Bumerán

Mobtomas

Viernes, exactamente a las 8:45 pm. No es una noche estrellada, y tampoco hay árboles. Es una noche en una esquina de la ciudad, allí donde se encuentra ubicada una lujosa tienda de regalos; en una banca de carcomida pintura está sentado un joven llamado Bruno, sobándose la pierna derecha. Es un espectáculo extraño mirarlo en pleno siglo XXI con sus 25 años de edad y vestido como si estuviese viviendo el clímax de la moda de la década de 1970. Bruno mira su reloj y entonces su paciencia termina. Está claro que su amigo Abraham, de 26 años, quien a pesar de su nombre no cuenta siquiera con una gota judía en sus venas, acaba de rebasar los 20 minutos de tolerancia que Bruno otorga a la espera de cualquier persona para que el retraso de ésta sea razonable. Por eso, Bruno se pone de pie y comienza…

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