se gana al verle la cara a quienes actúan de buena fe, o eso buscan, ni que se gana al actuar de buena fe con quienes se confiesan tan cabrones.

El Marqués baila en una Bastilla en pleno derrumbe, Bastilla sin tomar y antes de que sea tomada.

Tú huyes como Bonnie con el Clyde en turno, lo sé porque yo fui uno, setandos en un banco disfrutando un helado tras robar una institución hipotecaria del corazón.

Un Réquiem suena en la lejanía, ni idea de por quién doblan las campanas estiradas, le preguntaría al honesto Ernesto, pero seguro doblan por ese que se fue, “adelantándose” como dicen los eufemistas racistas, tras descubrir lo que había del otro lado del agujero de una escopeta.

No fui ni el mejor, ni lo peor, pero esas hirientes comparaciones… siempre han estado de más.

Te gustaba golpear donde más duele hasta que el sparring ya no pudo soportar más dolor.

A veces es mejor agarrar las maletas y largarse, pero cuando se hace eso, se debe hacer de verdad. Tanto regreso termina en juego y en falta de credibilidad. Las puertas no deben dejarse entreabiertas cuando se toma una ‘decisión final’. Pésima costumbre esa de terminar para volver a cada rato, las amenazas de despedida, entre más son, mayor ridículo inspiran.

No hay que volver si no tiene caso regresar, porque así sólo se logra ofender y terminar muy mal. El cadáver dista mucho de ser exquisito y está carcomido, tal como lo retrató el viejo Baudelaire sin mencionarlo en las cartas a su mamá.

Que Job se quede con su paciencia.

cap

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s