El lugar de las cosas perdidas

Debe existir un lugar donde se encuentran todas las llamadas que no fueron contestadas, las bellas flores que no se entregaron y las promesas incumplidas.

Un sitio donde habitan las cartas de amor y las aclaratorias que no contaron con el apoyo del valor para ser enviadas, así como las palabras que fueron contenidas a pesar de que debieron ser expresadas.

Allí están los ruegos y los perdones que el orgullo se tragó enteritos, mezclados con toda la comida despreciada en los banquetes; los sueños de grandeza que fueron sustituidos por la pesada mediocridad en mucha gente y están también todos los calcetines divorciados.

Seguro llegaron hasta ese sitio todas lágrimas de madre que ningún hijo contempló, así como los libros y las buenas ideas que no fueron plasmados y que la memoria pulverizó hasta convertirlos en granos de arena para relojes.

En ese lugar están las almas de quienes sólo aspiraron a una vida ejemplar, las de la gente “de bien” que “buscaba” al Señor sin intención de encontrarlo, todas ellas encadenadas a las buenas intenciones que pudieron haber sido realizadas.

En ese sitio misterioso están la paz de los judíos, las buenas intenciones de los políticos y la justicia del Mundo. Allí encontraremos la valentía que correspondía a la mayoría de los hombres y mujeres de nuestros días, de cualquier día, también la inocencia de los niños y la virginidad de los pobres y de los ricos, todo revuelto con los fines para los que debieran servir realmente el dinero y el poder.

Allí deben estar seguramente mis ilusiones, porque hoy sólo siento que vivo por un mero acto de costumbre.

cielo

Foto cortesía de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

Semana (el ritmo de mis relaciones)

Lunes, cualquier sonrisa, hasta de prisa, es la carnada perfecta para el anzuelo que se lanza a las quietas lagunas del hastío o la soledad.

Martes, de las bocas salen dulces palabras, besos con sabores novedosos, mientras las manos experimentan caricias que trazan futuros delirantes en el lienzo de la piel.

Miércoles, las ausencias comienzan a producir angustia, las dudas salen de cajitas de pandora, como grotescos payasos impulsados por malignos resortes, y los anhelos adquieren latidos compartidos.

Jueves, las primeras heridas que ocasiona el contacto constante son ignoradas, pero muy pronto son anotadas en la lista invisible del posible rencor o guardadas como ases en las mangas de los sacos venideros.

Viernes, ya somos como dos robinsones amarrados mutuamente por costumbre, a veces con una indiferencia simpática que nos mantiene pegados, esa misma que algunos confunden con el “amor verdadero”.

Sábado, se siente por las venas el temor intenso a reencontrarnos con la soledad. Dominó del tedio y miedo dominante. Ansias de libertad y sueños de independencia.

Domingo, avalancha de reproches, vagones separados en el tren, ecos en el pozo seco, tropezamos con una serpiente que nos hace resbalar hasta la casilla inicial.

Y de nuevo lunes…

Este es el tipo de relación que acostumbran mis sentimientos.

Yo no lo sé de cierto, pero me han dicho que hay seres favorecidos por Aquel que escribe las leyes justas y emite los veredictos eternos, a esos afortunados no se les aplica mi amatoria ruleta y se les da a cambio una coincidencia perfecta.

También he oído de personas que no son quisquillosas o que no quieren pasarse de graciosas con la vida, que se resignan y aprenden a supervivir con lo que ha caído en sus platos, sin remilgos y sin querer explorar más allá de la mesa.

Yo no tengo tan buena estrella ni tan poca curiosidad, mis pies siempre están por los suelos y mis ideas por donde las águilas se atreven. Posiblemente no nací para estar emparejado, ni para empaparme en el mismo río. Posiblemente soy un lío.

No quiero utilizar a nadie y tampoco quiero ser utilizado.

No quiero garantías de acero y tampoco quiero jurar.

No quiero ser tomado demasiado en serio, pero tampoco que jueguen conmigo.

