Intentando olvidar

Era un camello en forma de flama, o una llama en forma de camello, lo cual puede no ser igual en lo absoluto, pero probablemente lo sea en lo relativo. Relatividad no es lo mismo que relativismo, en lo primero tiene que ver Einstein, lo segundo fue una confusión de los fabulosos 20. Pero, retomando la trama de mis ideas primigenias, que nada tienen de originales, estoy seguro que no era una yema en forma de flama, ni una flema en forma de camello.

El medio día era caluroso, lo recuerdo bien, pues trataba de olvidar la cara, la figura y el corazón de alguien. La publicidad se apoderaba de las bardas y los muros que el grafiti había perdonado. Los policías que comían lentamente su paupérrima comida rápida devoraban con los ojos a las elegantes oficinistas que pasaban por allí. Jala más un buen escote o un buen movimiento de caderas que una trecena de tractores espartanos conducidos por espantapájaros desparpajados.

Yo sólo quería olvidar y escapar de los horarios establecidos y del recuerdo de alguien. El pentagrama de alto voltaje cambiaba sus notas de aves perezosas, mientras cruzaba por la calle la licenciada Pérez Sosa, presuntuosa, mostrando a su amiga Érica Karina Lorca Calderón (doble escatología oficial en su acta de nacimiento) un collar de perlas de ostras destrozadas en forma de avestruz. Los restos de una paleta de caramelo habían sido abandonados sin ceremonia ni funeral en la dura acera que nunca es de metal.

Como de costumbre, ni en los diarios ni en la TV se anunciaba que una reina de belleza hubiera perdido su encanto a causa de la acumulación de años (no es noticia, porque eso sucede todos los días). Lo único que yo había podido olvidar para entonces era la hora. Ahora ya no sabía si tenía que retomar los horarios fijos o empezar a  buscar en las vacantes de los clasificados, para ver si encontraba un nuevo trabajo en el que fuera adecuado.

Si yo fuera un gato nada de esto me preocuparía, me la pasaría todo el día tumbado y quizás de vez en cuando levantaría un auto para cambiarle los neumáticos. Tengo que aceptar que no recuerdo cómo olvidar. Ante mi infructuosa labor sin fruta seca, tengo que hacerme a la idea de mi retorno. Reiniciar mi labor y aceptar que sigo enamorado.

Junio 2002

paleta

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