Cambio constante (verdades y mentiras)

Sólo hay dos tipos de personas: las que mienten y las que dicen la verdad. Eso no significa que una persona sea siempre del mismo tipo, es decir, que la aseveración únicamente es válida en el momento presente en que se expresa. Por ejemplo, yo podría estar diciendo la verdad en este instante, y eso me haría pertenecer al segundo grupo; pero dos horas después podría llamar a mi trabajo para fingirme enfermo con tal de vagar bajo el sol y pasaría a formar entonces parte del primer grupo.

Pero por extraño que parezca, no es tan sencillo definir quién dice la verdad. Quizás cuando me finjo enfermo, podría salir a la luz la mentira tenebrosa si me exigen un comprobante médico. Eso sería sencillo, pero en sí, definir qué es la verdad, es lo complicado. Porque las verdades se dan de acuerdo a la persona y su experiencia (este es el maldito relativismo que nos mantiene a todos en desacuerdo constante, y que a la vez no se ve que tenga solución, la historia me respalda).

Si tomamos en cuenta que cada uno de nosotros es una caricatura en cambio permanente, si gustas llamarlo evolución, pero igual no estaría muy de acuerdo, porque a veces evolucionamos, otras involucionamos y otras, las más, sólo flotamos revueltos en nuestros propios absurdos. Específicamente, las experiencias y el tiempo nos cambian, además de modificar nuestras células, modifican nuestra percepción del mundo y el trato con nuestros equivalentes de especie, cambiando a su vez lo que consideramos verdad. Las Iglesias han tratado de dogmatizar a Dios para de alguna manera controlar esta vertiginosa licuadora de modificaciones, pero sospecho que ese Dios del que hablan, también es parte de lo que cambia, al fin y al cabo todo esto sería Su creación ¿no?

Alguien dijo que nadie atraviesa el mismo río dos veces de la misma forma, y lo dijo tanto por el río (que siempre está fluyendo) como por la persona (que siempre está cambiando).

De ahí que la paz mundial, si no e simpuesta por un dictador todopoderoso que no admite réplicas y busca el bienestar de todos (imponéndolo, porque sinceramente cada humano mira por su propio beneficio, salvo el que llega a estar iluminado… aunque claro, a veces los iluminados se funden como focos baratos), es un quimera utópica irrealizable. ¿Sería ese Dios esperado el que logrará al fin ese aparente imposible? ¿Será el mesías prometido? ¿Y si se cansan, regresaremos a lo mismo?

Por todos estos cambios, es ocioso prometer cosas “para siempre” (específicamente me refiero al amor), porque nada es más seguro que el cambio constante en esta vida itinerante.

Así que no nos queda más que esperar el Juicio Final, pero mientras tanto yo procuraré seguir queriéndote igual.

jordan

 

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