Soy muy limitado, sólo conozco estas relaciones que duran una semana, que tienen siempre ritmos semejantes a los de una marcha o un vals. Admito estar algo cansado de ellas, pero no me preocupo tanto, mientras sean solamente jornadas exclusivas de un mundo efímero, donde las horas pasan y el tiempo pesa.

El que me preocupa es el más allá, ese del que nadie sabe realmente nada, y sólo ruego que por favor allí no sean iguales mis semanas.

cal

Reinicio

No es lo que tienes, sino lo que eres. No es lo que piensas, sino lo que sientes.
Los verdaderos colores no se ven con los ojos, sino con el alma que los usa de ventanas.
No soy una buena persona, lo que pasa es que contigo trato de ser mejor. Pero mejor no intento nada más y trataré de ser quien soy.
El tiempo es relativo, y para muchos no existe. A veces fui yo mismo, pero se que mañana y los subsecuentes amaneceres quizá seré el mismo de ayer.
Tanto quiero preguntarte, mientras que no encuentro las palabras para responderte.
Ojalá no esperes tanto de mí, para no correr el riesgo de defraudarte. Por favor recuerda que no soy más que un hombre.
Igual el día en que salde mis cuentas pueda al fin conocer la verdad. Dejaré de cuestionarte y te trataré con todo respeto, pues es la única manera real para llegar a alguien.
Si me alejo y regreso ojalá me disculpes, es que necesito desesperadamente encontrar la verdad, y dicen que ésta se encuentra allá afuera. Nadie nace sabiendo y echando a perder se aprende. Y no quiero sabiduría a costa de perjudicarte.
A veces siento que la vida es redonda, y uno la comienza de nuevo al llegar al final; sin embargo, el principio nunca suele ser el  mismo.

Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/
Foto de Rocío Pardos, el uso de la imagen fue gentilmente autorizado por su autora. Visita el estupendo blog de Rocío en http://fotografiarocioph.com/

 

Uno de esos días

Sucedió uno de esos días, tal como acontece con todo lo que pasa. Casi de repente, el mago dejó de sorprender y todos supimos que realmente no partía a las damas en dos; también averiguamos de donde salían sus artificiosas flores y el anestesiado conejo sin suerte.

Ese mismo día, todos los psicoanalistas cayeron simultáneamente, como lemmings en documental de Disney, al fondo de los insondables abismos de sus propias personalidades, sin tener ni maldita idea del trayecto hacia abajo, incapaces de encontrar la ruta de regreso a casa y de ver el camino de ladrillo amarillo bajo sus pies.

Algo sucedió entonces con las musas, quienes decidieron limitarse a dar paseos por las internacionales pasarelas de alta costura y por las alcobas de los gobernantes y millonarios, ocasionando que los escritores sólo crearan obras que deleitaban inofensivamente a las masas, pues habían perdido la capacidad de expresar lo que sus corazones trataban de decir.

De vez en cuando, a pesar de que el sol sale y se pone en los mismos puntos carnales, ocurre un día en el que todo deja de salir como se espera. La gente, igual que en una epidemia, deja de soñar y ni las aspiradoras aspiran.

He oído, aunque no me consta, que el mago fracasado se matriculó en la Universidad de Chicago y luego se hizo gurú de economía, desde entonces nadie se percata de que sus trucos salen siempre mal. Los psicólogos se convirtieron en aplaudidos poetas de medios masivos, las musas disfrutan de riqueza hasta que llega su cumpleaños 27, momento a partir del cual todo mundo las considera viejas pasadas de moda y los escritores se posicionan como laureados publicistas u oscareados guionistas de cine.

Quienes dejaron de soñar, curaron su carencia de fantasías con trabajos esclavos y los pies bien plantados en el piso. No sé si son más felices así o sólo se dedican a aparentarlo.

La única ventaja de las épocas como esta, es que uno de esos días llegan a su final y entonces las escobas restablecen su imperio. Imagino que cada quien debe vivir como pueda, mientras pueda.

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