Las redes antisociales

Mobtomas

En un café de la colonia Condesa (condenada a un perpetuo tránsito vehicular). Ella, ante su mesa, parecía interesada en la plática. Al menos eso intentaba mostrar con su rostro. Él, su acompañante, maestro, pero no amante, hablaba y hablaba, y era interesante lo que decía, al menos para ella, pues eran las claves para que ella escribiera una tesis impecable. Pero… Discretamente ella miraba de reojo su teléfono rojo (que nada tenía que ver con Mr. President de la blanca casa ni con Batman de la oscura cueva) con una constancia condenable. El teléfono, cuyo timbre había sido deshabilitado “en atención”, y para no interrumpir, al que hablaba, estaba sobre la mesa, junto al florero, no estaba apagado y vibraba a cada momento, cual artilugio de ninfómana crónica. Y ella, con cada vibración del aparatito perdía el hilo del rosario de ideas que él exponía allí en el café…

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