Éxito

Se acerca desgarbado, dando tumbos con su anatomía de tambo y sonido de tambor relleno de tejido adiposo. La suya es una panza descomunal como la que yo empiezo a formarme a finales de los 30 (que quizá alcance la descomunalidad a mis 45*), pero él no tiene ni 20. Exceso de McDonald’s y mierdas similares, mezcladas con horas de videojuegos. Sus únicos músculos fuertes son los de sus ojos y sus dedos pulgares. Lleva el pelo atado en una larga trenza solidificada y tiesa por la grasa y la mugre, el fijador perfecto. En las manos no lleva un libro (todo lo que lee debe estar en una pantalla), sino un disco, su premio por triunfar en un campeonato de videojuegos. Aborda el colectivo cuyos amortiguadores resienten el peso del campeón cilindroide de los juegos de video, si las cosas hablaran, el colectivo seguro lo insultaba. El campeón del mundo virtual mira con cierta envidia los anuncios que afean las calles, soñando con ser uno de los musculosos o flacos modelos andróginos que aparecen en ellos anunciando finas fragancias o ropa interior.
Yo alguna vez soñé con ser escritor y terminé traduciendo (no me autoinsulto, pero sí hay algo de diferencia, conste que Cortázar fue traductor, lo mismo que Baudelaire). No puedo evitar preguntarme en qué acabará el campeón hipopotámico. Quizá sea un gerente de restaurante de comida rápida (tapando más sus arterias entre comidas) o desempeñando el mismo puesto en una tienda de videojuegos (jugando y jugando en lo que llega un cliente, y jugano más cuando los clientes estén allí). Quizá se convierta en repartidor de pizzas, pero si no baja de peso correrá el riesgo de tragarse la motonta como si se tratara de un supositorio). Igual y tiene suerte y se saca la lotería, pero seguro se compraría todas las consolas habidas y por haber, para encontrar consuelo existencial en ellas, y adiós dinro en una sola sentada. Es probable que termine como lector de noticias en un noticiario matutino. Bueno, si es que se hace la liposucción. Quizá el fulano acabe en la misma cola de desempleados que yo, mendigando un trabajo que nos permita ganar nuestro pan de cada día. Aunque como es la vida y como están las cosas, el panzón será quizá un gran neoliberal que nos tendrá agarrados de las bolas a todos, al estilo de Bill Gates o bodrios de esa calaña. No es melancolía ni ardor, es la realidad.
Oct-2004
*Nota de actualización. Hoy en día ya tengo 48, y no, mi panza no es ni la mitad que la de aqu{el joven de 20 años, y mira que es una gran panza la mía.
ck

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