Renuncia

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Ignoro cuáles sean tus ilusiones, de hecho sin notarlo has borrado las mías. El camino que tenía yo tan seguro terminó en un callejón, de esos que no tienen salida. Dices que quieres estar conmigo, cuando en el fondo no me soportas, ¿por qué se necesita perder algo para entonces realmente valorarlo? Mi memoria es mala, pero mi rencor a veces parece de acero, por esa razón es probable que jamás me dejen cruzar las puertas del cielo. Ojalá no dijera todo lo que pasa por mi mente, ahora sabes porqué de la mesa de juego siempre salgo perdiendo. La responsabilidad es compartida, si es que hay culpable, lo somos quienes estuvimos involucrados. El juez es parte y además comparte todo, excepto la sentencia. Tras el atraco el botín fue dilapidado y como siempre en esos casos sale ganando quien no intervino en la historia. Nadie sabe para quién trabaja…

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La boda que no fue

Mobtomas

Eran las siete de la tarde. A la entrada de la gran Iglesia de inglesa arquitectura estaba un valet parking que bailaba desde las cinco el lago de los cisnes mientras castañeaba con los dientes el cascanueces. Súbitamente el valet perdió la concentración -el paso y el peso de su atolondrado cuerpo- por la brisa que dejó, en su frenética carrera hacia el altar, la novia ciega, conocida como ‘la novia que no veía’, y que realmente jamás vio llegar a su prometido, porque él, a las siete de esa tarde, se encontraba muy lejos, en altamar, buscando alguna ballena que fuera vacía. “Leven anclas”, decía el marinero prometido que nada tenía de cumplido, “leven anclas”, y su grumete, un mozalbete regordete, comía anclas de rana, sacadas de ranacerontes, de esos que abundaban cuando el Sáhara era un gran océano y de los que ahora sólo nos quédan fósiles difíciles…

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Las redes antisociales

Mobtomas

En un café de la colonia Condesa (condenada a un perpetuo tránsito vehicular). Ella, ante su mesa, parecía interesada en la plática. Al menos eso intentaba mostrar con su rostro. Él, su acompañante, maestro, pero no amante, hablaba y hablaba, y era interesante lo que decía, al menos para ella, pues eran las claves para que ella escribiera una tesis impecable. Pero… Discretamente ella miraba de reojo su teléfono rojo (que nada tenía que ver con Mr. President de la blanca casa ni con Batman de la oscura cueva) con una constancia condenable. El teléfono, cuyo timbre había sido deshabilitado “en atención”, y para no interrumpir, al que hablaba, estaba sobre la mesa, junto al florero, no estaba apagado y vibraba a cada momento, cual artilugio de ninfómana crónica. Y ella, con cada vibración del aparatito perdía el hilo del rosario de ideas que él exponía allí en el café…

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Historia de (des)amor

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La morena se puso su mejor conjunto. Negro y blanco combinados con aceptable equilibrio. La ropa le favorecía ocultando los resultados de su holgazanería y desidia, tan patentes en su anatomía. Con maquillaje no sólo ocultó las ‘pequeñas imperfecciones’ de su rostro, sino que también le imprimió a su cara una efímera belleza artificial. La morena, con su falsa belleza y su bien disimulado sobrepeso fue y se sentó frente a una mesa. Sonreía como si tuviera motivos reales para hacerlo, se sentía la presa perfecta que sale de cacería. La morena, en blanco y negro sonreía, disparando coquetas miradas con la intención de disipar de inmediato su agobiante soledad. La morena fue descubierta por un blanco vestido de gris, que estaba a sólo dos mesas de distancia. El blanco no era apuesto ni tenía personalidad. Su interior prometía ser más gris que su saco o su pantalón. Él se…

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Breve teoría de la negatividad

Mobtomas

Sentado en donde no hay tiempo, en un sitio que no ocupa ningún espacio. Esperando a nadie, aguardando nada. Todo es una negativa multiforme. Nada por aquí, nada por allá. Nadie te espera. Ni siquiera existes, y sin embargo dudas que eres. No leas mis mensajes al revés, nada es concreto, ni siquiera lo que ves.

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Vals

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No me toquen ese vals
Porque es una melodía triste de añoranza
O bueno, sí tóquenlo porque a pesar de su melancolía me trae buenos recuerdos:
Porque de Tom y Jerry recuerdo mucho a Strauss
Porque de Cruise y Kidman recuerdo a Kubrik
Porque de Calamaro y Bunbury me acuerdo del OVNI
Porque de Jessica no me olvido del aroma de su pelo
Porque de los valses no me cuesta llevar el ritmo
Porque los bailaban reyes y también vaqueros
Porque ya suenan a música de antaño
Porque ya no se escuchan ni en los XV años
¿Será que al vals le tenemos miedo por ser hipnótico?
¿Será que suena un poco a sufrimiento del hipocondríaco?
La respuesta la tiene el viento o quizá Dios en su cielo, pero sí, por favor toquen el vals que más recuerdo.

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De la quimera mal buscada

Lucrecia de la Cruz -hija ilegítima de Cipriana la Grande- soñaba con fundar una monarquía ilustrada en una apartada isla de Oceanía. Lucrecia estaba harta del machismo generalizado en el mundo civilizado, como se autonombra el bastardo de la accidentada historia occidental, y decidió hacerse justicia por su propia mano. Abajo los muchos machos, abajo también los blandos y los tibios, los ignorantes y los borregos, así como los cultos sin huevos. Hay que cambiar el mundo, pero ya. Urgentemente. Deben imperar la igualdad de garantías, los derechos y la posibilidad de que todos puedan realizar sus sueños.

Puedes ir en contra de la corriente, puedes estar  inconforme  con  el  lado pútrido de  las  cosas,  pero  ¿qué  puedes  hacer  tú realmente  para  cambiarlas todas a la vez?

Muchos  siguen  sin  trabajo,  muchos niños, ancianos e indefensos son maltratados, otros pequeños usados como objetos para satisfacer oscurísimas perversiones. Mientras algunos  tipos  abusan  de  su  poder, otros  envenenan  mentes, pero los más permanecen voluntariamente engañados por falsos amores, falsas promesas, falsas necesidades y falsas seguridades; viendo sólo por ellos mismos,buscando ser guiados por un Gran Hermano. Y los políticos sin escrúpulos, los capitalistas que se aliementan de la explotación felizmente, crean fantasías para las masas, hacen de la cultura y el conocimiento un circo, de la crítica y el pensamiento algo aburrido, todo eso sazonado con buenas dosis de terror y paranoia para tener a la gente bajo un control que más parece barril de pólvora.

Mientas  Lucrecia  de  la  Cruz  continuaba en este mundo de ruido  urdiendo  su  quimera, Cipriana la Grande, tras tras ver a su hija desequilibrada, se quitaba la vida, trastornada y decepcionada, lanzando la masa de su cuerpo por una ventana.

La piedad no está de moda y es casi una obligación  acostumbrarse  a  escuchar  con indiferencia los  lamentos  de  los oprimidos. Algo tan oscuro es difícil de expresar, pero al parecer no es tan difícil de aceptar.

Lucrecia murió ayer, sola, desesperada, ahogada en un océano a la mitad del desierto, sin poder siquiera inicar el cambio total y universal al que aspiraba.

No es posible que una sola persona cambie el mundo, pero quizá si cada persona cambia…