Licuadora

Apostado en el puesto de póstuma observación el apuesto apestoso se apresta al ataque.
La pringada princesa de la prensa oprimida yace dormida con su mayordomo, bajo el domo dominante de un mal modo.
“Aguas con el aguacate”, dijo la aguja aguada a tu cuñada preñada por un piña colada.
Y el político politólogo logra aligerar su logística ilógica largando un beso al preso deprimido.
Nada tiene sentido, todo parece lo mismo.
Las nalgas de alga algo quieren representar, pero no se hacen presentes ni de pasada (el pasado es un tiempo que en realidad no fue mejor).
Pedro Picopiedra no fue discípulo de cualquiera, simplemente era llavero de cancerbero.
La malaya metralla, llena de patrañas, sigue disparando disparates al disipado ocioso rabioso.
Yo puedo seguir revolviendo frases e ideas en mi licuadora mental, nomás para no decirte que te quiero, y que por esto te vayas a cansar. Pero ya me dio pereza continuar, aunque las ganas de seguirte queriendo no se van.

blender

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