Me recuerdas a alguien

“Me recuerdas a alguien”, le dijo cuando se conocieron. De hecho, esa reminiscencia había sido el motivo de su primer acercamiento.
Quien la dijo basó en esa frase toda su relación. Quien la escuchó, guardó esas palabras en un rincón de la memoria secundaria.
Quien la dijo quiso hacer los cambios necesarios para acercar a su pareja al original de sus pasiones, a través de sugerencias en apariencia inocentes y casuales. “Deberías dejar de usar esos pantalones”, “Deberías cortarte el cabello así”, “Deberías hacer esto cuano hacemos el amor”.
Quien la escuchó hizo algunos cambios para complacer. “Las relaciones exitosas consisten en ceder y complacer siempre”, había escuchado en algún programa de TV de ‘expertos’ en la materia del amor (todos estos curiosamente abandonados y amargados).
Quien la dijo buscaba un idealización, fantasía, clonación, eco de aquella persona perdida que le había roto el corazón.
Quien la escuchó ofrecía su persona y realidad, constantemente rechazadas.
Cuando el rincón de la memoria sacó de su archivo la frase y la puso en la mira de quien la escuchó, sólo quedaron dos caminos: el alejamiento o la resignación.
Hay gente que prefiere seguir buscando y hay gente que no puede estar sola ni un solo momento.

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