Esa gélida mañana

Esa gélida mañana, tu desangelado rostro fue una cosa presente que sólo tenía pasado.

En sueños irrealizables, en ilusiones difusas, promesas no cumplidas desfilaron tus días sin regreso.

Esa gélida mañana te pegó de lleno el invierno, con voz desgastada y secretos que a nadie importan en el ropero.

El tiempo te castigó, como castiga a cualquiera, lo malo es que tú apenas ahora te has dado cuenta.

Ya no hay pretendientes haciendo fila a tus puertas, ya no hay miradas que te devoran a tu paso.

Ahora lamentas no haber aprovechado las cartas ganadoras que tenías a la mano.

Esa gélida mañana te sientas en una banca a esperar la llegada del último tren.

Mientras tus labios agrietados lanzan un beso sin destinatario, el beso que se pierde en el aire.

 

 

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