Tan libre

Ella era del tipo de mujeres libres, así se autoetiquetaba, libre como el aire, como las aves y, a veces, como las olas del mar.

Reía de manera contagiosa, pero hueca y estudiada, decía no tener un objetivo preciso, pero en realidad su finalidad era tener el bolso repleto, es estómago satisfecho, un techo siempre y el futuro asegurado. ¿Quién la puede culpar por eso?

Llamaba la atención, aprendió a hacerlo desde muy temprano, ya con el tiempo era algo que se le daba en automático.

Imán de reflectores, encanto en el ambiente, todos se peleaban por cederle el asiento, con tal de obtener siquiera una tenue sonrisa de parte de ella, como de gratitud obligada. ¿Quén la puede culpar de que se haya acostubrado a todo eso?

El problema fue que insistiese tanto conmigo con eso de la libertad y de no tener un camino. Esa era mi línea, no la suya. Yo lo vivo, ella sólo lo presumía.

El problema fue alentar a mi gemelo, el enemigo interno, que siempre gustó de autoboicotearme. Lo alimentó, lo engrandeció, hasta que fue imposible controlar la situación. Alguien se tuvo que ahogar en el mar.

Y ella va, como la nave de Fellini, acumulando éxitos en los umbrales de su otoño. Yo de nuevo feliz en mi extravío, de extraviado pingüino estepario, contento de que en la lejanía de su cercania le esté yendo a ella bien.

La moraleja es que no se recomienda pretender ser otra persona con tal de agradar a un cangrejo, ni tratar de ir hacia el frente cuando el futuro relativo corre hacia atrás.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s