Un viejo obsequio

En un momento en que el sueño casi doblegaba mi mente, tras dormir muchas horas con el Xanax del videojuego, tomé al azar un libro, que resultó la obra imposible (para mí) de Raymond Chandler. Imposible porque que tras varios intentos renuncié a él; es de esos libros, como el Quijote, como el Bleak House y como otras grandes obras, para los que estoy totalmente negado.

Abriendo sus hojas encontré un separador, justo en las páginas de Spanish blood. Un marcador de piel con el dibujo de un ave multicolor, de predominantes tonos azul cielo del desierto, de trazos folclóricos nativos de una América perdida. Ese separador fue un regalo, lo recuerdo bien, lo que he olvidado es de quién. Es una tira de cuero decorada que sé que me regaló una mujer, seguramente cuando fuimos muy amigos, pero no logro acordarme de cuál amiga (y jamás he tenido tantas) ni en qué momento de mi histérica historia sucedió.

El obsequio no se me dio antes de 2007, porque ese libro seguro que lo compré en Miami. Deduzco que esa persona, conociendo mi afición a la lectura me regaló dicho separador, quizá porque me recordó en algún instante, igual en algún viaje, y quiso a la vez ser recordada cada vez que yo leyera un libro.

Han pasado muchos años, hoy ese libro imposible fue abierto de nuevo, y allí estaba el marcador del ave azul, ese separador obsequiado por alguien que se separo de mí, o yo de ella, y que es ahora una habitante feliz de mi olvido, como yo seguramnte lo soy en el suyo.

El destino es curioso, y los caminos de Dios misteriosos.

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